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Cospedal encuentra un amigo

El presidente de la Diputación escenifica su apoyo a la exministra de Defensa para liderar el PP y la lleva en volandas por el recinto de la mascletà con Barcala como anfitrión neutral

María Dolores de Cospedal atiende a la izquierda las explicaciones de Barcala sobre la mascletà con presencia de Sánchez. A la derecha, besos y abrazos.

María Dolores de Cospedal atiende a la izquierda las explicaciones de Barcala sobre la mascletà con presencia de Sánchez. A la derecha, besos y abrazos. pilar cortés

Siempre ha sucedido que las estrellas se hacen esperar, pero la candidata a liderar el PP, María Dolores de Cospedal, hizo ayer añicos el tópico: a la una menos cuarto del mediodía, cuando aún faltaba más de una hora para que hablara la pólvora, hizo su aparición en el recinto de la mascletà acompañada de un nutrido séquito. Buena jugada. Tanta puntualidad le sirvió a Cospedal para erigirse en la avasalladora protagonista de los mentideros de Luceros, que revolucionó rodeada siempre de un enjambre de periodistas, cámaras y simpatizantes del partido. No paró Cospedal: ahora un beso, ahora una foto, ahora esta tele, ahora la otra, siempre eterna la sonrisa. Le ganó de calle en este sentido a otro de sus grandes rivales en la contienda por acaudillar la enseña de la gaviota, Pablo Casado, que el pasado viernes llegó tarde a la mascletà y encima confundió Luceros con el Ayuntamiento. Que no es pecado liviano.

Cospedal contó en Alicante con un aliado de primera fila, el presidente de la Diputación de Alicante, César Sánchez, quien ya hace unos días y para disgusto de la cúpula de su partido, había roto la neutralidad que en esta batalla interna de los populares había impuesto la líderesa regional, Isabel Bonig, al posicionarse a favor de la exministra de Defensa. Ayer, el también alcalde de Calp pasó de las palabras a los hechos y escenificó su apoyo a Cospedal, a la que primero invitó a visitar la hoguera de la Diputación y a la que después llevó en volandas por todo Luceros, incluso prestándose a agarrar el móvil de cualquier entusiasta que quería hacerse una foto con la antigua ministra. Cabe recordar -y cabe hacerlo porque es bien significativo- que Sánchez no acudió a Luceros cuando vinieron tanto Casado como el también exministro José Manuel García-Margallo.

Junto a César Sánchez, el PP presentó bastantes más armas, empezando por supuesto por el alcalde, Luis Barcala, también muy pendiente de Cospedal pero eso sí como guía neutral, tal y como ya hizo con los otros candidatos a esta liza nacional. Además, el vicepresidente Carlos Castillo (otro entusiasta fotógrafo solidario), los senadores Agustín Almodóbar y Asunción Sánchez Zaplana, el presidente del PP alicantino, Toño Peral, el diputado y exconseller Gerardo Camps o el asesor de Sánchez y exalcalde de Benissa, Juan Bautista Roselló. Refugiados del calor cuando la exministra concedía alguna entrevista al abrigo de alguna bendita carpa y de nuevo bajo el sol cuando Cospedal se movía sobre la calzada ardiente de la plaza.

Lo eclipsó todo Cospedal. Quizás porque en esta última jornada el Consell, a diferencia de otros días, no tuvo demasiada presencia, a excepción del conseller Manuel Alcaraz y teniendo en cuenta que el president Ximo Puig eligió Cremà. Pero también porque estas Hogueras que ya son memoria obedecieron a un tiempo nuevo, hijas de un mundo en mutación vertiginosa: tan difícil era imaginar hace apenas unos meses que Cospedal vendría a Alicante en calidad de candidata a labrar un PP sin Rajoy, como que Barcala fuera a ejercer de anfitrión. Esto es, de fulgurante alcalde mientras los líderes de aquel lejano tripartito- Eva Montesinos, Natxo Bellido, Miguel Ángel Pavón- transitaban por los recovecos secundarios de la glorieta.

Y quizás la imagen que sintetiza tanta mudanza acaeció cuando mientras Cospedal, escudada por Sánchez y Barcala, concedía su enésima entrevista, Pavón entraba en el recinto y miraba de soslayo el mencionado triunvirato sin ser molestado por ningún micrófono. Cómo cambia la vida.

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