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Sanitarios de altos vuelos

Médicos y enfermeros se forman en la UA para atender a enfermos y heridos en un avión y un helicóptero tras catástrofes, accidentes y rescates en montaña

Médico y enfermero practican en el espacio de la cabina de un helicóptero.

Médico y enfermero practican en el espacio de la cabina de un helicóptero. pilar cortés

«Cuando pruebas aquí cómo sería una situación real es cuando te das cuenta de que hacen falta más prácticas de este tipo. Yo trabajo en una ambulancia y todavía no me ha tocado tener que ir en un helicóptero, pero puede ocurrir en cualquier momento y es fundamental estar preparado porque cambia mucho la atención al paciente y tu propia seguridad entre el medio aéreo y terrestre». La enfermera Tamara Piquer es una de los veinte profesionales sanitarios que han obtenido una plaza en el curso de Especialista en medicina y enfermería aerotransportada que imparte la Universidad de Alicante.

Este curso está destinado a médicos y enfermeros para formarles en el entorno aéreo de manera que estén preparados y sepan cómo actuar ante cualquier catástrofe que pudiera producirse, desde en el aeropuerto hasta accidentes de tráfico o rescates en montaña que requieran el traslado de heridos graves en helicóptero. También para aprender los protocolos en traslados de heridos en aviones comerciales. El curso consta de una parte teórica y dos prácticas. Una que ya se ha realizado en el campus y otra que se llevará a cabo en junio en el aeródromo de Mutxamel con simuladores de helicóptero.

Piquer trasladaba la importancia de estar preparada justo después de participar en uno de los ejercicios prácticos que más impactaron a los alumnos dentro del curso práctico. Se trata de aprender a salir del agua si el helicóptero en el que viajas con el herido tiene un accidente o se ve obligado a realizar un amerizaje. Para ello simularon cómo caerían al agua en la piscina de la Universidad dentro de un aparataje de hierro construido para la ocasión. «La verdad es que impacta tanto en la caída con chaleco y la pequeña bombona de aire como cuando la haces a pulmón», relataba otro enfermero del SAMU, Ángel Zamora. También aprendieron por grupos a localizar la lancha salvavidas y a darle la vuelta en caso de que sea necesario. El instructor explicó que «la idea es que salgan de aquí con los conocimientos de una azafata de vuelo», justo antes de mostrarles qué cabo sujetar para voltear la lancha y advertirles de las dificultades que se encontrarán con olas. Así como de explicarles que siempre hay que salir en apnea horizontal para evitar el contacto con el aceite y el combustible.

El coordinador académico del curso, el médico Juan Sinisterra, destaca que lo imparten médicos y bomberos. También resalta la importancia de que el personal de emergencias se forme para actuar en entornos aéreos porque «no tiene nada que ver atender a un paciente en un espacio reducido, en movimiento y con ruido que hacerlo en tierra y en un espacio abierto». Aparte de los protocolos aéreos y de la normativa aeronáutica, los médicos y enfermeros aprenden por ejemplo a cómo administrar el tratamiento sustitutivo al oxígeno, que no se puede conectar ni durante el despegue ni durante el aterrizaje, pero que obviamente no se le puede cortar al enfermo. En la UA reprodujeron el espacio exacto de una cabina de helicóptero y mediante ordenador simularon desde el ruido de las aspas hasta la forma en la que entran los rayos del sol. Los alumnos se colocaron los cascos con el intercomunicador con el piloto y con un maniquí que simulaba al herido tuvieron que atenderle y enfrentarse a distintas incidencias que desde el cuadro de control los profesores transmitían al monitor con las constantes vitales del «paciente». Se enfrentaron incluso a la posibilidad de que se declarara un incendio en la cabina para saber cómo utilizar los extintores.

«La calidad docente y de las simulaciones es muy buena y aprendemos a manejarnos en entornos reales y complicados en los que tienes que velar por el herido y por tu propia seguridad. Nos da tranquilidad y seguridad», concluye el sanitario Jaime Falcó.

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