El cole de Alcoy que salva a las especies autóctonas, limpia el monte y restaura el patrimonio

Los alumnos de 5º de primaria del San Roque realizan un proyecto de aprendizaje-servicio en la Sierra de Mariola basado en la vida de Miguel Hernández | Su tutor se muestra sorprendido por los resultados y reconoce que han superado "todas las expectativas"

Tres alumnos leen en la Sierra de Mariola en una de las excursiones.

Tres alumnos leen en la Sierra de Mariola en una de las excursiones. / INFORMACIÓN

Alberto Losa

Alberto Losa

Limpiar 122 kilómetros de parque, recaudar 5.900 euros para arreglar la campana del Santuario de Agres, llevar 140 litros de aceite ecológico a familias que lo necesitan, instalar una incubadora de gallinas autóctonas y financiar la compra de dos ovejas guirras a un pastor local. Esos son los cinco hitos que, aunque parezca increíble, han conseguido llevar a cabo los alumnos de 5º de primaria del colegio San Roque de Alcoy, en un proyecto escolar que han denominado "SOS Mariola".

Su tutor, Paco Pascual, ha explicado que todo parte de un proyecto de aprendizaje-servicio, una filosofía de trabajo que consiste en trabajar lo que la ley obliga pero aplicándolo a la sociedad. "Los niños descubrieron que la Sierra de Mariola tiene cuatro problemas: uno de naturaleza, otro de patrimonio, un tercero relacionado con las personas y uno de sus animales". Todos ellos, ha indicado Pascual, vertebrados por la vida de Miguel Hernández, del que leyeron en clase su poema Aceituneros, Andaluces de Jaén.

"La valoración es superpositiva. Es una generación que no va a la montaña y que viene de un confinamiento", indica su tutor

El primer problema, el de la naturaleza, decidieron resolverlo andando. Los alumnos junto a su tutor descubrieron que el parque natural de la Sierra de Mariola estaba lleno de basura. ¿La solución? Recorrer a pie y limpiar 122 kilómetros del parque en cinco excursiones. Una actividad que costó mucho esfuerzo: "No estábamos acostumbrados a caminar tanto, pero el resultado valió la pena", ha apuntado Pascual. Durante las excursiones, aprovecharon para realizar rutas literarias muy variadas, sobre el miedo, las costumbres o las tradiciones populares.

Un problema dio con otro, y es que en una de las salidas, los alumnos detectaron que una campana antigua del santuario de Agres estaba rota. La solución, sin embargo, parecía imposible: la reparación costaba 5.900 euros. Los alumnos se pusieron manos a la obra y vender material solidario para recaudar el dinero y poder mandar la campana a Santander para fundirla y volver a hacerla. El objetivo se ha conseguido. La campana está en Santander y se inaugurará el día de las Fiestas Patronales.

Una alumna muestra la campana del santuario de Agres.

Una alumna muestra la campana del santuario de Agres. / INFORMACIÓN

El proyecto, que comenzó en octubre de este curso y ha finalizado en mayo, tenía aún más retos. Uno de ellos era el de ayudar a las personas que viven en Mariola. El economato de Cáritas en Bañeres de Mariola necesitaba aceite de oliva para poder repartirlo a las familias que lo necesitaban. Siguiendo la obra de Miguel Hernández, los alumnos aprendieron a varear olivos, recolectaron aceitunas y aprendieron también a elaborar aceite ecológico. Como resultado, 140 litros que pudieron entregar a Cáritas.

El círculo estaba casi completo, pero a los alumnos les quedaba pendiente un reto: ayudar a los animales. Jesús, el pastor del último rebaño de ovejas guirras de Agres, tenía un problema de consanguineidad en su rebaño, todas las ovejas eran de la misma familia. Los alumnos decidieron poner en marcha una campaña de venta de carpetas de cartón reciclado y consiguieron financiar la compra de dos ovejas guirras a otro pastor, que le pudieron entregar a Jesús para que su rebaño continuara reproduciéndose.

Varios alumnos varean un olivo.

Varios alumnos varean un olivo. / INFORMACIÓN

Los alumnos, entonces, descubrieron otro problema en Mariola, la desaparición de la gallina alicantina, una raza prácticamente extinguida. Según Pascual, un chico de Monóvar se ofreció a entregarles 15 huevos fecundados. Los alumnos los cuidaron y 12 de ellos han nacido. Ahora, el colegio tiene un gallinero y se ha convertido en un centro reproductor de esta especie.

"El maestro se limita a ser guía, los alumnos son los protagonistas. Y todo se consigue trabajando lo que obliga la ley", apunta Paco Pascual

La valoración de su tutor es "superpositiva" y añade que "se han superado todas las expectativas". Pascual apunta: "Es una generación que no va a la montaña y que viene de un confinamiento. No pensaba que fuéramos a superar las expectativas". Además, remarca que lo más importante es que "los niños están muy orgullosos, han aprendido muchísimo".

Pascual, además, explica que ya no entiende la educación de otra manera: "El maestro se limita a ser guía, los alumnos son los protagonistas. Y todo se consigue trabajando lo que obliga la ley". Además, el tutor señala que los alumnos están cambiados: "Ahora ya no es que piensen en no ensuciar la montaña cuando van, piensan en dejarla mejor que como llegaron".

Sin embargo, reconoce que, al principio, el proyecto le generaba vértigo: "Tenía algo de miedo porque era un proyecto muy largo. Comenzamos en octubre y acabamos en mayo. Cuando iba tan bien le pusimos el nombre de SOS Mariola".

Ahora, Pascual espera que puedan conseguir llegar a otros centros en el resto de España e incluso en Latinoamérica, y que adopten proyectos como SOS Mariola en su forma de trabajar.

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