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Medio siglo de un legado irrepetible: entre la familia y la profesión

En más de 50 años de carrera, Juan Antonio García Solera es testigo de toda una época, de proyectos, ilusiones, inauguraciones, sueños, encuentros y entrevistas con políticos que revelan su pasión y sentimiento por Alicante

Juan Antonio García Solera frente al ADDA. Archivo juan antonio garcía solera/«testimonio de una época»

El conjunto del legado irrepetible que, en medio siglo, en más de 50 años de trabajo, ha sido capaz de crear y moldear Juan Antonio García Solera solo se entiende desde la pasión y amor por el oficio arquitectónico que, también, por Alicante. Solo así es posible, por tanto, entender una trayectoria inmensa -por número y dimensiones- de tantos proyectos que han configurado la fisonomía e identidad de toda la provincia de Alicante -puesto que sus actuaciones son múltiples, diversificadas en todo el territorio alicantino-.

El complejo de Vistahermosa, el edificio Alicante, el Hostal San Juan de la playa de Muchavista, la Escuela de Maestría Industrial, el edificio de Cesa, el barrio de San Francisco de Sales en Elda, las urbanizaciones Maralic y Las Torres, el Hotel Don Pancho en Benidorm, escenarios del Festival de la Canción, el ADDA, la remodelación del hotel Palas, el edificio de Óptica del campus de la Universidad de Alicante... García Solera no encierra únicamente la aportación de la modernidad a todo un territorio, sino que también supone haberse convertido en materia de estudio, en referencia nacional e internacional, cosiendo su prestigio al de Alicante.

Junto a otras destacadas e imprescindibles figuras de la arquitectura alicantina como Miguel López González, Francisco Muñoz Llorens y Juan Guardiola Gaya, Juan Antonio García Solera es de este modo testigo de toda una época, de inauguraciones, sueños, ilusiones y encuentros con toda una clase política difícil de resumir en unas pocas líneas, puesto que lo suyo alcanza a medio siglo, a más de 50 años de un amplísimo catálogo de obras y edificios emblemáticos, de entrevistas con concejales, ministros y gobernantes de cualquier color.

Estrechamente unido a su familia, así como a su hijo también arquitecto, del que elogiaba la minuciosidad de su trabajo y la exigencia en la calidad de la ejecución, Juan Antonio García Solera amaba el mar -se conservan numerosas estampas en las que aparece navegando, cerca siempre del manto azul del Mediterráneo en Alicante- al tiempo que, siempre que podía, trataba de documentarse y conocer los nuevos caminos hacia donde se encaminaba el oficio con los años. Lo suyo fue una investigación y ensayo constante. Una exploración por y para la modernidad. Hasta el final.

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