Despoblación
La provincia vaciada se topa con otro problema: imposible hallar viviendas libres en los pueblos pequeños de Alicante
Municipios del interior tramitan cambios urbanísticos para construir nuevas casas debido a que carecen de oferta, ya que con el covid se vendió todo lo que estaba en buenas condiciones

Juani Ruz
Son víctimas de la despoblación del mundo rural, pero también padecen el problema de la emergencia habitacional. El parque de viviendas de los pueblos pequeños del interior de Alicante es muy antiguo y requiere en muchos casos de fuertes inversiones para poder entrar a vivir. Y cuentan con planeamientos urbanísticos desfasados, elaborados en el siglo pasado que no atienden a las necesidades actuales.
Las nuevas tecnologías permiten dar una nueva vida a estas localidades, con fenómenos como el teletrabajo, que facilitan una mejor calidad de vida en forma de tranquilidad en localidades alejadas del estrés de las urbes. Pero esta demanda no se puede atender debido a la falta de oferta. No hay casas disponibles. Las que hay son segundas residencias o requieren costosas reformas.

Un vivienda en mal estado en fase de reforma en Quatretondeta / Juani Ruz
Así, encontrar una casa para comprar o alquilar no es solo una aventura en las grandes ciudades. Con la pandemia del covid las pocas casas en condiciones de habitabilidad que había en muchos pueblos que no pasan de unos cientos de habitantes se vendieron.
Y ahora ven como no pueden atender el interés de familias por trasladarse a unas localidades que necesitan mantener una población para no perder servicios como el colegio, el bar, el consultorio médico o la farmacia. Necesitan habitantes para seguir vivas.
La gran antigüedad del parque habitacional hace que lo que hay disponible requiera de costosas reformas
Por ello los pequeños municipios tramitan revisiones o un nuevo Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) para atender esta demanda, pero se encuentran también con un camino muy largo y tortuoso.
Ubicuidad digital
Raúl Ruiz, catedrático de Sociología de la UA, explica que “la tensión en el área metropolitana se va extendiendo al interior como una mancha de aceite, por lo que otros municipios también se ven afectados por la falta de vivienda disponible”.

Un vecino de Tollos con un casa al fonde a la venta / Juani Ruz
"El covid ha influenciado, así como la ubicuidad digital, ya que podemos vivir en cualquier sitio, con deficientes vías, pero que nos permiten trasladarnos… el teletrabajo ha favorecido este fenómeno", añade.
El covid ha influenciado, así como la ubicuidad digital, ya que podemos vivir en cualquier sitio... el teletrabajo ha favorecido este fenómeno
Ruiz apunta que "hay una percepción de calidad de vida en núcleos con menos población y próximos a servicios, no solo a una distancia geográfica, sino también a la accesibilidad, ya que hay servicios que se pueden recibir por vía remota", a través de internet.
"La provincia es un territorio codiciado para comprar vivienda y la población extranjera se interesa no solo por la primera línea de playa, sino también por la periferia. Todo se conjuga", expone Ruiz, que añade que esto "afecta en poblaciones con un parque inmobiliario pequeño, escaso, con poco alquiler. Hay escasez de unidades disponibles. Y los precios van subiendo en todos sitios en mayor o menor medida".

Una casa antigua en Tollos / Juani Ruz
"La clave es la ubicuidad digital, una tendencia que no entiende de límites de términos municipales, Y esto también tensiona a la población local, a los jóvenes que buscan vivienda", señala el catedrático, que añade que "la vivienda vacacional también afecta".
Algunos casos
Bolulla (490 habitantes), ubicada en el interior de la Marina Baixa, estudia una revisión del Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) para permitir la construcción de nuevas viviendas en el casco urbano.
La situación es similar en otras tres poblaciones de La Vall de Seta, en El Comtat: Quatretondeta (130) trabaja en una revisión de Plan de Suelo de 1979, Famorca (44 habitantes), la segunda más pequeña en población de la provincia, por detrás de Tollos, lleva ocho años tramitando el nuevo PGOU. Y Fageca (100) cuenta con una delimitación de suelo urbano y lleva 14 meses esperando el visto bueno de la Generalitat para el primer documento en la tramitación de un PGOU…

El alcalde de Famorca, en una imagen de la pasada semana / Juani Ruz
Así, esta historia se repite en muchas pequeñas localidades del interior de la Marina Baixa, Marina Alta o El Comtat. Necesitan suelo urbanizable, pero no para urbanizaciones, sino para dar salida a la demanda de viviendas. Se trata de poder construir un puñado de viviendas, 5, 10 o 15 casas que permitan a nuevas familias asentarse y que garanticen el futuro de los pueblos.
Bolulla
El alcalde de Bolulla, Adrián Martínez, explica que en los últimos años la población ha experimentado un gran crecimiento: “Hemos pasado de 319 habitantes en 2019 a 500 hoy. Con la pandemia se compraron las viviendas que requerían poca reforma, y ahora no tenemos nada, ni para alquiler ni para comprar”.
Por eso, explica que están estudiando "si revisamos el PGOU, no para hacer urbanizaciones fuera, sino algo acorde con el pueblo y con este entorno rural, unifamiliares o con pocas alturas, que no perjudiquen a otros vecinos ni les quitan vistas”.
Con la pandemia se compraron las viviendas que requerían poca reforma, y ahora no tenemos nada. Por eso estamos estudiando si revisamos el PGOU
Así, apunta que “nos harían falta unas 15 casas. Hay 10 viviendas que son inhabitables y en algunos casos piden 80.000 euros cuando hay que tirarla abajo y construirla nueva”.
Además, señala que este mal estado supone también un peligro por el riesgo de algún desprendimiento, sobre todo durante episodios de fuertes vientos como los que se están registrando en las últimas semanas.
Quatretondeta
El primer edil de Quatretondeta, Alejandro Montava, explica que “no tenemos PGOU, sino un Plan Local de Suelo Urbano de 1979. Desde ese año tenemos el mismo suelo y capacidad. Lo que se podía edificar ya que hizo. Y las casas que hay en venta están para demolerlas y construirlas de nuevo, y eso es muy caro. Entonces oferta real no hay en el municipio”.
Así, el Ayuntamiento impulsa con ayuda de la Diputación una revisión de este Plan de Suelo, “que supondría un incremento de entre el 10 y el 20 % del suelo disponible”.
Montava apunta que el covid ha influido para que la oferta haya desaparecido, y aunque señala que hay 10 o 15 viviendas en venta, se ofrecen por precios demasiado elevados por lo que no parece que haya realmente intención de vender.
Del mismo modo señala que necesitarían poder tener una oferta de vivienda pública o contar con ayudas para que el Ayuntamiento pudiera comprar viviendas.
No hay viviendas por 70.000 u 80.000 euros para entrar a vivir. Hay por 30.000 o 40.000 euros, para hacerlas de nuevo
Así, resume en tres los tipos de vivienda que hay en la localidad: las de los residentes todo el año, las segundas residencias que nos se quieren vender ni alquilar, y las que requieren una reforma profunda o derribarlas.
El alcalde apunta que “no hay viviendas por 70.000 u 80.000 euros para entrar a vivir. Hay por 30.000 o 40.000 euros, para hacerlas de nuevo”. Y ha añadido que este problema no viene solo desde el covid, sino que es el estrés del trabajo, que hace que se busque la tranquilidad del mundo rural”.
Fageca
El primer edil de Fageca, Ismael Vidal, apunta que “el problema de la falta de vivienda es recurrente en muchos municipios rurales. Las casas son antiguas, muchas vacías, y faltan incentivos para la rotación de la titularidad. Hay muchas casas que son de herederos sin vínculos con el pueblo y la vivienda está que se cae”.
Hay muchas casas que son de herederos sin vínculos con el pueblo y la vivienda está que se cae
Y señala que “desde la pandemia se ha vendido todo lo que había el buen estado y se alquiló lo que no se vendía, y las cuatro viviendas que quedan en venta no son atractivas porque por ejemplo son tres plantas que suman 350 metros cuadrados y la reforma es muy costosa”.
Y ha manifestado que en los pueblos pequeños “es un problema una reforma porque no hay servicios, tienen que venir los obreros de la ciudad, traer maquinaria pequeña para poder moverse por calles estrechas… y eso aún encarece más la reforma”.
El Ayuntamiento tramita un PGOU, del que carece, pero lleva 14 meses esperando el visto bueno de la Generalitat al Documento de Alcance, primer paso para su elaboración, con una estimación de que en cinco años podrán contar con el Plan General.
Famorca
Por último, el alcalde de Famorca, Vicente Ruiz, ha confirmado que “no hay suelo para construir. Llevamos 8 meses tramitando con la Diputación el PGOU, que ahora está el proceso de exposición". Eso sí, recuerda que el PGOU tampoco dará al Ayuntamiento suelo municipal, por lo que poco pueden hacer.
Hay casas que se venden por 70.000 euros, pero hay que invertir otros 70.000 en reformas, y es un dinero que es difícil que una familia joven pueda afrontar
Ruiz ha apuntado que “hay que construir en el pueblo antes que fuera”, señalando que “el problema es que no se vende ni alquila, y quien vive fuera y tiene aquí una segunda residencia, hace reformas mínimas. Y esa casa, salvo los 15 días de verano, permanece cerrada todo el año”.
El primer edil ha señalado que “con el covid se vendió todo lo que había y lo que queda está fuera de mercado. Por ejemplo hay casas que se venden por 70.000 euros, pero hay que invertir otros 70.000 en reformas, y es un dinero que es difícil que una familia joven pueda afrontar". Y por ese precio global se buscan otras opciones en otros sitios.
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