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Arquitectos de la Universidad califican de maquillaje las últimas actuaciones urbanas

Los profesionales reivindican su papel en el diseño de la ciudad y ven necesaria una mayor implicación de la ciudadanía Reclaman un plan que fije el rumbo del desarrollo urbano y exigen concursos de ideas en todos los proyectos públicos

Amorós, García y Martí debaten sobre la situación urbanística de la ciudad en una de las aulas de Arquitectura de la Universidad.

Amorós, García y Martí debaten sobre la situación urbanística de la ciudad en una de las aulas de Arquitectura de la Universidad. isabel ramón

Las setas de la calle San Francisco, la amalgama de elementos inconexos en el paseo del Puerto y otras actuaciones urbanas llevadas a cabo en la ciudad son, en opinión de arquitectos de la Universidad de Alicante, un «exceso de maquillaje». Como quien cubre su rostro con esa pátina efímera de pintura para mejorar su aspecto o disimular imperfecciones, los expertos creen que en este caso se trata de actuaciones que no resuelven los problemas urbanísticos de fondo que, según afirman, se arrastran desde hace décadas.

Reunidos en un aula de la Universidad de Alicante, tanto los profesores consultados como uno de los alumnos, coinciden al poner soluciones y propuestas sobre la mesa. Hay, según dicen, una cuestión básica: La ciudad necesita tener objetivos claros para su desarrollo. Para ello, proponen elaborar un plan integral que los recoja y en cuya elaboración participen arquitectos y otros expertos dando también voz a los ciudadanos. Y es que una de las principales conclusiones de la charla radicó precisamente en la necesidad de implicar a los ciudadanos en el desarrollo de la ciudad.

Los alumnos de arquitectura no echan balones fuera. Como Francisco Amorós, estudiante del último curso, entienden que debe haber un cambio social y que para conseguirlo «los arquitectos tenemos una responsabilidad». Acto seguido plantea una iniciativa a los profesores que la tarde de antes estuvo esbozando con algunos de sus compañeros durante una tertulia arquitectónica improvisada en un bar: «Los alumnos estamos muy predispuestos a hacer cosas por la ciudad. Si los políticos no quieren contar con nosotros, tenemos que plantearnos que tenemos una responsabilidad y encender la mecha. Podríamos crear un grupo de trabajo para ponernos en contacto con los vecinos y proponerles que cuenten con nosotros. Todavía no sé muy bien cómo, pero nos permitiría unir fuerzas».

Los profesores de Urbanística Sergio García Doménech y Pablo Martí Ciriquian, asintieron y coincidieron en otras cuestiones, como el que las decisiones que afectan a la estética y desarrollo urbano de la ciudad «no pueden ser caprichosas» ni depender de decisiones políticas. Como alternativa, plantean que se promuevan los concursos de ideas para diseñar todos los proyectos públicos que se acometan en la ciudad. «Siempre con un jurado independiente y con minoría de políticos», matiza Martí.

En la conversación se plantearon algunas de las últimas actuaciones urbanísticas llevadas a cabo en la ciudad, como la tematización con setas de la calle San Francisco. Un proyecto que ha despertado muchas críticas pero que, según defienden desde el Ayuntamiento, ha conseguido el propósito que se perseguía de revitalizar la calle.

Los arquitectos reunidos apuntan que la revitalización de las zonas degradadas debe ir acompañada por una puesta en valor del patrimonio y ponen como ejemplo de regeneración la plaza de Gabriel Miró. Allí es donde tiene su sede el Colegio de Arquitectos que preside el también profesor de la Universidad de Alicante, Antonio Maciá, quien participó en el debate. Este último, explica que la instalación de la sede en la plaza fue «el primer paso» para regenerar la zona que años atrás fue un foco de prostitución. «Pusimos la semilla y fueron creándose necesidades, con la apertura de nuevos negocios, más oficinas y restauración. Todo eso atrae gente y hace ciudad», argumenta. Maciá considera que «podrían llevarse a cabo otros modelos, pero siempre y cuando estén regidos por una idea de ciudad».

Al respecto, sostiene que «las decisiones que se toman en Alicante no tienen un criterio claro». Añade que «se llevan a cabo actuaciones de maquillaje que no forman ciudad y que acaban por provocar que ésta pierda su identidad». Unas actuaciones que, según esgrime, son fruto de decisiones «autónomas, puntuales y que no encajan en un orden».

El representante de este colectivo profesional vuelve a poner sobre la mesa su propuesta de crear un plan en el que se reflejen las directrices generales para el desarrollo de la ciudad. Un plan que, según afirma, debería elaborarse «por un equipo multidisciplinar dirigido por un arquitecto».

Todos ellos coinciden en que por su ubicación e historia, Alicante «tiene muchas oportunidades que no se están explotando», en palabras del profesor Martí. Este último considera que el foco para el desarrollo de la ciudad «debe ponerse en el frente litoral». Es por ello que lamenta que los proyectos urbanísticos que se han planteado para mejorarlo, desde la entrada sur de Alicante hasta el Cabo de las Huertas, resultan «poco realistas», lo que «ha impedido que podamos disponer de ellos».

Además de los aspectos meramente urbanísticos, hay otros que afectan directamente a la imagen de la ciudad y de ese frente litoral, como el conglomerado de elementos en el paseo del Puerto, donde confluyen la colorida fachada del casino, un barco antiguo, un tiovivo. «No me gusta, pero no es el mayor de los problemas», apunta García Doménech. El profesor sostiene que la actual situación «es la herencia de muchos años de conflicto en los que la ciudad no ha sabido encontrar su rumbo». En la actualidad, coincide en que «hay un exceso de maquillaje que, además, es muy colorista», por lo que considera que «hace falta más seriedad y elegancia».

El estudiante Francisco Amorós opina igualmente que «lo importante no es el casino o el tíovivo» sino que «el problema es más profundo urbanísticamente». Para explicarlo utiliza un símil: «Es como si operas a un paciente poniéndole maquillaje, nunca se curará». Según Amorós, es preciso un cambio cultural y que las decisiones que afecten a la ciudad se abran a la ciudadanía «y no sean únicamente políticas». Prosigue su argumentación aseverando que «hay cuestiones que no se pueden delegar en los políticos». García Doménech respalda esta teoría: «La labor de un político no es diseñar, pero sí promover la participación y los concursos de ideas».

Este estudiante plantea que ese cambio depende de toda la sociedad y, si bien no comparte algunas actuaciones, considera que pueden tener un valor más allá de la estética. «Si las setas actúan como un detonante de la actitud crítica de la población para que la gente empiece a plantearse qué quiere en su ciudad, la inversión habrá valido la pena», opina.

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