Medio ambiente
¿Es posible en Alicante un incendio tan veloz como el de Los Gallardos que ha dejado 13 muertos?
Aunque comparten ecosistemas semiáridos, un fuego no sería tan rápido en la provincia al haber una mayor variedad de especies e influencia humana en el terreno por la presencia de cultivos y urbanizaciones

Europa Press

La zona de Almería donde se desató el pasado 9 de julio el trágico incendio de Los Gallardos que ha dejado 13 muertos guarda similitudes con áreas de Alicante. Paisajes semiáridos con baja masa forestal, donde a priori se puede pensar que un fuego no puede generar graves problemas, algo que la realidad ha dejado claro en el caso de Almería que no es así.
Las llamas llegaron a alcanzar una velocidad mortal de 100 metros por minuto que sorprendió a muchos vecinos. ¿Una situación así podría ocurrir en Alicante? Sería difícil, según los expertos. Y todo por dos factores: la influencia humana en el terreno y por una composición más heterogénea de ese ecosistema semiárido.

Una zona de espartal entre Agost y Petrer / INFORMACIÓN
Y es que no todo es espartal y pinar aislado como en Los Gallardos, sino que hay otras especies que hacen que un incendio no se propagara tan rápido como en Almería. Y además hay más zonas de masa forestal, cultivos, infraestructuras, urbanizaciones… Son cortafuegos naturales y artificiales ante un incendio como el de Andalucía que harían que su evolución no fuera tan veloz.
Por otra parte, esa velocidad tan alta de propagación no se alcanzaría en fuegos en zonas de pinar, que sí que son muy extensas en la provincia. Así lo explica el catedrático en Ecología de la UA y experto en incendios forestales, Jaime Baeza, que señala que se desarrollaría de una forma más lenta.

Sara Fernández
Baeza apunta que aunque existen situaciones extrapolables a la provincia de Alicante, “la situación del semiárido de Almería es diferente a la de Alicante”.
Y es que este catedrático advierte de que una de las claves es “la actividad humana presente en las zonas del sur de Alicante, con zonas de cultivo, urbanizaciones, algunas zonas de monte...” que hacen que exista en el medio natural “una gran discontinuidad que dificulta que haya una propagación tan rápida y extensa” como la del incendio de Los Gallardos.
El esparto y el pinar conforman una bomba, pero en Alicante hay una gran discontinuidad que dificulta que haya una propagación tan rápida y extensa de un incendio
Del mismo modo señala que zonas con características similares en Alicante son muy puntuales, además de que en las zonas de solana no hay tanta continuidad de espartales, mientras que ya en las zonas de umbría de las sierras la vegetación es más matorral y las condiciones son otras.
Esparto y pinar aislado
Además, en el trágico suceso de Almería “se trataba sobre todo de esparto muy continuo y pinar aislado, con una baja masa forestal”, mientras que en la zona semiárida de Alicante “no solo hay esparto, sino que hay otras especies como aliaga, romero o coscoja, que no son tan inflamables como el esparto”.
Y es que Baeza destaca la extraordinaria velocidad con que se quema el esparto y salta de copa en copa, ya que “se trata de un matorral fino que arde con mucha facilidad”. El catedrático asegura que “el esparto y el pinar conforman una bomba”.

Juani Ruz
Así, apunta el problema de que, en zonas áridas, matorrales como el esparto en verano, debido al estrés hídrico, propagan con una gran facilidad los incendios, ya que “arde como la pólvora”, a lo que ayuda también si son zonas con pendiente y hay viento.
En el caso a Los Gallardos, Baeza apunta que no se trata de zonas con masas forestales densas, pero su estructura de esparto continuo y pinar aislado hace que el fuego se propague con mucha facilidad, por lo que “no me extraña nada” como se ha desarrollado el incendio de Los Gallardos.
Olas de calor
Eso sí, también ha advertido que la sucesión de olas de calor hacen que cada vez vaya aumentando el riesgo de incendios. Y este año ya llevamos cuatro episodios de temperaturas extraordinarias que están dejando los montes muy secos, por lo que hay que extremar las precauciones para evitar cualquier tipo de negligencia, ya que ha recordado que la inmensa mayoría de fuegos son causados por imprudencias humanas.
Del mismo modo Jorge Olcina, catedrático de Análisis Geográfico Regional y director del Laboratorio de Climatología de la UA, no entra a comparar el incendio de Los Gallardos con zonas de Alicante, ya que eso lo deja para los expertos en fuegos.
Pero sí que ha hecho la reflexión de que “en zonas desérticas, donde no hay casi arbolado y vegetación, es precisamente donde los incendios tienen un alto grado de ignición, ya que es matorral muy seco, muy acostumbrado a la falta de agua, con mucha madera, y eso prende muy rápido”.
En zonas desérticas, donde no hay casi arbolado y vegetación, es precisamente donde los incendios tienen un alto grado de ignición, ya que es matorral muy seco
Así, “estos incendios que se llaman de zonas desérticas prenden rápido, cuestan extinguirlos y a poco que hagan condiciones de viento favorables se extienden con mucha rapidez, ya que es matorral y la velocidad del viento próxima al suelo circula con mucha rapidez”.
CEAM
Por su parte desde el Centro de Estudios Ambientales del Mediterráneo (CEAM) apuntan también a que aunque existen paralelismos entre el paisaje afectado por el incendio de Los Gallardos y algunas zonas secas de la provincia de Alicante, “no puede establecerse una equivalencia directa ni puede decirse con certeza si una zona determinada de Alicante reproduciría el comportamiento observado en Los Gallardos”.
De cualquier forma, recuerdan que “aunque desde la opinión experta en ecología del fuego y restauración de ecosistemas semiáridos del Área de Investigación Forestal de CEAM podríamos estudiar cuáles son los escenarios más probables de regeneración de la vegetación, la valoración concreta de cómo se propagaría el fuego en unas determinadas condiciones (territorio, vegetación y meteorología) corresponde a los especialistas en comportamiento y extinción de incendios”.

Varias plantas de esparto y de pinos en la provincia de Alicante / INFORMACIÓN
Desde esta entidad dependiente de la Generalitat su investigadora Lluna Morcillo explica que “desde el punto de vista de la estructura y composición de la vegetación, ambos territorios presentan paisajes mediterráneos abiertos, con poca cobertura arbórea pero una presencia importante de gramíneas perennes, especies herbáceas y matorral bajo que cumplen también una importante función ecológica y provisión de servicios ecosistemas en estos lugares con escasos recursos”.
Así, en el sureste de Almería son característicos los espartales, una especie que forma grandes macollas separadas por espacios aparentemente desnudos, formando una estructura en mosaico. Sin embargo, estos espacios entre macollas no están vacíos. A menudo están parcialmente ocupados por subarbustos y otras herbáceas perennes y o anuales.
Más heterogéneo
Y en las áreas más secas del sur de Alicante “también encontramos espartales y otras comunidades semiáridas abiertas. No obstante, el paisaje alicantino es muy heterogéneo. Según la precipitación, el tipo de suelo, la orientación y los usos históricos, pueden aparecer lastonares, romerales, tomillares, matorrales con coscoja o lentisco, pinares de pino carrasco, arbolado disperso y antiguos cultivos abandonados o en activo, pero con márgenes cubiertos también por vegetación”.
Por ello, más que hablar genéricamente de sotobosque, en muchas zonas sería más preciso hablar de tipos de mosaicos de espartal, matorral, pastizal seco, arbolado y parcelas agrícolas con diferentes grados de desarrollo vegetal.
Principal diferencia
Morcillo explica que “la principal diferencia entre ambas provincias no está tanto en el tipo de paisaje como en la extensión y predominio de estas formaciones. Los Gallardos se sitúa en un contexto más árido, con amplias superficies relativamente continuas de espartal, albardinal y matorral bajo. En Alicante también existen configuraciones similares, pero suelen alternarse con mayor frecuencia con matorrales más densos, pinares, cultivos, infraestructuras y zonas urbanizadas”.
Y recuerda que “en la prevención de incendios se recomienda habitualmente favorecer paisajes en mosaico, combinando cultivos, pastizales, matorrales, masas arboladas y zonas gestionadas. Esta heterogeneidad reduce la continuidad del combustible, dificulta la propagación y facilitar las labores de extinción”.
No es una garantía absoluta
Eso sí, añade que “un paisaje en mosaico no constituye una garantía absoluta. Bajo condiciones meteorológicas extremas y cuando existe una elevada acumulación de combustible fino seco, las discontinuidades pueden resultar insuficientes para impedir la propagación de incendios con un comportamiento extremo, de gran intensidad y rápido avance”.

Este es el presunto autor del incendio forestal que afectó a la Font Roja de Alcoy / INFORMACIÓN
Y precisamente estamos bajo la cuarta ola de calor y los montes acumulan una gran cantidad de combustible tras acabar la sequía entre 2023 y 2025 con 1,7 millones de pinos en Alicante.
Desde el CEAM explican que “el comportamiento de un incendio depende de numerosos factores: la cantidad, distribución y humedad del combustible fino, vivo y muerto, su continuidad horizontal y vertical, la topografía y, de manera decisiva, el viento, la temperatura y la humedad relativa".
Periodos lluviosos como el de este último año favorecen el crecimiento abundante de vegetación herbácea, "pero que posteriormente se seca durante periodos de poca lluvia y altas temperaturas, ahora ya no solo en verano”.
En Alicante también existen configuraciones similares, pero suelen alternarse con mayor frecuencia con matorrales más densos, pinares, cultivos, infraestructuras y zonas urbanizadas
Y “en esas circunstancias, herbazales y otros combustibles finos pueden conectar parcelas agrícolas y formaciones vegetales que visualmente parecen separadas. Por tanto, una formación abierta o con escasa cobertura arbórea no implica necesariamente una baja capacidad de propagación”.
Así, el Centro de Estudios Ambientales del Mediterráneo han explicado que “hay incendios precedentes que pueden ayudar a entender este tipo de escenarios”, como el acontecido en Hellín (Albacete), que quemó en julio de 2012 5.489 hectáreas, de las cuales buena parte eran espartales y matorral abierto. O el incendio de Torrefeta i Florejacs (Lleida) en julio de 2025, que afectó a 5.577 hectáreas, cerca de 4.000 de ellas agrícolas, y causó la muerte de dos personas.

Sara Fernández García / PI STUDIO
“Ambos incendios se propagaron con gran rapidez bajo condiciones meteorológicas muy adversas. Estos casos muestran que los cultivos y herbazales secos también pueden formar paisajes funcionalmente conectados, aunque la cobertura forestal sea reducida”.
Cambio climático
“En este escenario resulta razonable que la prevención y la planificación de emergencias, bajo el contexto de cambio climático, se aborden desde una perspectiva cada vez más holística e integradora del paisaje, considerando la conectividad entre los paisajes agrícolas, en activo y/o abandonados, pastizales secos o matorrales abiertos, y no se concentren únicamente en las masas forestales densas”, han añadido desde el CEAM.
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