Inocencio López se jubila tras 50 años haciendo pan en El Campello
La asociación Sant Josep organiza un homenaje al panadero que por medio siglo ha regentado el horno más antiguo del municipio, el cual continuará activo

Inocencio en plena acción. / Alfonso Vaello
En una fecha tan señalada como la del fin de año, el panadero Inocencio López González, tras medio siglo elaborando hogazas, concluye su tarea en el horno más antiguo de El Campello, la tradicional panadería «Perez Guasch», en funcionamiento desde finales del siglo XIX.
Por tal motivo, la asociación «Sant Josep», que desde hace veinticinco años celebra actos festivos infantiles en conmemoración del «santo varón», le organizó un merecido homenaje, con placa cerámica recordatoria incluida, por su colaboración desinteresada en la «bunyolada» que dicha agrupación ofrece, de forma gratuita, cada 19 de marzo. Reconocimiento que hicieron extensivo a las propietarias del comercio, las hermanas Jerónima y Antonia Pérez, sobrino Rafa y la madre de éste, Concha Blasco.
Xaramita i esmorzaret
El entrañable acto, amenizado por la «xaramita» y el «tabalet» de «Larraix», tuvo lugar la última mañana del año en la calle Elcano, esquina a Santa Teresa 17, donde se ubica el conocido popularmente «forn d’Agostí» y contó con la presencia de medio centenar de personas, que acudieron para mostrar su estima al acreditado hornero en su último día de trabajo y, como premio, degustaron el «esmorzaret» preparado para la ocasión.

Homenajeados y asistentes. / Julià P. Soler
El protagonista, visiblemente emocionado, agradeció las muestras de afecto de parroquianos y familiares, mientras recordaba que, a mediados de los sesenta, con tan sólo 5 años, junto a sus padres y hermanos, llegaron a nuestra localidad procedentes de Gor (Granada), pero enfatizando que se sienten integrados y totalmente campelleros, al tiempo que rememoraba su incorporación al oficio en 1975, dada su «incompatibilidad» con los estudios que cursaba en el colegio Salesiano.
«En esa época la regentaban, en tercera generación, los hermanos Pérez Guasch. Matías, quien fuera mi maestro hornero, Jerónima, que llevaba el despacho de pan y, junto con Antonia, confeccionaba la bollería; y Bartolo, encargado del reparto domiciliario. Y desde mi ingreso, la manera de trabajar ha variado poco a lo largo de todos estos años, pues se sigue amasando diariamente, con el «llevat» –masa madre– dejado del día anterior, del que, a su vez, se guarda una porción para la jornada siguiente; y así sucesivamente», manifiesta Inocencio.

Publicidad de 1952. / Julià P. Soler
Con el nuevo milenio se sustituyó uno de los dos hornos tradicionales de leña y plataforma giratoria, por otro eléctrico de armario, para los bocadillos y panes pequeños. El resto de producción, incluida bollería, se cuece en la tahona principal, a la que, debido al incremento de vecindario foráneo, poco habituado a su «bucólico» olor, los titulares decidieron, en 2021, cambiar los troncos leñosos por la energía eléctrica (…) «sin que ello afecte a la calidad del pan, como tampoco al resto de productos que siempre han caracterizado esta casa, como son las cocas saladas, de «molletes» y de «fregit», así como los exquisitos «rollets morenets» y de anís; mantecados, toñas y las monas de Pascua», asegura con satisfacción el recién jubilado, quien apunta que la mitad de la producción se vende en la tienda y el resto va destinada a los bares y restaurante (…) «aunque esta proporción se desequilibra en verano, cuando los establecimientos consumen tres cuartas partes del género elaborado».
Activa desde el siglo XIX
La histórica panadería, en activo desde finales del siglo XIX, no obstante su secularidad, es la nº 2 de la antigua pedanía del Campello (dependiente de Alicante hasta abril de 1901), pues la primera tahona, el «forn» de Rosa/Jaume, se emplazaba en el carrer Pal y se cerró a principio de los setenta, según recuerda el centenario Rafael Galvañ y confirma J. Ramón Carrillo, último propietario del conocido y extinto horno del mismo nombre, sito en el Carrer Major.

Matías Pérez, a finales de los años sesenta. / Julià P. Soler
El de «Pérez Guasch», ubicado en la arteria primigenia de la localidad –el «camí vell de la Vila»– donde también se localizaban otros dos establecimientos desaparecidos –«Hilario» y «Carrillo»–, el horno primigenio, situado a escasos cien metros de la plaza de la Iglesia, data de mediados de 1880, cuando Rosa Baeza Claver, inició la actividad amasadora que, en 1923, vendió a Matías Pérez Cano y Jerónima Iborra, matrimonio que procedía de La Nucía, según manifiesta su nieta Antonia Pérez Guasch. Su hijo Agustín continuo el negocio, mientras su hermano, Miquel Pérez Iborra, montaba otra panadería en el actual Paseo Marítimo, también activa.
Asegurada la continuación
En 1973 se hace cargo de la empresa la tercera generación y, tras la jubilación, en 1999, de Jerónima Pérez, son los empleados Inocencio López y Ramón Sola, junto al sobrino Rafael Pérez, quienes se hacen cargo de continuar la tarea emprendida hace ciento cuarenta años, pero que, tras un siglo de servicios por parte de la saga Pérez, parecía destinada a extinguirse.
«Hasta hace un par de semanas todo indicaba que se iba a clausurar la centenaria actividad, aseguraba el sr. López González, consecuencia de la falta de relevo generacional, causada por las condiciones tan especiales de nuestra profesión. A las nuevas generaciones no les atrae una faena que se inicia a las 2 de la madrugada y, encima, no ofrece una compensación económica suficiente para sacrificar su ocio. La falta de personal especializado en estos trabajos artesanales aboca a que, en un futuro no muy lejano, desaparezcan los hornos tradicionales y el pan casero, recién horneado y gustoso, dejará paso a las panificadoras industriales, elaboradas con productos procesados perecederos e insípidos», concluye, pesimista, Ino López.
Afortunadamente, el tradicional horneo de pan continuará de inmediato, esperemos que por mucho tiempo, en manos de una nueva empresa proveniente del vecino Benimagrell.
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