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Senén Barro: «El futuro es estudiar algo con lo que las máquinas no compitan»

El catedrático de la Universidad de Santiago de Compostela habló en la Sede Universitaria sobre las «Paradojas de la Inteligencia Artificial»

El investigador Senén Barro ayer en la Sede de la Universidad. pilar cortés

«Aprender programación está muy bien, igual que aprender inglés, pero eso no garantizará un puesto de trabajo en un futuro. El futuro está en estudiar algo con lo que las máquinas no puedan competir», afirmó ayer el doctor en Física e investigador del área de Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial del CiTIUS (Universidad de Santiago de Compostela), Senén Barro.

Este experto en Inteligencia Artificial (IA) ofreció ayer dentro del Aula de la Ciencia de la Universidad de Alicante una conferencia sobre las paradojas de esta tecnología llamada a revolucionar el mundo y que «cada vez está y estará más presente en nuestro día a día». En este sentido, Barro coincide con otros expertos en señalar que la IA es la «electricidad del siglo XXI, cada vez estará más presente y a la vez seremos menos conscientes de que está ahí».

Esta nueva revolución, que ya está en marcha, repercutirá en todos los ámbitos de la vida de una u otra forma. Por ello, Barro incidió en la necesidad de cambiar el modelo educativo. «Insistir en un modelo consistente en memorizar, aunque la memoria es muy importante, y reproducir datos para luego vomitarlos en los exámenes» condena al ser humano «a ser gregarios de las máquinas».

En su opinión, «es necesario potenciar las capacidades creativas, de comunicación, de pensamiento abstracto, de trabajo en equipo y de empatía» en todas las etapas educativas, incluida la Universidad. «Es importante también que los niños tengan nociones sobre la nueva economía digital y de programación, pero tanto o más de humanidades, artes y creatividad», añadió. «Todas estas disciplinas se pueden aprender, no son innatas, y si se pueden aprender se pueden enseñar. El problema es que pese a que tenemos casos de muy buenos profesores que podrían desarrollar en los niños todos estos conceptos, no pueden hacerlo por el sistema tan rígido que tenemos», aseguró. «Yo muchas veces digo que soy un profesor del siglo XX que da clases en aulas del siglo XIX con alumnos del siglo XXI», apostilló.

«En cuestiones como el cálculo matemático, el razonamiento lineal o los juegos las máquinas hace tiempo que nos superaron. Sin embargo cuestiones como la percepción abstracta, la locomoción o el lenguaje que «para nosotros son sencillas, para una máquina son muy complicadas», destacó como una de las paradojas de la IA. El catedrático hizo hincapié en que las propias máquinas aprenderán tareas como la programación, por lo que a los humanos les quedará el «valor añadido».

La propia Inteligencia Artificial puede revolucionar el mundo educativo en unos diez años, vaticinó, porque llegarán «tutores inteligentes que potencien de manera personalizada la enseñanza».

Otro de los ámbitos en los que la IA irrumpirá con fuerza es el mundo laboral. «Con la revolución industrial al mundo le dio tiempo a ir adaptándose, pero ahora todo va a cambiar de una forma mucho más rápida», advirtió el investigador. «Cualquier tarea que se pueda automatizar se sustituirá. En anteriores revoluciones las personas que perdían su empleo se podían reciclar para ejercer uno nuevo, pero ahora los trabajos que se van a crear van a ser para un perfil muy concreto, relacionado con las tecnologías de la información», de manera que vaticinó que «una gran cantidad de trabajadores quedarán excluidos del mercado laboral». «Como sociedad debemos ir pensando en ello para prever soluciones. Algunos hablan de una renta mínima garantizada pero nuestra sociedad se ha construido sobre el trabajo y no sabemos vivir sin trabajar, no estamos preparados».

Además, destacó la importancia de la ética en los cambios que se avecinan. Puso como ejemplo los coches autónomos. «Técnicamente estarán listos en breve, pero no creo que las carreteras se llenen de estos vehículos antes de 40 años. En caso de atropello, ¿quién será el responsable, los pasajeros, el fabricante, el diseñador del software?», se preguntó.

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