Montañas sin barreras en Alcoy
La Associació Comtat-Alcoià Fent Camí acerca la naturaleza a aquellas personas que por su discapacidad física no pueden adentrarse en ella
Mensualmente suben a un par de usuarios a una silla especial para realizar las marchas

Pilar Cortés / Juani Ruz
«Es una actividad que a ellos les da vida, mi hijo cada vez que ve la silla se pone muy contento». Así relata el padre de Alfredo Martínez, un joven con diversidad funcional, como vive este cada excursión por la naturaleza. La Associació Comtat-Alcoià Fent Camí nace a partir de una necesidad: acercar la montaña a aquellas personas que, por su discapacidad física, no pueden acceder directamente a ella. Lo hacen gracias a las sillas joellete, que con una sola rueda permiten a cualquier persona con movilidad reducida o con minusvalía practicar senderismo o participar en carreras. Para ello, se necesita la ayuda de al menos ocho acompañantes, para poder hacer turnos.
En la historia que contamos, los acompañantes son los voluntarios de la Associació Comtat-Alcoià Fent Camí que desde hace un par de años llevan realizando esta labor en la provincia y fuera de ella. Por ahora, han conquistado el Montcabrer, la Penya Migjorn, la Serreta y la Font Roja, además de otras rutas. Indican que la idea es ir «poco a poco» sumando retos hasta llegar incluso al Puig Campana, el segundo pico más alto de la provincia, por detrás de Aitana.
El voluntario Héctor Bonet cuenta que fue en 2018 la primera vez que vieron estas sillas, en una carrera en Petrer. Fue en ese momento cuando surgió la idea de fundar una asociación en la zona de l’Alcoià-El Comtat. La iniciativa se enfocó primer a los centros educativos, pero rápido el boca a boca dejó que también se pudiesen unir particulares. «Se nos acercaba gente y nos comentaba que tenía un hermano con diversidad funcional y quería probar a darle una paseo por la montaña», comenta Bonet.
La asociación tiene en este momento dos sillas, fruto de los donativos de algunas asociaciones. Actualmente, intentan salir mínimo dos veces al mes. Aunque aseguran que a demanda es mayor. «Hay un compromiso, si te apuntas a una salida tienes que venir», explica el voluntario, que también sostiene que «en asfalto cuatro personas pueden llevar la silla, pero en montaña al menos tienen que ser de 8 a 12». Así, revela que para portar dos sillas al menos tienen que ir de 20 a 24 personas, según las características de la ruta.

Montañas accesibles / Juani Ruz
«Al principio nos daba una emoción tan grande que llorábamos. Cada usuario es una experiencia distinta», confiesa Héctor a la vez que sostiene que «hay personas que no lo pueden expresar, pero las familias nos cuentan que al llegar a casa están muy alegres. Otros nos lo dicen por señas o lenguaje de signos, cada uno con su forma de expresarse».
Verónica Serrano pertenece a la asociación y es madre de Pau, un joven de 21 años que es «gran dependiente». Serrano detalla que hace algo más de un año Pau hizo la primera excursión en silla joellete, era la primera vez que salía a la montaña desde que era pequeño: «Para mí fue algo muy emotivo, ver que hay gente solidaria que dedica su tiempo libre de fin de semana a ayudar a chavales y personas mayores con discapacidad y enfermedades para que puedan disfrutar de la montaña...» y reconoce que «la recompensa en mutua, para nosotros que somos padres es lo más grande. Ellos disfrutan, están contentos, relajados».
«La recompensa en mutua, para nosotros que somos padres es lo más grande»
La voluntaria recalca que con este tipo de actividad se da visibilidad a las asociaciones que se dedican «a cumplir los sueños de estas personas» y hace una reflexión: «Cuando no se sufre ningún tipo de discapacidad ves totalmente normal subir a la montaña, pero hacer esto en una silla de ruedas es imposible». A Sergio Cortés, otro de los voluntarios de Fent Camí, la asociación «le ayudó muchísimo» en un momento crítico de su vida: «La experiencia tienes que vivirla, el estar haciendo una actividad que te apasiona como es estar en la montaña y, a la vez, poder compartirla con una persona que no podría hacerlo sin que estuviese todo el equipo… es gratificante».
Mari Paz Server fue una de las protagonistas de la última salida. La mujer padece parálisis cerebral. «Hicimos una carrera y me gustó mucho, me lo pasé bien. Salir a la montaña me gusta porque veo el paisaje, el agua, los árboles, los pajaritos. Llevo saliendo con la asociación desde hace poco, pero quiero seguir. Hoy he pasado un poco de miedo porque el caminito era pequeño y era mucha bajada y subida», confiesa ella misma riéndose.
«Hicimos una carrera y me gustó mucho, me lo pasé bien»
Adolfo Martínez también participó en la última excursión. Su padre, de nombre también Adolfo, cuenta como fue su primera experiencia sobre una silla joellete: «Adolfo no habla y me preguntaron como íbamos a saber que estaba contento, yo les dije que no se preocupasen que cuando lo montasen en la silla lo comprobarían». Tanto le gustan este tipo de excursiones a Adolfo que cuando se terminan nunca se quiere bajar de este asiento: «Él se lo pasa genial, cuando más fuerte es la actividad y más desnivel tiene mejor se lo pasa».
En definitiva, una actividad que juega un papel fundamental en la vida de un gran número de personas y que, para poder seguir desarrollándose necesita de más recursos humanos y económicos, según afirma la asociación.
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