REPORTAJE: EL FIN DE UNA INDUSTRIA LIGADA AL DESARROLLO LOCAL
Un gigante en silencio
Sólo un laboratorio y las oficinas funcionan en la cementera de San Vicente, que ha tenido que adelantar el cese de actividad por la crisis

Uno de los trabajadores de la cementera de San Vicente ya jubilado muestra el interior de la planta / RAFA ARJONES
A.VAQUER
Ya no hay quejas por ruidos ni denuncias por acumulación de polvo. El cese de actividad de la cementera de San Vicente ha calmado los ánimos vecinales. Ahora el gigante dedicado a la producción de cemento está dormido. Se ha jubilado al igual que le ha ocurrido a Miguel Fuentes, trabajador de la fábrica durante 44 años. Este veterano operario conoce al dedillo cada parte de la planta y su historia desde que la materia prima se transportaba en vagonetas colgadas en un cable desde la Serreta. "De ahí que cuando alguien se moría decían que se había ido a contarlas porque desde el cementerio se veía muy bien toda esta operación", recuerda.
Un recorrido por la planta, que llegó a tener 300 empleados, evidencia la magnitud del proceso de producción del cemento. Fuentes muestra un primer escenario similar a una gran carpa de circo que se empleaba para el almacenamiento de la piedra triturada. El material entraba por un agujero en el centro del techo y era removido por unas grandes palas. Ahora sólo queda parte de aquella arena pero la estructura se aprecia, incluso, desde la autovía. "Al principio el material estaba al descubierto pero luego se construyó esta nave para evitar generar más polvo", recuerda Miguel Fuentes.
La materia prima entraba a los molinos de crudo y de allí a los silos y a un granulador, donde se mezclaba con agua. La entrada del calor del horno hacía fundir el material y al final se obtenía el clínker de cemento a 1.400 grados. Después sólo quedaba enfriarlo. "En días de lluvia, muchos vecinos se quejaban de que veía columnas de contaminación saliendo de las chimeneas pero no era polvo. Sólo era vapor de agua. Además los molinos, una de las zonas más ruidosas, también se insonorizaron", añade. Ahora sólo el laboratorio -que vela por la calidad del producto con continuos análisis- y las oficinas siguen funcionando porque dan servicio a la planta que Cemex tiene todavía en Alicante. La empresa no se plantea el futuro de las instalaciones o su posible venta hasta que la coyuntura económica mejore. Lo único claro es que no resucitarán.

Un gigante en silencio

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