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Doble aviso a Madrid en el 9 d'Octubre

Ximo Puig aprovecha su discurso institucional para reforzar la exigencia de un trato justo para la Comunidad con una nueva financiación autonómica y alerta: «La paciencia tiene un límite» - El jefe del Consell se queja de la «parálisis» que erosiona el «proyecto común» de España y pide «diálogo» para formar gobierno

El primer 9 d'Octubre tras las autonómicas del 28 de abril con la reedición del Pacte del Botànic se convirtió en la oportunidad que el presidente de la Generalitat, Ximo Puig, aprovechó para enviar no uno sino dos mensajes claros y nítidos a la clase política que ha fracasado en Madrid a la hora de formar gobierno y que ha conducido a España a la repetición de las elecciones del próximo 10-N. A un mes justo de volver a las urnas, sin restar culpa a los socialistas y a sabiendas de que su intervención se iba a incrustar en el debate de la precampaña, el jefe del Consell reclamó, de nuevo, trato justo para la Comunidad con la financiación. «La paciencia tiene un límite», advirtió. Pero también alertó de los graves riesgos de la ineficacia que ha provocado esta repetición electoral. «Necesitamos ya que España salga de la parálisis institucional», subrayó en el apartado mollar de su intervención.

Con esas dos frases se puede resumir un discurso institucional que, al margen de las referencias obligadas a los premiados del 9 d'Octubre y el recuerdo de la catástrofe de la Vega Baja, tuvo gran calado político. No solo por un escenario solemne como el Saló de Corts del Palau de la Generalitat, la importancia de la fecha en el calendario institucional de la Comunidad o la nómina de asistentes con el ministro José Luis Ábalos, mano derecha de Pedro Sánchez en el PSOE, sentado al lado de Pablo Casado, líder del PP, en la primera fila de una cita que ambos se tomaron como si fuera una ruta más de su campaña electoral. No solo por eso. La voz de Puig en la escena mediática y política tiene, en estos momentos, un valor por encima, incluso, del papel que juega la Comunidad en España. Con Pedro Sánchez en funciones y Andalucía en manos del PP y Cs, el jefe del Consell es el principal cargo institucional socialista y, además, el dirigente de la izquierda en toda España que lleva más tiempo -camino ya de cinco años- en un gobierno progresista de coalición junto a Compromís y a Podemos con diálogo y renuncias compartidas.

Tiene Puig, a día de hoy, la autoridad moral, por tanto, para poner sobre la mesa grandes debates que, en estos momentos, condicionan toda la agenda valenciana pero que, sobre todo, tienen su origen en los desajustes de la política española. Y lo hizo con dos serios avisos a Madrid. Primera cuestión. Reivindicar. Era una obligación para Puig, como desde que llegó al cargo, frente al maltrato que sufre la Comunidad en el reparto de la financiación y de las inversiones. Máxime cuando, además de pasar otro año sin ningún tipo de avance, el propio Pedro Sánchez, durante su primer acto de campaña en València hace unos días, echó tierra encima de este asunto al dejar abierta la reforma para los próximos cuatro años sin fecha ni ningún tipo de garantía. Así que, después de ese jarro de agua fría, Puig decidió elevar un poco más la presión. Al menos el tono. Estamos llegando al límite y la paciencia de la Comunidad, reconocida por todos como la más afectada por un sistema caducado desde 2014, está llegando a su fin, enfatizó el presidente de la Generalitat.

No dejó pasar la ocasión el jefe del Consell, por tanto, para meter la cuña sobre el que sigue siendo el gran problema de la Comunidad. Sin una financiación justa se está atacando la base del Estado del Bienestar, gestionado por las autonomías: la Educación, la Sanidad y los Servicios Sociales. Esa es la reflexión de fondo de Ximo Puig, que defiende el modelo autonómico como el parapeto que está sosteniendo el día a día de la atención a los ciudadanos en tiempos de ineficacia en Madrid. «Los valencianos llevan años, muchos años, reclamando un sistema de financiación autonómica que haga viable el autogobierno y asegure el trabajo y el bienestar que merecemos», exigió citando avances que han permitido ubicar la cuestión en el debate estatal pero que en todo caso, admitió, son insuficientes. «La paciencia tiene un límite. España necesita asumir que las singularidades son una riqueza. La igualdad real entre personas constituye el único camino para un proyecto común», reiteró.

«Interés general»

Comprometió, eso sí, responsabilidad para mantener la llama reivindicativa, únicamente, por «interés general» de los valencianos al tiempo que criticó, en alusión velada a Madrid, la deslealtad de aquellos territorios que se han convertido en «paraísos fiscales» dentro de España con bajadas de impuestos al beneficiarse de mejores ingresos por la financiación. Una referencia que sentó a cuerno quemado a Pablo Casado que, al finalizar el acto, salió a defender a un territorio que el PP controla junto a Ciudadanos y gracias a la ultraderecha. Pero aún estaba por surgir, en este 9 d'Octubre tan marcado por la cercanía de las elecciones generales, una segunda cuestión. La ineficacia de los partidos en Madrid como detonante de una parálisis que, como alertó Puig, supone un riesgo que golpea el proyecto común de España entendido desde la diversidad y la pluralidad.

Y tampoco se «cortó» el jefe del Consell en ese tema con una frase muy directa que nadie esperaba pero que si alguien puede hacer, por la continuidad del Botànic, es Puig. Así que el segundo hito de su mensaje, junto a la reclamación de un trato justo a Madrid, fue precisamente reprochar a la clase política que ha provocado esta repetición electoral, la crisis en la que está sumida España con el bloqueo para formar gobierno. Puig reivindicó el diálogo y la «palabra» para tender puentes en la política, algo que consideró clave para garantizar la democracia. «Necesitamos una España que salga ya de la parálisis institucional. Necesitamos de un gobierno estable y de un parlamento que entienda la diversidad territorial y garantice la igualdad entre los españoles», zanjó sin apuntar a nadie de culpable pero tampoco sin descartar ningún nombre de la ecuación para desconcierto de Ábalos y Casado, que luego, a preguntas de los periodistas, se dedicaron a echar balones fuera sobre la cuestión clave en las quejas ciudadanas sobre esta repetición electoral.

El jefe del Consell rechazó de plano las tendencias «recentralizadoras» y, como contrapunto, reclamó un reconocimiento de la diversidad de España con un papel clave para las autonomías en el futuro. Ximo Puig se mostró convencido, en el arranque de este nuevo mandato del Consell, de que esta segunda versión del Botànic podrá iniciar, tras cuatro primeros años de explicitar el «problema valenciano» como una parte de la agenda política, un proyecto que tenga como ejes la integración social, la atención a la emergencia climática y el crecimiento. Del problema a marcar soluciones. «Un nuevo renacimiento», proclamó el presidente de la Generalitat, al que, seguramente, le gustaría que el próximo 9 d'Octubre, se empezaran a vislumbrar soluciones. Será difícil. Y Puig lo sabe.

Cinco consellers se «estrenaron» en el acto institucional del Saló de Corts

Este primer acto 9 d'Octubre del segundo mandato del Botànic sirvió de «estreno» en esta cita institucional para cinco consellers del gobierno valenciano. Entre ellos, el vicepresidente segundo Rubén Martínez Dalmau, de Podemos, y la consellera de Transparencia y coordinadora de EU, Rosa Pérez, que precisamente tuvo que ser atendida de una fractura en el brazo cuando volvía de la procesión cívica. Los otros tres miembros del ejecutivo autonómico que se sentaban, por vez primera, en el escenario del Saló de Corts del Palau de la Generalitat fueron las ilicitanas Mireia Mollà y Carolina Pascual además del conseller de Infraestructuras, Arcadi España.

Una convocatoria a la «esperanza» de Miguel Hernández para la Vega Baja

Apenas 24 horas después del acto institucional que se celebró el pasado lunes en Orihuela organizado a medias por el Consell y la Diputación con motivo del día de la Comunidad Valenciana como gesto por el último episodio de lluvias torrenciales de mediados de septiembre, el presidente de la Generalitat, Ximo Puig, volvió a tener otro recuerdo para la Vega Baja en su discurso de 9 d'Octubre. Justo como arranque de la intervención que cerró el acto y en el único pasaje en el que utilizó el castellano, Puig comprometió de nuevo los esfuerzos de la administración autonómica para reconstruir la comarca, un mensaje que viene repitiendo en los últimos días pero que volvió a trazar en el acto más solemne de la agenda política anual de la Comunidad Valenciana. «Hoy comienza el tiempo de la esperanza», subrayó citando al poeta Miguel Hernández en presencia, entre otros, de Emilio Bascuñana, alcalde de Orihuela.

Unos premios que representan a toda la sociedad valenciana

Fue Mónica Oltra, secretaria del Consell, la que ejerció de maestra de ceremonias para glosar a los distinguidos en la jornada del 9 d'Octubre. Entre los premiados que aparecen en esta foto de familia, todos los servicios de Emergencias que han participado en la respuesta a los efectos del temporal que arrasó la Vega Baja a mediados de septiembre; los alcoyanos Camilo Sesto -a título póstumo y que recogió una de sus sobrinas- y Sol Picó, que no pudo acudir; la deportista benidormense Liliana Fernández; Aurelia Bustos, investigadora contra el cáncer del Hospital de Sant Joan d'Alacant; a Caja Rural Central de Orihuela; la empresa social «A Puntadas» de Elche; o la patronal autonómica CEV.

El relato de Oltra, música desde Alicante, aplausos y la primera fila

Las celebraciones oficiales se cierran hoy con un homenaje en Bruselas a todos los eurodiputados valencianos

En su discurso de bienvenida al acto institucional, la vicepresidenta del Consell y líder de Compromís, Mónica Oltra, puso en valor el escenario del Saló de Corts en el que se celebra el 9 d'Octubre como símbolo del autogobierno y destacó la «singularidad» de los valencianos, aseveró, como ciudadanos de Europa y del mundo. En línea con el presidente, Oltra comprometió la «obligación» de la administración para garantizar la igualdad de oportunidades y el respeto ambiental. «Trabajamos por una Comunidad con bienestar de la gente que vive aquí», subrayó Oltra antes de exigir, para poder cumplir con ese mandato que tiene el gobierno valenciano, la mejora de la financiación. «Queremos tener las mismas expectativas que el resto de ciudadados de España. Y eso supone que tengamos un trato justo como símbolo de igualdad», aseguró la vicepresidenta.

En una convocatoria de marcado carácter institucional, el «aplausómetro» de la entrada del Consell lo ganó por goleada Ximo Puig. Uno de los puntos de atención estaba en la presencia del líder del PP, Pablo Casado. Difícil de encajar en el protocolo toda vez que, en estos momentos, únicamente es un diputado en el Congreso y no con demasiada sintonía con la dirección autonómica de Isabel Bonig, cuyo liderazgo Génova tiene en la cuerda floja a la espera del 10-N. Finalmente, los servicios de protocolo de la Generalitat colocaron a Casado en un lugar de relevancia de la primera fila entre el ministro José Luis Ábalos y el delegado del Gobierno, Juan Carlos Fulgencio. Por delante de los expresidentes Lerma y Fabra.

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Un lugar que sobrevaloraba a Casado pero que, sin embargo, evitaba un problema. Algo que se evidenció durante la intervención de Oltra. Fue al único de los que estaban sentados en esos lugares de más relevancia al que no citó la vicepresidente aunque luego Puig si lo hizo con un escueto «jefe de la oposición» sin referirse a su nombre. Con Pedro Duque no hubo problemas de ubicación, solo estuvo en la procesión cívica de la Reial Senyera. Entre los alicantinos que acudieron a la cita el presidente de la Diputación, Carlos Mazón, y todos los que ostentan cargos autonómicos además del Síndic de Greuges, Ángel Luna, y de algún alcalde como Emilio Bascuñana, de Orihuela. Los himnos para poner punto y final al acto institucional sonaron, en esta ocasión desde Alicante, interpretados por solistas de la Orquesta Sinfónica del ADDA, como ocurrió en Orihuela. El PP, por cierto, polemizó sobre la decisión de À Punt de cortar la retransmisión del acto justo antes de que sonara el himno de España. Hoy, convocatoria en Bruselas con todos los eurodiputados de la Comunidad.

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