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El número de mayores de 90 años aumenta en la provincia un 37% en cinco años

Cerca de 400 personas superan los cien años, la cifra más alta nunca registrada

El número de nonagenarios aumenta un 37% en 5 años

Teresa Navarro pasea a diario por la ciudad de Alicante, lee el periódico y ve la televisión. A sus 101 años le gusta comer de todo, beber un vasito de vino cada día y escuchar zarzuelas. Ella es una de las 400 personas centenarias que reside en la provincia de Alicante, un territorio cada vez más longevo.

La población alicantina envejece a pasos agigantados, impulsada por la mejora de la salud y las condiciones de vida y por una natalidad menguante. Año tras año, la población mayor de 90 años crece a un ritmo de entre 500 y 1.000 personas. Según las últimas cifras del INE, ya son 13.931, lo que supone un aumento del 37% en tan solo un lustro.

«Para mí un paciente de 65 años no es geriátrico. Es a partir de 75-80 años cuando comienzas a preocuparte por su salud», señala el geriatra José María Gómez Reino. Para este especialista son varias las claves que responden a este fenómeno. «La alimentación ha mejorado mucho, también los avances médicos y la prevención. Hoy en día nos anticipamos a las enfermedades». La tendencia, por tanto, es imparable. «Actualmente el 18% de la población tiene más de 65 años. Para el 2050 será el 30%. Un millar de personas cumple 65 años cada día en nuestro país». La mayor parte de la población mayor se concentra en núcleos pequeños, lejos del ajetreo y estrés de las grandes ciudades.

Olvidarse del estrés es sólo uno de los factores que ayuda a sumar años. «Como suele decirse, hay que comer de todo pero en plato de postre», afirma Gómez Reino. Andar media hora al día, mantener una mente activa, hacerse algunos chequeos rutinarios y relacionarse con otras personas, completan la lista de consejos para alcanzar una vida más larga, sobre todo el último. «Muchas personas se deprimen y se mueren de pena, por eso hay que facilitar que salgan a la calle y fomentar las asociaciones y clubes de personas mayores», apunta Gómez Reino

Mucho por hacer

¿Pero están nuestras ciudades preparadas para acoger a una población cada vez más mayor, con sus problemas de movilidad? «De momento no», contesta Gómez Reino. «Los autobuses no tienen rampas, tampoco en los espacios públicos hay zonas para que los mayores se sienten. Muchas tiendas tienes escalones en su interior y hay calles que carecen de rampas». Este geriatra también echa en falta espacios en la calle para que los mayores se sienten. «A muchos de mis pacientes les encanta ir al mercado, pero sencillamente no van porque en su interior no hay un solo asiento y ellos se cansan». Tampoco por las calles abundan los bancos, más allá de los parques o los paseos. «Las sillas de hierro que hay en la Rambla atornilladas al suelo son una idea excelente que se podría extender por la ciudad». Y es que para este geriatra no se puede aconsejar a las personas mayores que caminen todos los días y «después ponerles obstáculos».

Para el sociólogo de la Universidad de Alicante Daniel La Parra es importante apostar por modelos de ciudad compacta frente a la dispersa, tan de moda en los últimos años. «Lo ideal es que no haya grandes distancias, que en un mismo espacio, las personas puedan encontrar todo tipo de servicios: de salud, municipales, de comercio...». Frente a este modelo de ciudad La Parra enumera otros, como Torrevieja u Orihuela, «con núcleos de población dispersos y aislados, con aceras sin rampas, apenas pasos de cebra...».

En los últimos años las nuevas tecnologías han hecho que aunque haya un mayor número de personas mayores, «las tasas de dependencia no sean tan altas como antes». No obstante, para este sociólogo, es importante seguir fomentando la autonomía de las personas, precisamente uno de los objetivos con los que nació la Ley de la Dependencia.

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