Cambio Climático
Una nueva herramienta vigila desde el espacio un Mediterráneo en ebullición en Alicante
El Centro de Estudios Ambientales del Mediterráneo lanza una plataforma para monitorizar la disparada temperatura del mar y las olas de calor marinas para mejorar la capacidad de anticipación ante fenómenos extremos como danas u olas de calor

Una masa de aire caliente dispara la temperatura del mar / Pilar Cortés

El mar Mediterráneo vuelve un verano más a ser noticia por el preocupante calentamiento de sus aguas por el cambio climático. Un mar en ebullición, con anomalías estos días de ocho grados por encima de lo normal en algunos puntos, que comporta no solo serios problemas para los ecosistemas marinos, sino que alimenta noches tropicales, olas de calor marinas que tienen efectos en tierra y danas más torrenciales.
Así, la vigilancia del mediterráneo, que se calienta un 20 % más rápido que la media del resto de mares del planeta, es crucial para anticiparse a posibles eventos extremos. Es una de las zonas donde más impacto tiene cambio climático. Y desde hace unos días la comunidad científica y las administraciones públicas cuentan con una potente herramienta para monitorizar su estado.
La idea es facilitar el seguimiento del mar Mediterráneo y mejorar la capacidad de anticipación ante situaciones de riesgo
El Centro de Estudios Ambientales del Mediterráneo (CEAM), dependiente de la Generalitat, acaba de lanzar la plataforma Mediterranean Monitoring System (Medmos).
Samira Khodayar Pardo, coordinadora del Área de Meteorología y Climatología del CEAM que ha desarrollado este portal, ha explicado a INFORMACIÓN que esta nueva plataforma está orientada a la monitorización y vigilancia del mar Mediterráneo, y en esta primera fase se centra en la temperatura superficial del mar, las anomalías térmicas y las olas de calor marinas.
Khodayar, en cuyo equipo de desarrollo ha participado también el investigador Paco Pastor, ha señalado que esta herramienta se ha lanzado ahora tras un año de trabajo. Y “nace a partir de la línea de investigación que venimos desarrollando desde hace años sobre el papel del Mediterráneo en la meteorología regional y en la intensificación de fenómenos extremos”.
Información diaria y contextualizada
Así la científica ha apuntado que “su objetivo es ofrecer información diaria, clara y accesible sobre el estado térmico del Mediterráneo. Permite consultar la temperatura superficial del mar, las anomalías respecto a condiciones habituales y la presencia e intensidad de olas de calor marinas. Además, incorpora información histórica que permite contextualizar lo que está ocurriendo actualmente”.

Submarinistas sobre praderas de posidonia, en el Mediterráneo español / Manu San Félix
De esta forma, “la principal ventaja es que integra en una misma plataforma información actualizada e histórica sobre el Mediterráneo, con una visualización sencilla y orientada tanto a la comunidad científica como a administraciones públicas, medios de comunicación y ciudadanía. La idea es facilitar el seguimiento del mar Mediterráneo y mejorar la capacidad de anticipación ante situaciones de riesgo”.
Focalizado en el Mediterráneo
Khodayar explica que “existen plataformas y productos internacionales de observación oceánica y climática, pero Medmos nace con una vocación específica mediterránea y con una orientación clara hacia la vigilancia, la interpretación y la transferencia del conocimiento climático aplicado. No pretende sustituir a otros sistemas, sino aportar una herramienta focalizada en el Mediterráneo y útil para conectar la información científica con la toma de decisiones”.
Un Mediterráneo muy cálido puede favorecer noches más tropicales, aumentar la humedad disponible en la atmósfera y contribuir a intensificar determinados episodios meteorológicos extremos
Y es que ha destacado que es vital monitorizar el Mare Nostrum, ya que “es un elemento clave de nuestro sistema climático. Cuando el mar está anómalamente cálido, no solo se ven afectados los ecosistemas marinos, sino también la interacción entre el mar y la atmósfera. Un Mediterráneo muy cálido puede favorecer noches más tropicales, aumentar la humedad disponible en la atmósfera y contribuir a intensificar determinados episodios meteorológicos extremos cuando coinciden las condiciones atmosféricas adecuadas”, como fue el caso de la dana de Valencia de 2024.
Y apunta que “estos días estamos observando anomalías muy intensas en el Mediterráneo occidental, superiores a 8 °C en algunas zonas. De hecho, en la visualización de Medmos puede verse cómo la escala de color predefinida se ha quedado corta para representar la intensidad de las anomalías actuales”.
Este portal no es un sistema de predicción meteorológica en sí mismo, sino una herramienta de vigilancia climática y oceanográfica. “Su utilidad está en que permite conocer en tiempo casi real el estado térmico del Mediterráneo: dónde está más caliente de lo habitual, cuánto duran esas anomalías y qué zonas están bajo condiciones de ola de calor marina”, ha señalado.
El CEAM alerta de la preocupante temperatura que alcanza ya el mar, con valores de 27–28 °C, cuando su máximo térmico se alcanza en agosto
Y “esto es importante porque la temperatura del mar es uno de los ingredientes que condiciona la interacción entre el mar y la atmósfera. Un Mediterráneo anómalamente cálido no genera por sí solo una lluvia torrencial, pero cuando se dan condiciones atmosféricas favorables -inestabilidad, entrada de aire frío en altura, convergencia de vientos y mecanismos de ascenso- puede aportar más humedad y energía al sistema y contribuir a que algunos episodios sean más intensos”.

Samira Khodayar, coordinadora del Área de Meteorología y Climatología del CEAM / INFORMACIÓN
Por tanto, “Medmos ayuda a mejorar la vigilancia previa, a contextualizar el riesgo y a interpretar mejor las situaciones de calor extremo, las noches muy cálidas, la humedad elevada, las olas de calor marinas y los posibles episodios de precipitación intensa. La clave está en combinar esta información del mar con la predicción meteorológica”, destaca Khodayar.
Observaciones desde el espacio
La base principal de la información sobre temperatura superficial del mar procede de observaciones satelitales y productos oceanográficos derivados, que permiten disponer de una visión diaria y espacialmente continua del Mediterráneo.
La investigadora explica que “a partir de esos datos se calculan distintos indicadores: temperatura superficial del mar, anomalías respecto a valores climatológicos y detección de olas de calor marinas. Es decir, no se trata solo de mostrar la temperatura actual, sino de compararla con lo que sería esperable para esa fecha y esa zona, y de identificar cuándo se superan umbrales anómalos de forma persistente”.
“La ventaja de este tipo de tecnología es que permite observar el Mediterráneo de forma completa y homogénea, algo que no sería posible únicamente con mediciones puntuales. Las observaciones in situ, como boyas o estaciones costeras, son muy valiosas, pero los satélites permiten ver la estructura espacial del calentamiento y localizar los máximos”.
Evolución en fases posteriores
La coordinadora del Área de Meteorología y Climatología del CEAM ha anunciado que “en los próximos meses, Medmos seguirá creciendo. Además de la monitorización diaria, esta nueva fase incluirá una 'newsletter' trimestral con un análisis de las condiciones del mar Mediterráneo, a la que se podrá suscribir desde la propia web”. Y “posteriormente iremos incluyendo en la herramienta otras variables como nivel del mar o contenido de calor oceánico”.
Ante un verano de récords
La situación que presenta el mar ante el inicio del verano es posible que origine de nuevo récords de noches tropicales y de calor, así como que aumente el riesgo de lluvias torrenciales, después de que el pasado estío fuera el más cálido desde que hay registros.
Y Khodayar apunta a este respecto que “lo que podemos decir con rigor es que llegar a finales de junio con valores de 27–28 °C en la costa valenciana es una situación muy elevada para la época y sitúa al Mediterráneo occidental en una posición de partida preocupante antes del máximo térmico anual, que normalmente se alcanza en agosto”.

La playa del Postiguet de Alicante, cuyas aguas rondan ya los 28 grados / Álex Domínguez
Así, “no podemos afirmar de forma categórica que se batirán récords, porque la evolución dependerá de las condiciones atmosféricas de las próximas semanas: persistencia del calor, viento, nubosidad, mezcla vertical del agua, episodios de afloramiento o cambios en la circulación marina. Pero sí podemos decir que el riesgo de alcanzar valores excepcionalmente altos es elevado si se mantiene un patrón de estabilidad, fuerte radiación y escasa mezcla”.
El agua a 30 grados
Así, "superar los 30 °C en zonas costeras o próximas al litoral levantino es posible en un contexto como este, especialmente en áreas someras o con menor renovación, pero habrá que seguir la evolución diaria. Lo importante no es solo el valor máximo puntual, sino la persistencia del calor marino y la extensión espacial de las anomalías”.
Y es que hay que recordar que un mar muy cálido favorece que las zonas costeras tengan más dificultad para refrescar por la noche. El agua almacena calor durante el día y lo libera lentamente, aumentando además la humedad ambiental. Esto contribuye a noches más pesadas, con mayor sensación de bochorno y menor recuperación térmica en el litoral.
Hay que recordar que Alicante capital alcanzó en 2025 por primera vez las 100 noches tropicales, en las que el mercurio no baja de 20 grados, quedando la marca en 106 noches. Una cifra que podría incluso rebasarse en 2026.
Noches a 25 grados
La científica apunta que “es esperable que las noches tropicales vuelvan a abarcar buena parte del verano en amplias zonas del litoral. También cabe esperar una mayor frecuencia de noches tórridas o ecuatoriales, entendidas como noches en las que la temperatura mínima se mantiene en valores muy elevados, en torno a 25 °C o más, especialmente en áreas urbanas costeras”.
Y ha recordado que “este punto es especialmente relevante para la salud. El problema no es solo el calor diurno, sino la falta de descanso nocturno. Cuando las mínimas son muy altas durante varios días consecutivos, aumenta el estrés térmico acumulado, especialmente en personas mayores, población infantil, personas con enfermedades crónicas, trabajadores expuestos y hogares con menor capacidad de refrigeración”.
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