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Ildefonso Hernández. Ex director general de Salud Pública

"Es incoherente fomentar la cultura del esfuerzo y después quejarnos porque se limite la velocidad en la carretera"

Ildefonso Hernández utiliza la bicicleta para sus desplazamiento habituales.

Ildefonso Hernández utiliza la bicicleta para sus desplazamiento habituales. / isabel ramón

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Pino Alberola

¿Qué evaluación hace de estos dos meses de aplicación de la Ley Antitabaco?

Hay bastante distancia entre la aplicación real de la ley y las noticias. Toda información que hemos tenido de las comunidades autónoma es que su aplicación está yendo muy bien. En sanidad, no se trata sólo de que dentro de unos años vamos a ver una caída muy significativa de las tasas de cáncer ligados al tabaco, sino que ya este mes ha disminuido la frecuentación hospitalaria por asma, por enfermedad pulmonar obstructiva, por síndromes coronarios... El objetivo de esta ley es evitar que la gente que no quiera esté expuesta al tabaco. No es una ley contra los fumadores, aunque sabemos que leyes de este tipo facilitan que la gente deje de fumar.

¿Es difícil luchar contra la industria tabaquera?

Sí. Te enfrentas a muchos intereses. Aunque estamos contentos porque la norma se ha aprobado casi por unanimidad y ahora hay que continuar luchando por su buena aplicación. Además, estoy convencido de que ésta es una legislación que sólo era posible con un gobierno de izquierdas. No la veía viable con un gobierno que se deje influir más por los intereses de las corporaciones. Los hosteleros deberían aprovechar todos los esfuerzos que están haciendo en quejarse de la ley en ser creativos y decir a la gente que vaya a los bares, que ahora son más saludables. No se sabe qué intereses defienden porque van de la mano de la industria tabaquera. Deberían desembarazarse de esos lazos y fomentar una hostelería de calidad.

Junto a la Ley Antitabaco, gran parte de sus esfuerzos han ido dirigidos a poner en marcha le Ley de Salud Pública. ¿Qué novedades va a traer esta ley?

Hasta ahora, nuestros recursos se han invertido en tener unos cuidados asistenciales de calidad y se ha conseguido. Hay que mantenerlo, pero no hacer más de lo que hay que hacer en este terreno, porque la medicalización excesiva también tiene consecuencias negativas. Las ganancias en salud hay que buscarlas en otro ámbito. Por ejemplo en la lucha contra el tabaco, contra la contaminación, en el diseño urbanístico, en todas las políticas que no son de salud pero que inciden en la salud. Por ejemplo en la política de movilidad, con toda la polémica que está habiendo con la limitación a 110.

¿Tanto puede influir en la salud disminuir 10 kilómetros la velocidad?

Las ganancias en salud pública son de pocos y el total es lo que importa. Por ejemplo, en la lucha contra la obesidad, que sólo el 5% de las personas usaran las escaleras sistemáticamente tendría unos efectos impresionantes. En los colegios donde se han sustituido las máquinas de bebidas azucaradas por agua gratuita el efecto es espectacular. La Ley de Salud Pública trata de introducir los conceptos de equidad y salud en toda las políticas. Se trata de hacer una estrategia que no tiene que ver tanto con medidas de cuidado sanitario como en analizar qué medidas en todos los sectores sirven para la salud. Qué medidas de impuestos en circulación sirven para que la gente haga más ejercicio; qué medidas hay sobre horarios laborales que permiten un arreglo laboral mejor para participar en actividades físicas o tener una vida social más rica. Y es que el entramado social contribuye a amortiguar muchos problemas de salud.

¿Cómo puede influir el diseño de una ciudad en la salud?

El urbanismo extenso al final es ineficiente energéticamente y socialmente, porque se crean distancias muy grandes entre las familias e impide una cohesión social. La gente mayor necesita de un entorno que no tenga muchos obstáculos, ni facilidad para caerse, que favorece el encuentro social. Se trata de que cada vez que alguien tome una decisión en política tenga en cuenta cómo afecta eso a la salud. Por ejemplo, en Barcelona se había medido el impacto en salud de reducir la velocidad a 80 kilómetros y CiU, sin usar estos fundamentos científicos, se carga la medida. Nos hartamos de decir que hay que crear la cultura del esfuerzo y después nos parece un esfuerzo tremendo levantar 10 milímetros el pie del acelerador y tener una vida más sosegada.

Tampoco nos gusta que nos prohiban.

Claro. A los políticos les dicen: "No se mueva mucho porque si se mueve dura usted poco". La inacción debería ser valorada también como política. ¿Cuánta gente se muere cada día en Madrid por no tomar medidas de tráfico? En febrero ha habido muchas muertes e ingresos por la contaminación. Nadie se ha hecho responsable y la única medida fue "si pueden dejen el coche en casa". No hay coraje político.

¿Ha quedado muy desencantado de su etapa de trabajo con los políticos?

Me da miedo de que se pierda la calidad democrática. Es imprescindible una ley de transparencia. No sé por qué no pueden estar los contratos públicos a la vista de todo el mundo. Hace falta además un escrutinio más en profundidad de la política, de cuáles son los motivos por los que se toman las decisiones, las alternativas, los planes. También me preocupa el poco aprecio que se tiene al trabajo de los funcionarios. Se está diciendo que hay que reducir su número y eso en salud pública es muy peligroso. La señora Thatcher adelgazó el estado en cuestiones de seguridad alimentaria y todos nos acordamos de las vacas locas. En cuanto a mis etapas con Bernat Soria y Trinidad Jiménez, los dos han estado siempre muy accesibles.

¿Y respecto a su última etapa con Leire Pajín?

No he tenido la oportunidad de reunirme con ella, por eso prefiero no opinar, porque no tengo elementos de juicio. Me imagino que las agendas son difíciles.

¿Qué le parece la propuesta de Sarkozy de que el PIB mida la felicidad?

Es una buena idea que no ha cuajado. La propuesta es que no se puede valorar el funcionamiento de una sociedad sólo por su PIB. Tenemos que preguntarle a la gente cómo está y si es feliz. Sería necesario tener indicadores que nos dijeran cómo se encuentra la gente para saber cuáles son nuestras políticas. Los indicadores económicos por sí solos no te pueden decir cómo está la sociedad.

La Comunidad Valenciana se está inclinando por modelos de hospitales públicos de gestión privada. ¿Qué opina de esta alternativa?

Tenemos unos hospitales que son los más eficientes de Europa y cualquier cambio hacia estructuras en las que pueda haber negocio me cuesta verlo. En todos los sitios en los que hay pago por acto médico se tiende a medicalizar a la sociedad y realmente no necesitamos eso. Tenemos que hacer que la sociedad esté lo más saludable posible, que necesite el menor número cuidados sanitarios. Cuanto más lejos esté de los hospitales mejor. Por supuesto hay temas como las vacunas, prevención... que hay que seguir haciendo. Pero además, hay que dar las razones de porqué se hacen las cosas y en este tema nunca hemos visto unas razones bien fundamentadas.

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