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Tres décadas de estudio e investigación universitaria del valenciano en Alicante

El Departamento de Filología Catalana de la UA conmemora los 30 años de su primera promoción

Tres décadas de estudio e investigación universitaria del valenciano en Alicante

En una tierra donde referirse al valenciano suele despertar de inmediato sentimientos en uno u otro sentido, el estudio e investigación de historia y la realidad social de la lengua desde el ámbito académico se han convertido en un puntal para su promoción. El Departamento de Filología Catalana de la Universidad de Alicante (UA) conmemora este año sus tres décadas de existencia, tomando como referencia la salida de la primera promoción de alumnos de Hispánica con la especialidad de Valenciano. En este tiempo se ha consolidado como un motor para el impulso de la lengua en el conjunto de los territorios donde se habla y, tal y como destacan sus actuales responsables, «en una herramienta que anima al alumnado a vivir en valenciano» en un contexto con una situación sociolingüística muy particular.

La subdirectora del departamento, Sandra Montserrat, señala en este aspecto que «la situación especial del sur del dominio lingüístico es lo que nos diferencia de otros departamentos de Filología Catalana», pero cree que en un sentido muy positivo. «Cada vez tenemos más alumnado castellanoparlante de base», afirma, algo que a su juicio muestra cómo el valenciano despierta un interés creciente que «ayuda a vertebrar el territorio» al abrirse a conocer realidades culturales distintas pero que conviven la una junto a la otra. Además, incide en que este «dinamismo» se percibe en los alumnos, por lo general «muy activos a nivel social» e implicados en diferentes actividades culturales.

Los primeros estudios de Valenciano en el ámbito universitario en Alicante se remontan a la década de 1970, antes de la propia creación de la UA, tal y como recuerda el profesor Enric Balaguer, «de la mano de Lluís Alpera, dentro de Filología Hispánica». En 1984 comenzó a ser una especialidad en la carrera, hasta que en 1993 se convirtió en una titulación propia. Filología Catalana se ha caracterizado siempre por tener promociones pequeñas, de apenas 30 alumnos, algo que la directora del departamento, Maria Àngels Francés, pone en valor: «Esto es como una familia, se acaban estableciendo relaciones personales entre profesorado y alumnado». La responsable también alude a «la renovación generacional», tanto de docentes como de materiales, «algo que se valora incluso por parte de otras universidades».

Francés, Balaguer y Montserrat son conscientes de que los «tabúes» en torno al valenciano en Alicante pueden parecer un freno para la titulación, pero destacan que «los alumnos saben perfectamente que cuantas más lenguas mejor», y que, en todo caso, «asumir que somos un colectivo minoritario nos anima a trabajar en positivo para ir a más». En este sentido, destacan cuestiones como «la gran creatividad cultural» surgida de la titulación: «Tenemos una gran cantidad de novelistas, poetas y dramaturgos», apostilla Balaguer. Por su parte, Montserrat incide en que «es muy interesante cómo nos ven dentro del dominio lingüístico, porque perciben que tenemos una actividad y un dinamismo muy superior a lo que teóricamente nos correspondería por la situación sociolingüística».

La directora del departamento señala que esa sensación de comunidad entre docentes y alumnos va un poco ligada a que «de alguna manera todos somos activistas» por la promoción y uso del valenciano. Al respecto, Balaguer remarca que «sentirte como la aldea gala de Astérix te da lugar a encontrarte gente muy comprometida con lo que hace», a lo que Montserrat añade, con humor, que «somos como los galos, irreductibles», pero «llevando el sentido práctico a las clases que damos».

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