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Manuel Fernández: «El odio en la pareja es una pasión más lúcida que el amor»

Esta tarde ofrece en el Club INFORMACIÓN una ponencia titulada «Qué se quiere en quien se ama»

Manuel Fernández: «El odio en la pareja  es una pasión más lúcida que el amor»

Manuel Fernández: «El odio en la pareja es una pasión más lúcida que el amor»

P «Qué se quiere en quien se ama» es el título de la ponencia que Manuel Fernández ofrecerá esta tarde en el club INFORMACIÓN. ¿Qué esconde esta frase?

R Habla de la elección de la pareja sexual y amorosa. A qué criterios responde. Parto de la sorprendente premisa que estableció el psicoanalista francés Jacques Lacan de que «no hay relación sexual». Lacan alude a que en el ser humano, a diferencia del mundo animal, no hay un saber preestablecido sobre cómo acceder al otro sexo. La sexualidad humana no está regida por los instintos, con lo que no hay más sexualidad que la desviada. Todos tenemos nuestra desviación sexual particular. No se puede elegir a quien amar. Cada uno de nosotros hemos tenido un primer encuentro con la sexualidad y este primer encuentro es traumático. No me refiero a la dimensión clínica del trauma, sino a que deja una huella imborrable. Y ese rasgo es el que va a determinar las selecciones en nuestra vida amorosa.

P ¿Este primer encuentro marcará la elección de nuestras siguientes parejas?

R Sí, condiciona y marca la repetición en nuestra vida amorosa. Es por esto que no se puede elegir a quien amar porque llevamos en nosotros lo que andamos buscando.

P ¿Y qué vamos buscando?

R Un rasgo particular que produce la atracción instantánea, el flechazo. El conocimiento del otro es en realidad un reconocimiento. Eso que elegimos en cada pareja y nos hace sentir amor en realidad es ese rasgo que es el rasgo de nuestro goce más intimo. Por eso el amor es un velo, una pantalla. El amor es el velo del goce. Lo que quiere decir que la sexualidad humana es fetichista, porque depende de un rasgo que adquiere el valor de un fetiche. Es más evidente en la sexualidad masculina, que normalmente depende de un rasgo erótico determinado para hacer la elección que cumple esa función de fetiche.

P ¿Y en el caso de las mujeres?

R Del lado de la mujer es más complicado ver un fetiche tan material. No suele ser un rasgo tomado del cuerpo del otro, sino que más bien encontramos la erotización del amor mismo. El amor cumple la función del fetiche, el ser elegidas.

P¿Que siempre busquemos lo mismo en cada pareja, puede ser la explicación a que haya personas que siempre caen en relaciones tóxicas?

R Sí, porque buscando que aparezca el signo de amor, si no se satisface, se insiste en la demanda y esto puede llevar al estrago o al maltrato. Como he dicho antes el amor es el velo del goce. La pregunta más inquietante que uno puede escuchar de su pareja sería «¿Cuándo gozas me amas?», porque en esta lógica fetichista, cuando estamos en la dimensión del goce, de algún modo la pulsión no se dirige a todo el otro. Solo en el delirio de amor podemos creer que dos hacen uno. Por eso el amor es aliado de la ignorancia. En este sentido podemos captar mejor lo que somos para el otro en la injuria que en las de amor.

P¿Cuándo nos peleamos salen los verdaderos sentimientos?

R Sí. El odio es una pasión más lúcida que el amor. El odio revela de modo más crudo lo que el otro es para nosotros.

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