La joven profesora y futbolista de El Campello que lo dejó todo para irse de voluntaria a Ghana: "Es una experiencia que te transforma"
Con 23 años, Carla Benavent Lledó se ha marchado seis meses al país africano a dar clases de educación física, en las que utiliza juegos sencillos porque apenas tienen material

Carla Benavent en Ghana y, a la derecha, adolescentes juegan al fútbol en un campo de tierra del país africano / INFORMACIÓN
Carla Benavent Lledó es una joven campellera que ha terminado la carrera de Magisterio. Hasta aquí, solo es una historia más de entre cientos de miles. Además, juega en el equipo femenino de fútbol del Club Deportivo El Campello. Hasta aquí, una historia más entre cientos.
Lo que nos lleva a contar la historia de Carla Benavent es su compromiso humanitario, que la ha impulsado a dar un vuelco a su vida con 23 años y marcharse a más de 3.500 kilómetros de distancia y a once horas de vuelo de su hogar.
Se ha ido a Ghana como voluntaria de SED (Solidaridad, Educación, Desarrollo), una organización no gubernamental española dedicada a la cooperación internacional, la educación y la defensa de los derechos de la infancia.
Allí, en el país de África occidental, esta campellera comprometida con el mundo participa en uno de sus proyectos por el derecho a la educación en Kumasi, una de las ciudades más importantes del país.
Realiza apoyo en actividades docentes de infantil y también deportivas, tanto con los equipos de fútbol de la escuela como con clases de educación física para todos sus cursos de primaria.
Carla explica a INFORMACIÓN que en el colegio Maristas de Alicante, donde estudió, había escuchado hablar del voluntariado y de la ONGD "y era una semilla que siento que fue sembrada hace mucho sin ser yo consciente, cuando mis profesores me contaban experiencias de voluntariado".
Con el paso de los años, fue a la universidad a estudiar Magisterio y cuando estaba cerca de acabar la carrera empezó a dar vueltas a la cabeza sobre el siguiente paso: irse al extranjero a trabajar o prepararse las oposiciones.
Su familia, un ejemplo
Entonces, volvieron los recuerdos del colegio y la idea del voluntariado: "Dar a los demás es algo que siempre he tenido presente, mis abuelos me han enseñado mucho acerca de eso y para mí son mi ejemplo".
Lo que empezó como algo abstracto fue tomando forma con los meses, tras conversaciones con uno de los responsables de SED, hasta la decisión definitiva. "Cada reunión me daba más ganas y se me quitaban todos mis miedos. Evidentemente, algunos días tenía dudas, pero una parte dentro de mí, a la que por suerte siempre escuché, sabía que estaba tomando la decisión correcta y que la vida tenía este nuevo capítulo preparado para mí", asegura.

Carla, a la derecha, con el equipo de fútbol con la equipación que le proporcionó el club campellero / INFORMACIÓN
Vive Kumasi con la comunidad de los hermanos Maristas, dentro del colegio, y su hospitalidad ha sido crucial para su adaptación, ya que la han hecho sentir como en casa "y ellos son como parte de mi familia".
Las mañanas trascurren como una jornada de colegio normal, en las aulas haciendo talleres e impartiendo clases de psicomotricidad. "Mi objetivo es simplemente que jueguen en el exterior, se relacionen, corran y liberen energía porque, como en todo el mundo, la infancia necesita tiempo para jugar y relacionarse con sus iguales y es algo que aquí quizás si veo que se deja más de lado".
No son clases de educación física como en España porque muchos niños no tienen ni ropa de deporte ni ganas. "Intenté buscar la motivación en juegos sencillos, sin apenas material, porque me di cuenta de que no estaban acostumbrados a jugar y casi no conocían ningún juego, ver la evolución de esto ha sido muy bonita a la vez que dura porque yo misma tuve que cambiar el chip para adaptarme a ellos, pero una vez encontramos el equilibrio disfrutan mucho jugando".
El Club Deportivo El Campello, donde ella jugaba, ha aportado su granito de arena y ha donado equipaciones
Por las tardes dedica tiempo a estudiar las oposiciones de maestra y cena pronto, sobre las 18.30 horas, tras lo cual hace videollamadas o ve una serie en español y se va a dormir sobre las nueve de la noche.
Con los alumnos se comunica en inglés, que hablan perfectamente porque es lo que les abre las puertas al mundo y a poder seguir estudiando. Le enseñan algunas palabras en su idioma, twi, y ella de castellano, "pero es muy complicado".

Jóvenes ghaneses en un partido, con la equipación amarilla del Club Deportivo El Campello / INFORMACIÓN
El fútbol, su otra pasión, no lo tiene aparcado. Entrena de 7 a 8 de la mañana -se levanta a las 6- con el equipo de la escuela y algunos viernes de 15 a 17 horas juegan partidos. Hay equipo masculino y femenino, algo que le sorprendió, admite, por prejuicios, "pero me hace muy feliz que ellas también puedan verme como un ejemplo de que pueden jugar al futbol o simplemente hacer aquello que les guste".
El fútbol está en cada esquina del colegio, como ocurre en España, pero los medios no son tan fáciles, pese a lo cual se sobreponen. "Si no tienen pelota se la fabrican con papel y fixo y a jugar, a veces me sorprendo de que juegan descalzos, pero para ellos es algo normal e incluso más cómodo".
En esta experiencia de vida ha contado con el apoyo del Club Deportivo El Campello, que ha aportado su granito de arena mediante la donación de equipaciones, contribuyendo así a que el deporte siga siendo una herramienta de unión e ilusión.

Un chaval con una camiseta / INFORMACIÓN
El equipo ha perdido, de momento, a una jugadora, pero siente orgullo y admiración. "Su compromiso, esfuerzo y valores no solo los demuestra defendiendo nuestra camiseta, sino también dando pasos tan valientes y humanos como este", aseveran, sabedores de que será partícipe directa de una experiencia “enriquecedora y llena de aprendizaje”.
En la ciudad ghanesa tienen el hándicap de que el campo es de tierra, con muchas piedras y desnivel, y no hay presupuesto para instalar césped: "Para muchos de ellos y ellas el futbol es una salida en el futuro e intentan hacer lo posible para mejorar, destacar y quizás llegar a vivir de ello para ayudar a su familia; tener un entorno en condiciones para practicarlo es importante".
Siempre encuentras una sonrisa en sus rostros, te comparten lo poco o mucho que tengan y te hacen sentir como en casa
De hecho, los hermanos Maristas ven a veces los partidos de El Campello femenino con ella en el ordenador "y alucinan de que tengamos esos campos y la facilidad para disponer de esas instalaciones".
La experiencia, admite Carla, está siendo "transformadora" y le está cambiando la manera de ver la vida. "Hay días que simplemente tener luz o agua corriente es un motivo por el que dar gracias, estoy aprendiendo a agradecer pequeñas cosas que en mi día a día pasaba por alto", afirma.
El contraste cultural también es algo que impacta y está conociendo muchas situaciones que le hacen reflexionar y darse cuenta "de la suerte que tenemos por haber nacido donde lo hemos hecho".
Momentos duros
Ha pasado por momentos duros, como estar un día ingresada en el hospital o recibir noticias que le hacían desear estar en su casa; también echa de menos a su gente (abuelos, padres, amistades, equipo), pero pone todo en una balanza y está firmemente convencida de que merece la pena: "La vida me ha dado esta oportunidad y la vivo al máximo, tengo la suerte de tener un billete de vuelta a casa, a mi vida, a mis comodidades, mientras que ellos y ellas viven en esta realidad y aun con todo ello me están enseñando a mirar la vida con los ojos de la felicidad y el agradecimiento".
De hecho, destaca, el cariño "que te cogen y que les coges, aquí siempre encuentras una sonrisa en sus rostros, te comparten lo poco o mucho que tengan y te hacen sentir como en casa".
Carla llegó en enero y va a estar en Ghana seis meses, hasta principios de julio, pero el lugar ha quedado prendido en su corazón. "Sin duda, sé que volveré a este lugar, me encantaría poder en un futuro con otros voluntarios en verano, creo que vivir la experiencia en grupo también es algo muy enriquecedor".
Una ong con cientos de socios y colaboradores
SED es una organización no gubernamental basada en la solidaridad, la educación y el desarrollo. Tiene actualmente 300 socios, 1.600 colaboradores y 200 voluntarios repartidos por 14 países del mundo.
Desarrolla proyectos de educación,producción, agricultura e infraestructuras, salud, empoderamiento de mujeres, participación, democracia y defensa de derechos humanos, educación para la transformación social, sensibilización y/o movilización, además de acción humanitaria y de emergencias.
La ONG entiende el desarrollo como la ampliación de capacidades y de oportunidades de las personas para poder tomar decisiones en libertad sobre su vida en un contexto de paz, equidad y justicia social, y actúa bajo un enfoque basado en derechos humanos y perspectiva de género.
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