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Análisis

Barcala y los imposibles

Al alcalde le van los retos: aprobó los Presupuestos en año electoral en franca minoría y ahora pretende que la limpieza no sea un arma contra el gobierno municipal

El alcalde, Luis Barcala, en una imagen reciente.

El alcalde, Luis Barcala, en una imagen reciente. Álex Domínguez

Sólo los más optimistas del lugar se planteaban que el alcalde de Alicante, Luis Barcala, en un grupo municipal con sólo ocho concejales y tras llegar al cargo por un polémico voto de una tránsfuga, se atreviese a intentar sacar adelante los Presupuestos en 2019, un año electoral. Y no sólo se atrevió, sino que lo consiguió y, en ese trayecto, logró convencer para esa causa al entonces portavoz de Guanyar, Miguel Ángel Pavón, histórica voz crítica contra las políticas del PP.

Tampoco eran muchos (ni su entorno estaba convencido) los que pensaban que, tras el resultado de los populares en las elecciones generales y autonómicas del 28 de abril, Barcala pudiera retener la vara de mando tras la cita del 26 de mayo. Y lo logró, cumpliendo esa noche, además, con todos sus objetivos: que el PP fuera el partido más votado (para así no necesitar 15 votos en la investidura), tener más concejales que Ciudadanos (para ser la principal fuerza de la derecha) y que, además, la formación naranja y los socialistas no sumaran (para evitar que los de Rivera tuvieran esa tentación).

Ahora Barcala se propone algo más complicado si cabe. El alcalde, con cuatro años por delante hasta las próximas elecciones (un tiempo eterno en política), pretende que la limpieza deje de ser, por primera vez, un arma arrojadiza en el Ayuntamiento de Alicante. Busca que la suciedad de la ciudad no se convierta en el «comodín», en palabras de su concejal de Limpieza, Manuel Villar, que utilice a diario la oposición para desgastar su mandato municipal. Barcala y los suyos saben de lo que hablan. Y es que en los tres años que estuvieron en la oposición no dieron ni un momento de tregua al entonces gobierno de izquierdas con la limpieza. Razones, por otro lado, había. Y ahora, también existen.

El alcalde, aprovechando que el problema de marras se convirtió por deseo de la oposición de la bancada de la izquierda en el tema estrella del primer pleno ordinario del mandato (hubo hasta cuatro preguntas al respecto), puso sobre la mesa una propuesta de acuerdo. Y no cualquiera. «Propongo trabajar juntos en un problema del que todos somos responsables y que tenemos la obligación de solucionar», dijo el regidor, haciendo suyo uno de los muchos pactos que durante la pasada campaña electoral planteó el portavoz de Compromís, Natxo Bellido.

La propuesta, de inicio, no ha generado rechazo en la oposición. Más bien todo lo contrario, aunque la izquierda ya ha puesto unas líneas rojas tan evidentes como asumibles. Si Barcala ambiciona un pacto, si pretende que la limpieza no forme parte de la batalla política, de las críticas a la gestión del gobierno, debe poner de su parte.

Desde los exsocios del tripartito, que sufrieron en sus carnes (aunque, en primera persona, sólo Bellido continúa) la dureza de Barcala y su grupo por la deficiente limpieza de Alicante durante los años de gobierno de la izquierda, han puesto sus condiciones: transparencia, diálogo y voluntad. Resumiendo, quieren ser actores protagonistas de la gestión de la limpieza, no una comparsa que ni participe ni pueda criticar. La pelota está ahora en el tejado de Barcala. Si quiere un pacto de ciudad, debe hacer cesiones. No le coge de nuevas, ya lo hizo para aprobar el Presupuesto de este año.

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