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La «ruta de los bocatas» para los sin techo

Voluntarios preparan 400 bolsas de alimentos que reparten en furgonetas en varios puntos de la ciudad a las personas sin hogar para que coman los fines de semana

Las bolsas para los indigentes se preparan en un local de Cáritas en Sant Joan.

Las bolsas para los indigentes se preparan en un local de Cáritas en Sant Joan. pilar cortés

Cada vez más personas sin hogar acuden al reparto semanal de bocadillos que realiza Cáritas Pastoral pese a que se presupone que la situación económica ha mejorado. Sus voluntarios preparan unas 400 bolsas con zumo, agua, frutas, galletas, café, caldo y dos bocatas en una inestimable labor social que sin embargo ya se les queda corta. Alimentan los sábados y domingos a unas 170 personas que viven en la calle, que se encuentran con que los comedores sociales cierran. Es tal la demanda y su preocupación porque tengan siempre algo que comer que buscan nuevos colaboradores que les echen una mano para preparar 100 bocadillos más y que los indigentes que se refugian en cajeros, naves y debajo de los puentes tengan garantizados los tres bocatas por persona.

Voluntarios anónimos preparan en sus propias casas los viernes los bocadillos que por la noche se reparten por la ciudad. Los llevan al local de Cáritas en Sant Joan y se incluyen en bolsas junto a botellas de zumo, agua, caldo en invierno, limonada en verano, café todo el año y fruta que regala Mercalicante. Después todo lo cargan en furgonetas y sobre las nueve de la noche inician el reparto desde la zona del Rico Pérez.

Hay tres rutas de distribución, una de ellas por la zona de naves abandonadas donde se refugian muchos sin techo. Otra por los aparcamientos de centros comerciales. La tercera incluye a los indigentes que duermen en cajeros de San Blas, el Pla o Benalúa, explica Mar García, coordinadora del grupo de voluntarios de Cáritas de la parroquia de las Mil Viviendas. Una labor que se prolonga cada viernes hasta las dos de la madrugada. O más tarde.

En cada ruta intentan ir juntos al menos tres voluntarios. Cada vez encuentran más personas sin hogar en sus desplazamientos, sobre todo en las naves abandonadas, donde dan alimento a más de 80 personas que se refugian en ellas. Son el único equipo de Cáritas diocesana que pisa la calle «y no atendemos a más gente porque no llegamos. Sabemos que hay más sin techo en más sitios, cerca del tanatorio, por ejemplo. Ahí no vamos porque no nos da tiempo, pero muchos conocen nuestra ruta y si pueden moverse bien y caminar, vienen a por su bolsa».

Agotados

Otra razón de la petición de nuevos voluntarios es que se trata de una labor incansable todos los viernes del año y les gustaría poder turnarse. «Hacemos esto desde hace 5 años y ya nos conocen. Tenemos mucha confianza, hablamos con ellos... Hay voluntarios jubilados que les ayudan entre semana a renovar el pasaporte, a tramitar el permiso de residencia, a renovar la tarjeta sanitaria o les llevan a ducharse si necesitan ayuda para caminar. Hacemos un llamamiento para que se incorporen más voluntarios y que podamos descansar y turnarnos cada 15 días».

Ahora han conseguido que un restaurante de la playa de San Juan les done pizzas, que trocean en porciones. «Todo lo que pueda contribuir viene fenomenal», señala Mar García. Porque de lunes a viernes los sin techo buscan sus bocadillos en San Nicolás, van a los despachos parroquiales de Cáritas o al comedor social de San Gabriel, pero el fin de semana todo esto cierra, «y prácticamente lo que comen es lo que les llevamos nosotros. Si no, se quedarían sin alimentarse».

Además de comida, las furgonetas de reparto, habitualmente tres, van cargadas a tope con mantas y sacos de dormir. Asimismo, les llevan ropa interior que compran los propios voluntarios y zapatos que regala la gente, que distribuyen entre los sin techo en una ruta solidaria en favor de un colectivo, el de las personas que viven en la calle, desgraciadamente, cada vez más numeroso. Solo hay que ver sus caras de alegría cuando les ven llegar para seguir con una labor muy meritoria.

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