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El informe pericial sobre el ruido en el centro revela que hay 60 decibelios todo el día

Los vecinos reclaman que se limiten los horarios de los locales de ocio en el primer juicio global contra el Ayuntamiento por el griterío en las calles

Ruido de más de 60 decibelios durante todo el día en el Centro Tradicional. Es la principal conclusión del informe técnico pericial solicitado por la titular del juzgado Contencioso-Administrativo 4 de Alicante, Begoña Calvet, a un ingeniero industrial en el marco del primer juicio en el que se ve inmerso el Ayuntamiento por los excesos del tardeo tras ser denunciado por los vecinos. La normativa solo permite 30 decibelios por la noche. Aunque el informe pericial se presentará en una próxima sesión al solicitar el abogado municipal, Mariano Ibáñez, una prórroga para revisar sus cerca de 600 páginas con el argumento de que les llegó este lunes, el letrado de los vecinos, Luis Santamaría, avanzó que concluye que «los vecinos viven en una zona acústicamente saturada con pleno conocimiento del Ayuntamiento».

El informe técnico, que la juez pidió a un experto independiente a instancias de la parte denunciante, interpreta las mediciones acústicas realizadas por los diez sonómetros instalados por el propio Ayuntamiento en el centro de Alicante desde el 1 de enero hasta el 31 de julio. Según avanzó ayer Santamaría, las mediciones superan «en todos los casos» los 60 decibelios en distintas franjas horarias, el doble de lo recogido en la ordenanza del ruido que aún está en la fase de alegaciones y que marcaría un máximo de 25 decibelios en las emisiones sonoras en el entorno de los dormitorios.

Los residentes quieren que se reconozca que la administración local ha vulnerado sus derechos fundamentales y que se adopten los requisitos para declarar como acústicamente saturada la zona comprendida por las calles Castaños, San Ildefonso, López Torregrosa, Artilleros, Rambla, Pascual Pérez, Teatro, Teniente Álvarez Soto, Portal de Elche, Bailén, San Francisco y Gerona.

Esta declaración conlleva la limitación de nuevas licencias a locales de ocio y un adelanto del horario de cierre que el abogado de los denunciantes estima en torno a la medianoche. En la sala se escucharon ayer los testimonios de dos vecinas, una de la calle Artilleros con López Torregrosa, y otra de la plaza de Gabriel Miró, que coincidieron en el goteo de denuncias inútiles ante el Ayuntamiento desde hace lustros, y que el tardeo se ha extendido a las 24 horas dado que las terrazas inician el montaje a las 8 de la mañana y las discotecas cierran a las 7.30. Esto, dijeron, les obliga a convivir con el ruido en la calle a consecuencia de los locales de ocio, fiestas universitarias y despedidas de soltero desde los martes hasta los sábados.

El abogado del Ayuntamiento, Mariano Ibáñez, destacó que ningún local de ocio obtiene la licencia municipal de apertura si no está acondicionado contra el ruido y que el problema, por lo escuchado a las testigos, está en el ruido ambiental de las personas que se desplazan por las zonas de ocio. «¿Qué se puede hacer con la gente que grita? Es muy difícil a no ser que se produzca un escándalo público. Es algo cultural y utópico de legislar». No obstante, abogó por «atemperar para tener a los vecinos contentos sin cercenar la actividad turística de Alicante».

En un informe sobre la evolución del ruido ambiental en la calle López Torregrosa del pasado enero firmado por el jefe de Medio Ambiente del Ayuntamiento entiende que se dan los parámetros para estudiar la declaración de zona acústicamente saturada.

Fuga de residentes y cierre de comercios en favor de la hostelería

Las testigos insistieron en su declaración a preguntas de la fiscal en que la zona se está despoblando a consecuencia del ruido que les impide descansar y que obliga a los vecinos a instalar doble acristalamiento, a tomar pastillas y utilizar tapones. También hablaron de la fuga de comercio tradicional en favor de la hostelería. «Estamos hablando de la barbaridad de que alguien tenga 78,5 decibelios en su dormitorio», destacó el abogado de los vecinos tras escuchar a Araceli Martínez, que vive en Gabriel Miró, sobre una medición hecha en Hogueras.

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