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Aumentan las llamadas de jóvenes al Teléfono de la Esperanza

Afirman que los menores son ahora menos tolerantes con la frustración

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C. R. F.

La edad de las personas que acuden al Teléfono de la Esperanza es cada vez menor debido al que los jóvenes cada vez son menos tolerantes hacia la frustración por la facilidad con la que consiguen todo lo que quieren. Así lo explicó Ángel Madrid Soriano, presidente de la citada ONG en Valencia, durante una conferencia ofrecida recientemente en el Club INFORMACION titulada «La familia: el mayor problema y la mejor solución».

El acto fue presentado por el presidente del Teléfono de la Esperanza en Alicante, Juan Antonio Valverde González, y contó con la presencia del vicepresidente, Juan López Quiñonero.

Ángel Madrid explicó en la charla los contrasentidos que se dan en la familia: «Por un lado, en las estadísticas es la institución más valorada y, sin embargo, está en crisis» debido a la falta de comunicación.

Aunque los modelos de familia van cambiando, «las reglas del juego han de ser las mismas: diálogo y comunicación», manifestó el experto, recalcando que «no hay ningún triunfo social que compense un hogar roto». En este sentido, destacó que la mayoría de los niños que acaban en los tribunales de Menores «vienen de familias desestructuradas».

El Teléfono de la Esperanza -965 13 11 22- tiene por objetivo atender a estas personas que necesitan ser escuchadas, algunas al borde del suicidio. En Alicante se atienden unas dos mil llamadas al año. Sobre el 40% por ciento de los problemas que se plantean son de tipo matrimonial y familiar. También desarrollan talleres de autonomía afectiva, autoestima y reelaboración del duelo, entre otros, además de ensañar a educar a los hijos. «A veces no necesitan que se les compren cosas, sino que se les dé cariño», explica.

Otro problema que se plantea es el haber pasado «del autoritarismo a la permisividad. Ahora es mucho más difícil ser padres porque los jóvenes se nos echan encima y son las madres las que están luchando, pues los padres permanecen ausentes».

Incluso, asegura, padres y profesores llegan a temer a los niños. «Estamos en la sociedad de la violencia y atendemos casos de niños que pegan a sus padres», apunta.

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