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El uso del avión a Barcelona se incrementa ante el retraso en las obras del Corredor Mediterráneo

El Prat se afianza como primer destino nacional desde El Altet y supera los 400.000 viajeros anuales mientras el tren se estanca en menos de 300.000, con la duración del trayecto como gran contratiempo

Usuarios del aeropuerto de Alicante-Elche en la zona de salidas de la terminal.

Usuarios del aeropuerto de Alicante-Elche en la zona de salidas de la terminal. JOSE NAVARRO

La dilación de las obras de modernización del Corredor Mediterráneo está contribuyendo a incrementar de manera significativa el tráfico aéreo entre Alicante y Barcelona, al mismo tiempo que se estanca el uso del tren. Los últimos datos publicados por el ente público Aena señalan que entre enero y septiembre 338.858 personas han viajado entre El Altet y El Prat o viceversa, un 11% más que en el mismo periodo del año pasado. La cifra provisional, a falta del último trimestre, casi supera ya a la del cierre de 2018, que fue de 355.632 pasajeros. El incremento registrado el año pasado en relación a 2017 fue del 17%.

Mientras tanto, el movimiento de pasajeros en tren entre las mismas dos ciudades permanece estabilizado en los últimos años en torno a los 300.000, aunque con una ligera tendencia a la baja. Esta conexión registró el año pasado unos 286.000 viajeros, según apuntan fuentes de Renfe; por su parte, en 2017 fueron 303. 216, según recoge el Anuario que edita la Fundación de los Ferrocarriles Españoles. A estos datos, no obstante, habría que sumar los usuarios de las estaciones de Villena, Elda, Elche y Orihuela, o el movimiento registrado entre la provincia y otras ciudades catalanas como Tarragona, que se recuentan de forma separada y por su volumen no se reflejan en las principales estadísticas publicadas.

En cualquier caso, y pese a que el uso del tren incluye más conexiones que la de Alicante a Barcelona, parece que el avión lleva las de ganar la partida en el tráfico de viajeros entre la provincia y Cataluña a tenor de su crecimiento en los últimos años. Resulta difícil establecer una razón concreta para ello, pero entre los diversos factores que pueden contribuir a que mientras tanto el tráfico de pasajeros en tren se estanque es probable que se encuentre la duración del recorrido. Frente a las cinco horas aproximadas que tarda como mínimo el tren desde Alicante hasta la capital catalana, el avión emplea unos 45 minutos entre El Altet y El Prat. Sumando los desplazamientos desde cada aeropuerto hasta la respectiva ciudad, el trayecto no supera por lo general las dos horas. Esta diferencia de tiempo de viaje puede hacer que un usuario se decante por ir en avión, sobre todo si encuentra un vuelo económico.

En el ferrocarril, junto a la duración del viaje las obras de modernización del Corredor Mediterráneo constituyen ahora mismo el principal contratiempo para que este medio de transporte sea más competitivo. Los trabajos de implantación del tercer carril entre València y Castelló han interferido sobre el tráfico y puntualmente han incrementado todavía más el tiempo de trayecto, acercándolo en algunos momentos a las seis horas. De hecho, uno de los motivos que apuntan fuentes de Renfe para el leve descenso de viajeros entre Alicante y Barcelona en 2018 es la incidencia de esos trabajos del tercer carril, entre los meses de junio y noviembre. Además, recuerdan la convocatoria de varios días de huelga por parte de trabajadores de la operadora y la consiguiente repercusión sobre el servicio, y aluden también al temporal de lluvias que afectó a la mitad norte de la Comunidad Valenciana en octubre del año pasado, y que también alteró el tráfico normal. En este sentido, es evidente que la gota fría del mes pasado, que ha interrumpido el servicio varios días en las provincias de Alicante y Valencia, también afectará a las cifras de viajeros de 2019.

Cabe esperar que la finalización de los trabajos que hay ahora mismo en Tarragona para eliminar el tramo de vía única entre Vandellòs y esa capital de provincia haga crecer el tráfico. Tal y como ha publicado este periódico, se prevé que el viaje se acorte en media hora. Eso sí, también conviene recordar que estas obras se iniciaron hace ya casi 20 años, y que durante ese tiempo la duración del recorrido desde Barcelona hasta València y Alicante, lejos de disminuir, ha aumentado ligeramente. Y pese a ello, durante varios años creció el uso de la línea; entre Barcelona y València se superó el millón de viajeros en 2014, con 1.005.928 en 2017 como última cifra disponible. Esa conexión y su prolongación a Alicante son las de mayor demanda de Renfe en ancho convencional.

Destinos a donde no llega el ferrocarril

Los aeropuertos peninsulares conectados con el de Alicante-Elche corresponden a ciudades a las que ir en tren es inviable

Dejando al margen los vuelos a Barcelona y Madrid, así como a las islas Baleares y Canarias, los destinos españoles conectados por avión con el aeropuerto de Alicante-Elche son ciudades a las que resulta inviable ir en tren porque no hay un trayecto directo o por su elevada duración. Así, hasta septiembre de este año se han movido 138.626 viajeros entre El Altet y el aeropuerto de Bilbao, casi un 40% más que en el mismo periodo de 2018. También hay un movimiento de pasajeros elevado y muy al alza con Santiago de Compostela: 119.954 personas hasta septiembre. Alicante está conectada por tren con la capital gallega una vez por semana, pero el viaje dura diez horas. Por su parte, 40.605 viajeros han ido de El Altet a Asturias o viceversa; el tren diario a Oviedo y Gijón emplea otras cerca de nueve horas en llegar. Mientras tanto, otras 46.292 personas han viajado a o desde Sevilla, ciudad a la que para llegar en ferrocarril es obligado ir primero a Madrid y tomar allí otro tren.

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