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«Fui con una embarazada al hospital, estaba muy asustada y no me soltaba»

Una voluntaria de Cruz Roja narra los momentos que vive en la atención a los inmigrantes que arriban en patera. Sanae explica que llegan «asustados y preguntan: ¿qué van a hacer con nosotros?»

Sanae, de pie con otros voluntarios, atiende a unos inmigrantes llegados a Tabarca.

Sanae, de pie con otros voluntarios, atiende a unos inmigrantes llegados a Tabarca. información

Alicante, siete de la tarde. Sanae Belkacem está en clase. En ese momento recibe un mensaje de Cruz Roja. «¿Puedes venir? Está a punto de llegar una patera al Puerto». Se levanta, se excusa ante el profesor y los compañeros y sale disparada. Sanae es una más de los cientos de voluntarios con los que cuenta la organización en la provincia para auxiliar a los inmigrantes que arriban cada año a las costas.

Esta joven marroquí realiza las labores de asistencia sanitaria y traducción de árabe y francés. Los equipos de atención a las pateras son multidisciplinares, desde enfermeros hasta socorristas, pasando por personal que realiza labor sanitaria y conductores de ambulancia. «Son personas a las que se llama en cualquier momento, si están disponibles acuden y participan, el centro de coordinación activa a los voluntarios más próximos en función de su disponibilidad, hay que poner en valor el trabajo que realizan», afirman fuentes de Cruz Roja.

Sanae llegó a tiempo de asistir a los inmigrantes, tras pasar por casa, coger lo imprescindible y explicarle a su hijo de 10 años que llegaría tarde. «Estaban en mal estado porque se había roto la patera, tenían quemaduras en los brazos porque decían que llevaban agarrados 2-3 días a la barcaza», afirma.

Cundo llega a la zona en la que están los inmigrantes, les encuentra asustados y con las cabezas gachas, pero en cuanto «les saludo en árabe, levantan la cabeza, empiezan a sonreír, hablamos y se relajan».

El protocolo de actuación de Cruz Roja cuando desembarcan consiste en proporcionar alimentación básica para que se estabilicen, galletas y zumos azucarados, porque presentan unos niveles bajos de azúcar en sangre. También les dan kits de vestuario básicos (chándal y ropa interior) porque llegan calados, con la ropa humedecida y tienen mucho frío.

«Lo más común es que sufran hipoglucemia leve e hipotermia y contusiones porque vienen hacinados en pateras pequeñas, dan bandazos en el mar, y una herida muy característica es la quemadura que se produce por la mezcla entre el agua salada del mar y el combustible, que provoca irritación en contacto con la piel en las piernas y glúteos», relata.

Sanae se ha encontrado durante su labor de voluntaria con historias muy duras: «Cuando veo a niños o mujeres embarazadas es muy difícil, una vez tuve que acompañar al hospital a una joven que estaba de cuatro meses, estaba muy asustada, no se podía separar de mí, no me soltaba y me cogía la mano con fuerza».

Los inmigrantes no son comunicativos, no dicen si vienen en un gran mercante y desde allí las mafias les sueltan en barcos pequeños, como es norma habitual. «Ellos no hablan mucho, hacen la pregunta del millón: ¿qué van a hacer con nosotros?», explica.

Lo intentan una y otra vez

A Sanae le impresiona que estos jóvenes, la mayoría chicos de entre 20 y 30 años, sean capaces de intentarlo una y otra vez por cumplir el sueño de una vida mejor. «Te encuentras con personas que no es la primera vez, a veces me ha pasado que veo caras que ya he visto antes, es muy fuerte».

Sanae, «una inmigrante más», entiende perfectamente por lo que están pasando porque ha tenido familiares que han pasado por la misma dura experiencia: A veces les pregunto si merece la pena el sufrimiento y uno me contestó que había visto a gente morir en el mar y que ya no lo intentaba más»:

Esta voluntaria de Cruz Roja reconoce que le resulta muy difícil desconectar del drama diario. «No sé qué pasará con ellos, le doy vueltas, una mujer me llegó a decir que si la devolvían a su país, se suicidaba, y esa frase me impactó, no se me iba de la cabeza, pero al final tienes que tener un autocontrol de las emociones», narra.

A su hijo no le oculta lo que hace «y él se queda impactado por lo que le cuento, pero es que este drama es la realidad y hay que conocerlo».

«Somos tan rápidos como la emergencia lo demanda»

«Somos tan rápidos como la emergencia lo demanda»El dispositivo de emergencia depende del tiempo transcurrido entre el aviso del hallazgo de una patera y la llegada a puerto. Por ejemplo, si un pesquero alerta de una barcaza a 50 millas de la costa, Salvamento Marítimo estipula que se tarda cuatro horas y que van a ir a Alicante o Santa Pola, «da tiempo de sobra a movilizar el equipo». Por contra, si la patera ha llegado ya a la costa, «tenemos la capacidad de estar en muy pocos minutos, somos tan rápidos como la emergencia lo demanda».

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