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Turismo de la Costa Blanca, más de estibadores que de lores

Contar con «quince estrellas Michelin» es un activo, pero no olvidemos que nuestros visitantes son los del arroz a banda y la olleta, no los del erizo de mar a las finas hierbas

Cocineros preparando un arroz en el marco de Fitur. áLEX DOMÍNGUEZ

Gastronomía, inteligencia, tecnología, deporte, sol, playas. Perfecto, pero también buenas comunicaciones, que los turistas tengan agua cuando abren el grifo, puedan aparcar sin problemas cuando llegan a su lugar de destino, no les falle el aire acondicionado, no necesiten, por ejemplo, 75 minutos para llegar en tren desde la estación del AVE de Alicante a Benidorm, que la circunvalación de Alicante o la autovía a Villena sean un tormento, o que en un restaurante les pongan límite de tiempo para ocupar mesa. Mucho se ha hecho en la Costa Blanca en los últimos años, pero falta también mucho por consolidar en infraestructuras.

Fitur cierra hoy una nueva edición en la que ha vuelto a ratificarse que una gran parte del futuro económico de la provincia está obligatoriamente ligado al sector turístico, una actividad que mueve ya 15.000 millones de euros al año y es motor de empleo. Analizando esta realidad, al sector, a los empresarios, trabajadores y Administración no les otra que reinventarse cada día y buscar que los turistas que nos visitan vivan, a diario y durante sus diez días de estancia media, auténticas experiencias, tal como subraya Francesc Colomer, cada vez que tiene ocasión de proclamar que la Comunidad debe ser una «fábrica de sensaciones»

Dicho esto, ¿es suficiente con la apuesta por la buena gastronomía, el deporte o que la provincia se convierta en un destino inteligente, propuestas estrella en esta edición de Fitur? Por supuesto que son tres iniciativas extraordinarias y que nadie puede desdeñar, pero, ojo, también hay que tener en cuenta el escenario en el que nos movemos y en el que, históricamente, el perfil del turista que nos visita y que mantiene la riqueza y el empleo es medio bajo o, lo que es lo mismo, está poco acostumbrado, sobre todo por sus ingresos, a tomarse un erizo de mar mezclado con corzo bajo una emulsión a las finas hierbas. Vamos, que es más de un buen arroz, a banda, aunque no tenga apellidos ilustres.

«Quince estrellas Michelin» con menús degustación a 150 euros. Perfecto, pero ¿quién puede pagarlos hoy? ¿El 0,5% de los turistas que nos visitan? ¿Dónde captar estos visitantes? ¿En Fitur?, feria en la que los visitantes se pelean hasta por una tapa de olleta con tal de no rascarse el bolsillo. Empresarios del sector con años en el mercado y después de haber superado mil y una crisis coinciden en que la Costa Blanca también tiene oferta de lujo, pero alertan de que los precios de Marbella, Madrid o Barcelona son imposibles de exigir en la provincia, con lo cual ¿quién asume los costes? «Quince estrellas Michelin» son necesarias, pero nadie puede pretender vivir de ellos, por mucho que algunos de nuestros padres de la patria casi lo hayan proclamado en Madrid.

Nos guste o no nos guste, nuestro modelo turístico está basado en atender a grandes cantidades de turistas que pagan un precio medio ajustado a sus bolsillos y ese sigue siendo el camino a seguir, pero aportando cada vez más calidad y una oferta lúdica y de ocio para que estos visitantes estén dispuestos a gastar más dinero en los municipios donde pasan sus vacaciones. Que nadie se lleve a engaño. Benidorm y la Costa Blanca no pueden pretender jugar a ser Doha, Miami, las Maldivas, Madrid, Barcelona o Hong Kong.

Desgraciadamente, poco se puede hacer para sustituir a una bolsa tan grande de turistas, pero como tantas veces he escuchado a hoteleros que algo saben de esto del turismo, no queda otra que seguir ofreciendo calidad, mantener los precios y sondear otros mercados, no tan potentes en número como, por ejemplo, el Reino Unido, pero que podrían ser la alternativa a ese 40% de turistas que repiten año tras año.

El modelo es el que es. Cuarenta años después ya no hay quien lo cambie, y tampoco nos va tan mal. El entonces incipiente sector turístico, guiado por el maná que supuso el dinero fresco que llegaba desde el Reino Unido para la construcción de hoteles en una España donde el crédito bancario no existía, se dejó llevar por los touroperadores británicos que financiaron miles y miles de plazas con la condición de que se reservaran para sus turistas. Trabajadores británicos, por ejemplo, a los que había que buscar una zona de veraneo, próxima a sus domicilios, y barata. Y así empezó todo y así sigue 40 años después.

Un modelo que comenzó con los británicos pero que fue luego adaptándose a otros mercados como el español. Una estructura que necesita grandes cantidades de turistas para que salgan la cuentas y las cuentas salieron entonces y, de momento, siguen saliendo, como lo demuestra que la industria turística provincial mantenga 300.000 empleos al año y suponga el 15% del PIB.

Tres de cada cuatro turistas extranjeros llegan a la Costa Blanca de los barrios industriales de Liverpool, Birmingham y Manchester (primera ciudad emisora de turistas extranjeros) con sueldos medio-bajos y en viajes organizados por mayoristas -las grandes cadenas van soltando también este lastre-, que, como empresas que son tienen como objetivo hacer la mayor caja posible. Y ahí ha estado, en muchas circunstancias, el error del sector.

¿Sucumbimos a la imposición de los precios? Quizá no quedó otro remedio en los años 70, que aceptar las tarifas de unas mercantiles que ayudaron a crear el modelo pero que, también es cierto, llevan 40 años cobrando sus facturas. Aceptas mis precios y tarifas o me llevo los aviones a otros aeropuertos como los turcos. Y así ha funcionado el sector durante años, condicionado por unos precios que marcaron el «ADN» y la propia tipología de muchos hoteles de playa, diseñados para atender a grandes contingentes de visitantes que no exigen mucho pero tampoco estaban dispuestos a pagar mucho más por la pensión completa.

Cierto que las cosas han cambiado en los últimos años y la relación calidad/precio del sector turístico de la provincia es imbatible, pero muchas veces a costa del bolsillo del propio hotelero o restaurador, que prefiere sacrificar beneficios a perder clientes, que se ven atraídos por otras zonas, Turquía y Túnez, donde los touroperadores utilizan las mismas tácticas que en el Benidorm de principios de los años 70.

¿Apuesta por el turismo de lujo? ¿Dónde lo captamos? Los cuatro millones de turistas británicos, más estibadores que lores, que nos visitan todos los años representan una cantidad de pernoctaciones muy difícil de encontrar en otros países de Europa, máxime cuando en los últimos años han surgido destinos que tiran los precios. Alemania, la otra fábrica de crear turistas, tiene su playa en Mallorca, los rusos son inestables y los nórdicos, con un alto poder adquisitivo, son pocos en número para suplir un mercado como el británico, aunque sean garantía en temporada baja.

Hay que ser realistas y trabajar con lo que se tiene ofreciendo calidad (poca queja tienen los turistas británicos cuando están como en casa a 25 grados), y sólo así se podrá intentar aumentar la rentabilidad, aunque el modelo es el modelo y sea complicado que un británico de los que llega a la Costa Blanca se salga del guión presupuestario que se marcó a la hora de elegir el hotel donde pasará sus vacaciones, y que en la mayoría de los casos, no incluye la visita a un templo gastronómico o a la boutique de moda. Es lo que hay y gracias. Si algún día los ingleses no pueden tomar vacaciones (Brexit) el efecto para la provincia de Alicante sería letal.

Dicho esto, lo que sí que hay que aplaudir es la decidida apuesta de los municipios, apoyados por el Instituto Valenciano de Investigaciones Turísticas, en adaptar su oferta y servicios a la oportunidad que dan las nuevas tecnologías. Benidorm puede presumir, por ejemplo, de haber sido el primero en obtener la certificación oficial de destino turístico inteligente. A Alicante, le ha costado, pero se acaba de unir al grupo, Villena, ese es el camino. Controlar cuando los contenedores de la basura están llenos, cuándo es necesario regar un jardín o baldear una calle, aplicaciones para saber dónde se puede aparcar, qué temperatura tiene el agua del mar y antenas que ayuden a tener geolocalizados a los turistas que en sus visitas a los montes de la provincia son indispensables para mejorar la calidad que ofrecemos a los turistas. Un buen camino que, al final, seguro que se puede monetizar o, lo que es lo mismo, sacar rendimiento económico.

La ministra de Industria y Turismo, Reyes Maroto, ha anunciado en Fitur que los Presupuestos contemplan inversiones de cinco millones de euros para mejorar los destinos turísticos de la Comunidad. Muy poco.

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