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A Pie de Calle

Chapuzas sin fronteras

Familias sin recursos, ancianos solos y personas con discapacidad reciben la ayuda de «manitas» sin ánimo de lucro, que arreglan los desperfectos en las viviendas de quienes carecen de dinero para pagar las reparaciones domésticas

Las casas a las que acuden suelen estar muy deterioradas. c. escalante

Alicante tiene un tercer mundo invisible dentro de este primer mundo. Personas que tienen un techo pero cuyas vivendas adolecen en su interior de todo o están llenas de roturas, desconchones y humedades. Y ancianos que viven solos, con una escasa pensión y no pueden hacer un mínimo arreglo que mejore su calidad de vida. Sus ángeles se llaman Chapuzas sin Fronteras, un grupo de veintiocho voluntarios alicantinos que acuden a las casas de quienes no pueden permitirse el lujo de arreglar el calentador, reparar un cristal o recolocar una persiana y que lo hacen por ellos. Los voluntarios proceden de Gea, una ONG con varios frentes de ayuda: actividades medioambientales, de búsqueda y rescate de personas y también acción social.

Están en coordinación con la Concejalía de Acción Social cuyos trabajadores sociales detectan cuando alguien vive en condiciones precarias con necesidad de una chapuza que saben que no se pueden costear. Los voluntarios acuden a las casas y no sólo hacen arreglos; su labor posee también un componente de apoyo psicológico que devuelve la esperanza a la persona, «que ve que no está sola, que hay gente dispuesta a ayudarle; se sienten escuchados y saben que pueden contar con nosotros», resume Javier Rodes, el responsable de Gea en Alicante.

«Realizamos trabajos básicos que puede parecer simples, pero que las personas mayores no pueden hacer como cambiar una bombilla, poner un interruptor, reparar un grifo o un calentador que no funciona. Estas personas nunca podrían contratar a un profesional». Y advierte de que «la chapuza es importante, pero lo es más lo que le queda a la persona cuando te vas. Sabe que en el mundo hay solidaridad y gente que hace las cosas sin esperar nada a cambio».

El último trabajo ha sido en la casa de una mujer impedida que vive con su hijo adolescente. El techo se cayó y dejó al descubierto las tejas. Los voluntarios también colocaron un cristal de la cocina que se rompió, repararon una persiana rota, pintaron el pasillo y colocaron una agarradera y un teléfono de ducha. «La señora se lavaba con la ayuda de su hijo sólo con la manguera, en unas condiciones bastante malas», cuenta Rodes.

Los casos que visitan suelen ser extremos y procuran no llevarse a casa las penurias que ven. Esa parte se trata de hecho en el curso de voluntariado que efectúan previamente a empezar a echar una mano. En este empeño hay psicólogos, bomberos, amas de casa, trabajadores sociales, estudiantes, parados, jubilados y entre todos ellos complementan sus conocimientos. Iván Landete es funcionario en San Vicente del Raspeig y voluntario, y confiesa que «al principio no veía eso de hacer chapuzas gratis. Ahora estoy encantado y siento que estoy haciendo lo correcto. La gente es agradecida. Y a mí me ha cambiado la vida».

El primer paso de una chapuza es ir a la casa, detectar las necesidades y luego acudir a Leroy Merlin, que colabora poniendo los materiales, y convocar a los voluntarios. A continuación se inicia el trabajo que suele durar hasta un mes.

«En una casa la mujer gastó lo poco que tenía en una reforma y la engañaron y no le pusieron puntos de luz. En el baño no tenía conexión de agua. Tuvimos que hacerlo nosotros. No tenía grifos. Le arreglamos el inodoro, le pusimos un calentador, sellamos las ventanas y pusimos las bombillas». Este es el caso que más recuerda Javier, por el contraste que sintió al entrar a un piso en pleno centro de Alicante en condiciones de penuria. La satisfacción cuando se marchan de la vivienda solo es comparable a la que sienten los propietarios recibiendo dosis de solidaridad que no esperaban.

«No hace falta ser manitas, hay que querer ayudar. A nuestra labor le da sentido la parte humana», resume en este sentido el responsable de Gea.

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