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Díez Navarro: «La diversidad, algo tan de moda, se puede trabajar de forma fortuita»

Durante 34 años ha ejercido de coordinadora pedagógica en la Escuela Infantil Aire Libre de Alicante

Díez Navarro: «La diversidad, algo tan de moda, se puede trabajar de forma fortuita»

Díez Navarro: «La diversidad, algo tan de moda, se puede trabajar de forma fortuita»

Se trata de hablar sobre la actualidad educativa en las aulas, pero la autora de «Caramelos de violeta» no renuncia a explicar el origen del título de su última recopilación de artículos publicados en el diario INFORMACIÓN. «Me los regaló una amiga que venía de Madrid, los caramelos, y eran lo más novedoso entonces. Cuando los chupas brillan como un pequeño símbolo de lo que vale la pena y te endulzan la vida, como la historias reales que recojo a modo de crónica, como unos diarios de mis clases», explica.

P De su experiencia pedagógica puede decir que ha sido ¿más dulce o amarga?

R Las situaciones han podido resultar peor o mejor a nivel pedagógico, pero sobre todo son cosas de las que piensas que ojalá no se te olvide la sensación de vida que dejan. No quiero decir que no pasen cosas no tan dulces en la escuela, porque las hay duras o que chirrían, pero como dice la psicóloga que prologa el libro, sueno tan práctica que parece que pierda mérito. Todo lo que hago tiene que ver con una teoría, no se improvisa, pero escuchando se pueden aprovechar todo tipo de peripecias.

P ¿Peripecias en el aula? Ponga algún ejemplo por favor.

R Como la de un nene recién operado de un riñón que tenía mal el otro, y se sabía. Un día hubo follón en el patio y entró llorando porque se habían metido con él porque solo tenía un riñón. Son chiquillos, no son malos, solo menos reprimidos que nosotros, y el ofendido había pasado de ser un héroe en su casa, cargado de autoestima, a ser señalado. Quedó afectadísimo y se me ocurrió hablar de todo lo que tenemos repetido o no en el cuerpo, para señalar la suerte de tener dos riñones. A partir de un suceso afectivo trabajaron durante semanas con la partes del cuerpo, incluso vinieron padres especialistas de los ojos o del cerebro para instruir mucho más de lo que tocaba a nivel curricular. El tema del niño con un riñón salió para hacer ver que no era ser menos, sino de otra manera.

P Abordó la diversidad sin comerlo ni beberlo.

R Un tema que ahora está tan de moda salió de forma fortuita, con una peripecia. Si estamos sensibilizados a escuchar, lo que pasa se puede aprovechar mucho en el aula. Si no llega a ser así no habrían aprendido ni la mitad de lo que toca con el plan rutinario del cuerpo humano.

P ¿La escuela lo enseña todo o se deja algo a la familia?

R Ahora mismo la escuela es un cajón de sastre. Me llegaron un montón de folletos del Ayuntamiento sobre la mujer maltratada, pero pensé que si un niño no lo ha visto en su vida no correspondía tratarlo. La escuela tiene un cometido de socialización importantísimo pero lo primero es aprender cómo es uno mismo y los otros, cómo relacionarse, antes que la educación vial por ejemplo, porque todo en esta vida no se puede solventar en la escuela. Si alguno se sobresalta porque ha oído que un padre pega a una madre, hay que acercarse a curar las heridas pero no indiscriminadamente.

P ¿Y la educación sexual y de género, cuándo abordarlas?

R Desde el primer momento, pero sin encorsetar sino de forma natural, según pasa, porque saben que tienen un cuerpo, que se tocan, se miran, se echan arena por la barriga y sienten placer. Pueden conocer las sensaciones de su cuerpo, pero no hurgarse con ramitas, por ejemplo. No podemos seguir como hace siglos prohibiendo juegos sexuales que no tienen importancia porque se están conociendo, no hay por qué introducirles ideología represiva, y atenderles según vayan preguntando, acompañándoles en su recorrido sin miedo. Si preguntan si los chicos pueden casarse con chicos, se les dice que ahora sí pero antes no, sin más tratados de ética o moral, sino dándonos cuenta de que empiezan a vivir.

P ¿Y qué opina del furor de los jóvenes por el juego online?

R Es consecuencia de la falta del juego natural con el que uno deja volar la imaginación, aprende y se vuelve creativo ¿Y cómo llegamos a ese otro tipo de juego?, por la sociedad tan narcisista del momento actual, que borra lo triste y lo pasado, evita el pésame o ir al hospital si hay alguien enfermo. A los niños se les pinta un mundo de color de rosa y se acentúa el grado narcisista dando a un botón. El niño se mete en ese mundo de «hago lo que quiero» y surge una manera de jugar a arriesgarse con poco dinero. En el momento en el que descubren que el dinero vale, se meten en eso como en el móvil, a bocados, y no pueden salir de ahí. Lo conlleva el momento social en el que todo es perfeto y general. La relación se deshumaniza por días y el tiempo de juego se liga con la excitación y el riesgo, la cosificación y la falta de respeto.

P ¿Cómo evitarlo?

R Cuando son pequeños no se da uno cuenta de que no todo lo pueden hacer, y de que si no se ponen normas claras irán haciendo lo que quieran, sin ley. No son el único ser que impera en el mundo. No hay tiempo de decir que no para no castigarse a uno mismo, pero con la manera permisiva tan moderna que tenemos de tratarles, les confundimos.

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