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La provincia pierde 55.000 hectáreas de cultivos por no tener el agua garantizada

A lo largo de los últimos quince años ha desaparecido el 25% de la superficie cultivada, tanto de secano como de regadío

Un agricultor en terrenos de cultivo abandonados en la población de Catral, en la Vega Baja.

Un agricultor en terrenos de cultivo abandonados en la población de Catral, en la Vega Baja. Tony sevilla

La falta de agua porque no existe garantía de abastecimiento por la sequía, por los recortes del trasvase Tajo-Segura y el fallido Júcar-Vinalopó, unida a los bajos precios que se pagan en el mercado han provocado que la provincia haya perdido en los últimos 15 años un 25% de su superficie de cultivo, tanto de secano como de regadío. En total 54.667 hectáreas. Un recorte que se extiende a todo el conjunto de la Comunidad Valenciana, y que contrasta con la realidad de Murcia, Castilla-La Mancha y Extremadura, que cuentan con agua del Tajo y han visto aumentar sus cultivos sin ningún problema. Una coyuntura agrícola negativa que se agravará en los próximos años, debido a la progresiva incorporación al sistema de riego del agua desalada, que encarecerá las tarifas al ser seis veces más cara que la de los trasvases y los acuíferos, y hará inviables muchas explotaciones.

El Gobierno ha revelado esta semana al Sindicato de Regantes del Acueducto Tajo Segura que los informes que maneja sobre la evolución del cambio climático prevén que en los próximos años la disponibilidad de agua en los ríos españoles disminuya hasta un 40% en la cuenca del Tajo, lo que obliga a replantearse las aportaciones del Tajo-Segura. Porcentaje que, no obstante, choca con la datos del propio Plan de Cuenca de Tajo, hoy en revisión, que calcula que las lluvias se recorten solo en un 15% en el horizonte de 2050. El Ministerio para la Transición Ecológica admite que hoy el acueducto no tiene alternativa, pero insiste en que deben aumentarse fuentes de recursos que no están en riesgo como es la desalación del agua del mar y la mejora de la calidad del agua residual depurada.

Afirmaciones que llegan, justo, cuando la superficie de regadío de la provincia vuelve a sufrir un recorte. Según los últimos datos del Instituto Interuniversitario de Geografía, la provincia de Alicante ha perdido en 15 años un 25% de su superficie de cultivo (secano y regadío) al pasar de las 219.926 hectáreas en producción en 2005, a las 165.259 hectáreas actuales. Mientras, sin embargo, territorios que riegan con agua del Tajo como Extremadura o Albacete han visto crecer su superficie. Los datos que maneja el Instituto de Geografía son reveladores. La Comunidad Valenciana es la única autonomía que recibe agua del Tajo que ha perdido superficie de regadío.

La situación del sector agrícola de la provincia languidece a pasos agigantados y el futuro se presenta cada día más complicado, sobre todo para las pequeñas explotaciones que no están vinculadas a grandes empresas, pero que suponen el 70% de una actividad que sigue muy atomizada.

A la caída de los precios se suma la falta de garantía de suministro, siendo ahora mismo los cultivos más afectados el naranjo, patatas, alcachofas, tomate y melón. Significativos son los casos en comarcas como la Vega Baja, con tierras abandonadas y algunas sustituidas por chalets y hasta desguaces de vehículos, según subraya Antonio Rico, director del Instituto Interuniversitario de Geografía. Otra zona donde el abandono es significativo es la huerta de l´Alacantí, comarca en la que el cultivo del tomate corre el riesgo de desaparecer por falta de agua de calidad.

Problema que se va a agravar, además, a medio plazo, porque la incorporación del agua desalada, mucho más cara, presionará mucho más el día a día de los agricultores. «Si hasta ahora han desaparecido miles de hectáreas con un agua a un precio más o menos asequible, la debacle con la incorporación del agua desalada puede ser histórica y afectar, además, a los pequeños agricultores, lo que traerá consecuencias negativas para la economía de la mayor parte de los regantes y el paisaje, al abandonarse explotaciones», alertó Antonio Rico.

La demanda total de agua en la provincia de Alicante asciende a unos 1.300 hm3 anuales, mientras que la totalidad de los recursos disponibles, sin contar la sobreexplotación de acuíferos, ascienden a 655 hm3. El déficit estructural alcanza los 645 hm3, que se agudiza en épocas de sequía como sucede desde 2014 cuando ese déficit anual suma cifras superiores a los 850 hm3/año.

La oferta de recursos disponible, además de escasa y limitada, está sujeta, además, a un intenso aprovechamiento, lo que ha desencadenado graves problemas de sobreexplotación, degradación y contaminación tanto de las aguas superficiales como de las subterráneas.

Ayudas al regadío

Por otro lado, el Diari Oficial de la Generalitat Valenciana publicó ayer la resolución de la Conselleria de Agricultura por la que se convocan las ayudas para la optimización en el uso y gestión de los recursos hídricos para el riego. Las ayudas tienen como objetivo sufragar proyectos que contribuyan a la optimización del uso y gestión de los recursos hídricos, mediante la implantación del riego localizado, el incremento de la capacidad de embalse, la reutilización para riego de las aguas depuradas, la disminución del coste energético, el aumento de la eficiencia en uso del agua y la rentabilidad de las explotaciones agrarias, así como el fomento de la agricultura ecológica. Las ayudas cuentan con un presupuesto para esta convocatoria de más de 7,6 millones de euros. Podrán beneficiarse de estas subvenciones las comunidades de regantes y otras entidades de riego.

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