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Un secarral al pie del Castillo

Los matojos invaden los senderos que conectan el parque de la Tuna con la fortaleza de Santa Bárbara, muy frecuentados por turistas

Una invasión de matojos se abre paso por los caminos de esta parte del monte Benacantil.

Una invasión de matojos se abre paso por los caminos de esta parte del monte Benacantil.

«Parece mentira que sea una parte del Castillo de Santa Bárbara. Está sucio, lleno de matojos y muy abandonado». Pedro Recio es un alicantino al que le gusta tomar los senderos del parque de la Tuna durante sus caminatas de primera hora de la mañana y no deja de sorprenderle el estado en que se encuentran los caminos que conectan la fortaleza con el mencionado parque, en la ladera oeste del Benacantil, con las hierbas secas invadiendo los caminos, en lo que además considera un elevado riesgo de incendio.

Este espacio verde ocupa la zona en la que el exalcalde Luis Díaz Alperi proyectó en su día el Palacio de Congresos y fue inaugurado en 2012. El botellón que celebran los jóvenes en este parque, sobre todo durante los meses invernales, es una queja constante de la asociación de vecinos ante el Ayuntamiento. Iluminada Doñate, presidenta de Laderas del Benacantil, señala también como problemática «la poca vigilancia e inseguridad. Además del botellón, van grupos con perros peligrosos sin protección al parque».

Sin embargo, el mayor inconveniente en este momento para quienes frecuentan este enclave es el mal estado de la vegetación, con matorrales secos en la zona de monte, y una invasión de matojos en los senderos más frecuentados por los turistas que bajan caminando desde el Castillo. También hay mucha basura en los parterres. «Es una pena como está todo, con tanta suciedad en un parque tan bonito», coincidieron Judith Lanchas y su madre Isabel, venezolanas que viven en Alicante y que suelen ir a este parque con el niño de la primera y su perro, aprovechando que hay una zona para mascotas.

Restos de botellón

Las quejas por la falta de mantenimiento y limpieza se unen a las de poco civismo. Latas de refrescos se acumulan por todo el parque. «Muchos jóvenes vienen a beber por la noche y a pasar el rato, y lo dejan todo perdido», asegura Carmen Díaz, una vecina del Casco Antiguo que también lleva a su perro al pipicán del parque.

En general la demanda vecinal ante el Ayuntamiento de Alicante es de un mayor cuidado y vigilancia del parque, que se instalen bancos, y que en el recinto para perros haya bebederos a su altura.

También que se vuelva a sembrar césped en zonas donde se ha perdido y donde ahora solo se ve la instalación de riego en la tierra pelada. «Se secó y no se repone pese a que pagamos impuestos. Es una pena que en este parque donde vienen un montón de familias y deportistas, se dé esta penosa imagen».

Inversión millonaria

El proyecto del parque de la Tuna fue ejecutado por Aguas de Alicante con un presupuesto de obra de 1.380.000 euros, que supuso la restauración paisajística de la ladera oeste del monte Benacantil, con reforestación y plantaciones de especies vegetales autóctonas.

En total se plantaron más de 800 árboles y 23.000 arbustos y otras especies. Asimismo se construyeron diversos accesos aprovechando los muros de piedra de esta parte del monte y se instalaron bancos, fuentes de agua potable, zonas de aparcamiento para bicicletas y una cascada de agua.

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