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Joaquín Santo Matas, coautor del libro «Alicante, 1939»

«En la memoria histórica parece que sólo un bando hizo cosas malas»

El historiador alicantino considera en el 75 aniversario del final de la Guerra Civil que hay que pasar página y mantener el espíritu de concordia de la Transición. Cree que la memoria histórica reabre heridas y defiende que ambos bandos cometieron atrocidades

En la conferencia ofrecida esta semana en el Museo de Arte Contemporáneo de Alicante en el 75 aniversario del final de la Guerra Civil, Joaquín Santo Matas realizó un acercamiento a la contienda resaltando las luces y sombras de ambos bandos tal como refleja en su libro «Alicante, 1939».

¿Qué aporta como historiador en su libro?

Publiqué el libro cuando se cumplió el 6o aniversario del final de la guerra junto a Francisco Aldeguer sobre lo que había sido el 39 en Alicante. Indagué en archivos, busqué testimonios e intenté reflejar lo que ocurrió aquí. El libro incluye, por ejemplo, a José Mallol Alberola, un farmacéutico de Mutxamel al que Franco mandó para negociar el final de la guerra en Alicante. En una finca de San Juan pueblo llamada «Pedro José» pactó un final de la guerra exento de violencia y sangre. El propio Mallol habló con altos cargos republicanos, como el líder socialista Pascual Tomás, y se comprometió a dejar salir a altos cargos de la República de Alicante. Un hijo suyo me contó que cuando Serrano Súñer, que era entonces ministro del Interior, le llamó para quejarse de la cantidad de republicanos que huyeron, Mallol le contestó: «Serrano, vete a la mierda». Lo que más me interesó era recoger testimonios de la gente que vivió el momento, como la descripción que me hizo el socialista Miguel Signes de lo que pasó en el puerto.

¿Nos queda mucho por descubrir de la guerra civil?

Ha habido grandes investigadores en lo que respecta a la provincia, pero hay cosas de las que se sabe muy poco. Por ejemplo, se sabe mucho del Stanbrook en el que salieron para el exilio muchos republicanos, pero no todo el mundo sabe que desde el puerto, en dos barcos de la armada argentina, el «25 de Mayo» y el torpedero «Tucumán», huyeron 1.500 personas afines al bando franquista. Era gente que venía huyendo de Madrid y gracias a la gestión del cónsul de la república argentina en Alicante pudieron salir. Hay una anécdota curiosa y es que los marineros de la armada argentina salían con dos uniformes, uno encima del otro, llegaban al consulado y allí les daban uno de los uniformes a los refugiados que luego subían a los barcos como marineros argentinos. Entre ellos salieron el propio Serrano Súñer y su mujer que luego volvieron a la zona franquista. Esto estuvo ocurriendo de agosto del 36 a junio del 37. La gente que controlaba el puerto no era tonta, pero debieron hacer la vista gorda. El Tucumán llegó a hacer 12 viajes. Este es un tema que no se ha tratado en profundidad. Por ejemplo, no sabemos por qué las autoridades republicanas les permitieron salir porque también iban mujeres y niños y ellos, desde luego, no podían pasar por marineros.

Hace 75 años y el tema de la Guerra Civil todavía sigue interesando...

Sí. Aunque hace 40 años que murió Franco, sigue estando muy patente el tema de las dos Españas. La gente sigue justificando a un bando y a otro. Sigue habiendo mucho talante novelístico a la hora de contar historias. Hay mucha literatura. Por ejemplo, se habla mucho del campo de los Almendros y en realidad sólo duró cinco días. Fue un centro de retención de la gente que se quedó en el puerto al final de la guerra y como no tenían dónde llevarlos, los tuvieron allí hasta que los trasladaron. Además, creo que ahora, al hilo de la recuperación de la memoria histórica, ha habido un reverdecimiento del tema. Con la Transición y el espíritu de consenso de Suarez el tema quedó latente. La gente dijo: vamos a mirar al futuro, a la democracia, y ahora, no sé por qué motivo, se ha vuelvo a ese recordatorio cuando, por desgracia, en una guerra civil las barbaridades se hacen en ambos bandos. Yo por eso comencé mi conferencia con un aforismo de Cicerón que sigue vigente: «Los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla». Hay que aprender de la Guerra Civil para que nunca se repita.

¿No considera necesaria la recuperación de la memoria histórica para los perdedores?

Hubo socialistas que no lo vieron necesario y se apeló al consenso. Creo que la gente que perdió familiares y las víctimas de la represión tienen derecho a reivindicar la memoria de quienes desaparecieron. Lo que sucede es que con ello ha habido una actitud maniquea y subjetiva como si en la guerra sólo hubiera un bando que hizo cosas malas. Se traslada una sensación de crispación a la gente que no vivió aquello. Por ejemplo, el tema de las revanchas. En Alicante se produjo el horrible bombardeo del mercado en el que murieron 300 personas porque no sonaron las alarmas y no pudieron ir a los refugios. Cinco días después, la aviación soviética al servicio de la República bombardeó Palma. Una bomba cayó en un instituto, pero allí sí sonaron las alarmas y los jóvenes pudieron esconderse, pero hubiera podido ocurrir lo mismo. Atrocidades y bombardeos hubo en los dos bandos. La memoria debería ir hacia la reconciliación y no a la apertura de viejas heridas.

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