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Contracrónica

Póngame a los pies de su santa esposa

Asistir al pleno siempre merece la pena porque desde que está Sanguino son muy instructivos

Francesc Sanguino (PSOE), a la derecha, conversa con Adrián Santos Pérez (Ciudadanos).

Francesc Sanguino (PSOE), a la derecha, conversa con Adrián Santos Pérez (Ciudadanos). aLEX DomíNGUEZ

Lo mejor que se puede decir del pleno de ayer en el Ayuntamiento de Alicante es que acabó relativamente pronto. No pasará a los anales de la historia municipal. Ni fue interesante ni decisivo ni divertido ni político ni agresivo ni tenso. Simplemente hubo puro tedio; sin negar algunos destellos, gracias a la ironía en forma de estilete verbal del portavoz del PSOE, Francesc Sanguino, y al proverbial sarcasmo del alcalde, Luis Barcala (PP).

Los concejales alicantinos sacaron lustre con creces a la reflexión del poeta portugués Fernando Pessoa plasmada en su Libro del desasosiego: «La única actitud digna de un hombre superior es el persistir tenaz en una actividad que se reconoce inútil». En estos términos cabría afirmar que el pleno del mes de noviembre estuvo a la altura de la máxima dignidad por su gran inutilidad.

Entre lo poco que se aprobó con aplicación práctica está la ordenanza de protección de animales, a propuesta del equipo de gobierno del PP y Ciudadanos, y que el Castillo de Santa Bárbara luzca de rojo el domingo con motivo del Día Internacional de la Lucha contra el VIH, a propuesta de Unidas Podemos. También habría que aplaudir que se aprobara, por unanimidad, una bonificación del impuesto de construcción a la Asociación de Padres de Autistas que pretende levantar una «vivienda tutelada de respiro». El resto fue, poco más o menos, juegos florales. Se votaron asuntos, pero debido a que se presentaron como declaraciones institucionales su aprobación no compromete al equipo de gobierno.

¿Se equivoca la oposición en la forma de presentar los asuntos? Ni mucho menos. Gracias al portavoz de Unidas Podemos, Xavier López, y del de Vox, Mario Ortolá, se descubrió que ellos presentan mociones y luego aparecen en el orden del día como ruegos (que no requieren debate) o como declaraciones institucionales, que son eso, declaraciones. Nada que ver con el compromiso que se adquiriría si se aprobara una moción. ¿El responsable de la argucia? Según Xavier López, el alcalde. «Aquí se nos cambian las iniciativas de manera reiterativa y discrecional, como si fuera un cambio de cromos. Se hace de forma torticera y se nos somete a un trágala. Bajo su mandato (por Barcala), hay una baja calidad democrática», espetó el carismático podemita, sin que el popular replicara.

La triquiñuela permite al primer edil alicantino tratar algunos asuntos que se le plantean y que no le gustan para nada de una manera, digamos, más discreta. Por ejemplo, Vox, gracias a cuyo apoyo pudo sacar adelante el PP y Cs la ordenanza de animales, presentó una demagógica moción para la retirada de la subvención a los grupos políticos municipales. Al alcalde no le gustó por ser, como él mismo reconoció, «un debate contraproducente». La pasó directamente a ruegos, apartado en el que no cabe dicho debate, y finalmente acabó siendo tratada por urgencia como declaración institucional.

Hay que reconocer que declaraciones institucionales hubo siempre en los plenos, pero con comedimiento y sobre asuntos verdaderamente institucionales. Ahora se abusa. Quizá el nudo gordiano de tan anodido pleno esté precisamente en que el equipo de gobierno es consciente de que hay poco en juego, con lo que no se emplea a fondo.

Quien es innegable que sí lo hace es el concejal de Compromís Rafael Mas. Aspira a convertirse en el azote de la oposición pero en sus críticas al equipo de gobierno deja descolocado y en mal lugar, en algunas ocasiones, a su compañero de partido Natxo Bellido, «ese señor que está a su lado», para la concejal del PP, Julia Llopis. Cuando se le reprocha a Mas que algunas de las cosas que demanda las pudo acometer su partido cuando gobernaba en el tripartito, hasta en dos ocasiones expresó por lo bajo un «yo no estaba», para evidente disgusto de Bellido.

En cualquier caso, asistir al pleno siempre merece la pena porque desde que está Sanguino son muy instructivos. Las intervenciones del socialista siempre te llevan a buscar en el diccionario alguna palabra que desconoces. Ayer fueron dos: «incuria» (negligencia, apatía), de lo que acusó al equipo de gobierno; y «enfitéutica» (cesión perpetua por largo tiempo). El culto portavoz socialista, a quien los menos dotados en el Ayuntamiento critican por su ego pese a que es difícil encontrar un político que no tenga un gran ego con independencia de su formación, no deja pasar ni una. Cuando el concejal Antonio Manresa (Ciudadanos) se atrevió a calificar como líder de la oposición al portavoz de Compromís, Natxo Bellido, Sanguino saltó: «El único líder de la oposición carismático, a la par que elegante y divertido, soy yo», replicó el socialista.

Los dardos verbales del concejal del PSOE alcanzaron a los dos ediles de Vox. El portavoz del partido de ultraderecha, Mario Ortolá, aseguró que «la genética del PSOE como partido es pisotear las libertades de los españoles», que los socialistas «sueltan memeces a diestro y siniestro», que «la izquierda tiene la costumbre de meter la mano en el bolsillo del contribuyente» y definió a Pablo Iglesias como un «enano millonario con coleta». Sanguino contraatacó: «Esa caterva de ultras de capirote ecofriendly (los de VOX apoyaron la declaración para actuar contra la emergencia climática), santa compaña zombi que les persigue» y remató mirando a los ojos de un serio y ruborizado Ortolá: «Póngame a los pies de su santa esposa», en referencia a la portavoz de Vox en las Cortes Valencianas, Ana Vega.

La frase quedó grabada, así como la del también socialista Manuel Martínez: «Mi padre me dijo que cuando ves algo que se parece a un pato, tiene un pico de pato y se mueve como un pato, posiblemente sea un pato. Cambien pato por extrema derecha. Ustedes (por Vox) dicen cuac».

«Ay, señor», se atrevió a suspirar un sufrido asistente al pleno.

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