Villa Rusia: La huella de la aviación republicana en Sant Joan
El libro «Alas rojas, pájaros negros» desentraña los lazos del municipio con la aviación durante la Guerra Civil a través de la participación activa de algunos de sus vecinos

Reconstrucción de un Tupolev SB-2 «Katiuska» en el aeródromo de La Sénia (Tarragona) / MUSEO DEL AIRE
Ramón Pérez Sala, Rafael y Manuel Juan Poveda o Federico Sala Sevat. Escritos así no dicen nada, pero forman parte de un pequeño grupo de vecinos de Sant Joan d’Alacant que estuvieron vinculados al llamado arma de aviación de la República durante la Guerra Civil. Las funciones que realizaron fueron diversas: piloto, mecánico, metalúrgico, soldado, obrero o conductor.
Ahora, un libro, escrito por el maestro jubilado alicantino José Antonio Pujol Aguado, desvela los lazos del municipio con la aviación durante la Guerra Civil a través de la participación activa de estos vecinos y las consecuencias que sufrieron tras el fin de la contienda, como la cárcel o el exilio.
«Alas rojas, pájaros negros» es el título de la obra, una metáfora que hace referencia a la aviación republicana y a la denominación de los aviones italianos que bombardeaban la zona.

José Antonio Pujol Aguado, con los libros que ha escrito / Jose Navarro
La idea surge tras la exposición que se hizo en el municipio antes de la pandemia, «Villa Rusia», que es el nombre que adoptó el pueblo durante la Guerra Civil. El archivero, Gaspar Belmonte, puso sobre la pista a Pujol y al también escritor Ramón Mañas García de unas fichas clasificatorias de soldados al final de la guerra, que rellenaban y de ahí eran derivados a campos de concentración o a sus casas. «Esa documentación se ha perdido en muchos lugares, pero aquí se habían conservado más de 200 fichas», explica el autor.
Al final consiguieron reunir datos de más de 600 personas, prácticamente la totalidad de los movilizados, de los varones entre 14 o 16 y 45 años, durante dos años de trabajo de investigación en archivos locales, provinciales y nacionales. Así, publicaron el libro «Sant Joan de Alacant, 1931-1939», que engloba todo el periodo republicano, tanto en tiempo de paz como de guerra.
Un patrón común
El libro fue muy bien acogido, ya que cualquier vecino puede encontrar en él a alguien cercano, ya sea familiar o amigo. Hubo varias personas que tenían un patrón común: habían estado en el arma de aviación.
A partir de ahí, Pujol Aguado empezó una investigación, durante un año, que ha reflejado en «Alas rojas, pájaros negros». Consta de tres capítulos, el primero de ellos contextualiza lo que es el arma de aviación, formada por todas las fuerzas y servicios aeronáuticos de la República.

Maqueta de Tupolev SB-2 «Katiuska», bombardero en los que voló Ramón Pérez Sala / MUSEO DEL AIRE
En el segundo episodio se centra en la organización de las Fuerzas Armadas de la República Española en Alicante, con Rabasa como elemento nuclear y a partir de ahí se crea toda una infraestructura. Por ejemplo, en Santa Faz había un taller de diseño de prototipos de aviones o en las cuevas del Canelobre de Busot un taller de motores. Para ello, Pujol Aguado se ha basado en «Historia del aeródromo de La Rabassa» (2015) de Ángel Peña Ligero, publicado por el centro de estudios Sequet però sanet de San Vicente del Raspeig.
Precisamente, uno de los vecinos de Sant Joan, Rafael Juan Poveda, mecánico de aviación, durante un tiempo estuvo al frente de Rabasa, que llegó a emplear a 1.400 personas y se convirtió en la segunda industria provincial.
Quintacolumnistas
Mientras en la fábrica de aviación en Reus se construyeron más de 200 aviones, en la del aeródromo alicantino «apenas fueron dos docenas, lo que ocurre es que es un nido de quintacolumnistas, los propios ingenieros de las fábricas boicoteaban la producción».
El capítulo más novedoso es el último, en el que se centra en las personas que trabajaron en aviación, en concreto en tres vecinos que ilustran tres itinerarios de las consecuencias de la guerra: uno como ejemplo de resiliencia, otro que sufrió la represión extrema y otro que no tuvo más remedio que coger el camino del exilio.
Ramón Pérez Sala, el único piloto del municipio, era un aviador observador de un bombardero katiuska, que son los que «tienen mucha pericia porque van con los planos y dicen en qué momento y trayectoria hay que realizar el disparo».

Ramón Pérez, único piloto de Sant Joan, con el uniforme de aviador / ARCHIVO DE LA FAMILIA DE RAMÓN PÉREZ
Pérez es destinado a un batallón disciplinario de soldados trabajadores en Jerez y en Écija, donde es capaz de adaptarse y sobrevivir a circunstancias adversas hasta que cumple su condena y rehace su vida en Alicante.
Juan Poveda, por su parte, fue condenado a muerte, aunque luego le conmutaron por una pena de 30 años, la más alta de todos los vecinos de Sant Joan. Torturado y en prisión, sufrió el exilio interior y rehizo su vida en Burgos.
Su hermano pequeño, Manuel Juan Poveda, mecánico de aviación, se marchó a Francia tras la guerra, estuvo en un campo de concentración y consiguió salir y marchar a Burdeos, donde Pablo Neruda fletó un barco en dirección a Chile. En el trayecto, conoció a un matrimonio, con cuya hija se casó y juntos, por distintos avatares, acabaron trabajando en la Unión Soviética.
Una finca, hospital
Además de las historias de estos y otros vecinos, el libro deja constancia de la presencia de la aviación en la localidad, como es el caso de la instalación de un hospital para convalecientes de aviación en la finca La Concepción. Acogía una treintena de personas, entre convalecientes y personal sanitario y después sería el centro de mando de las tropas italianas instaladas en la localidad.

La finca La Concepción se destinó a hospital para los militares de aviación / ARCHIVO MUNICIPAL DE SANT JOAN
Junto a esta, las fincas Capucho o San Antonio sirvieron de alojamiento para las tropas de la aviación republicana, dada la cercanía al aeródromo de Rabasa.
Ejemplos que dan muestra de la importancia que tuvo el municipio son que estuvo refugiada la familia del general Miaja, el defensor de Madrid por antonomasia, o que las hijas de Indalecio Prieto y la mujer de Añaza también estuvieran alojadas allí en algún momento.
«El hecho de que pasaran todas estas personas por allí y viesen lo que había propició que en el 38, en plena Guerra Civil, el año en el que se intensifican los bombardeos, se consiguiese hacer la canalización de aguas hasta Sant Joan», resalta.
.«Alas rojas, pájaros negros» se puede consultar, por ahora, en el repositorio institucional de la Universidad de Alicante y tiene una portada provisional a la espera de conseguir subvenciones para una edición en papel. «Lo presenté como proyecto a la Concejalía de Cultura de Sant Joan, pero me contestaron que no había presupuesto», lamenta.
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