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El calentamiento global amenaza los 20.000 millones que generan el turismo y la agricultura al año

Los expertos reclaman medidas parar preparar las ciudades ante el aumento del bochorno en verano, que puede retraer la llegada de visitantes europeos

Veinte mil millones de euros al año, miles de empleos y una contribución del 18% al PIB de la provincia. Esta es la riqueza que generan en la provincia el turismo (16.000 millones y el 16% del PIB) y la agricultura (4.000 millones y el 2% del PIB), dos sectores económicos clave que son ahora mismo los más amenazados por el incremento de la intensidad de la crisis climática, que esta semana se analiza en la Cumbre Mundial del Clima en Madrid y tiene en el Mediterráneo una de las zonas del planeta más amenazadas. Ayer, la Universidad de Alicante se sumó a la efeméride global con una concentración de alumnos y una mesa redonda protagonizada por los catedráticos Jorge Olcina y Fernando Tomás Maestre, autoridades europeas en el estudio del clima y la erosión. Ambos expertos coincidieron al advertir que el aumento del rigor del clima en la provincia con incremento de las temperaturas, nivel del mar y reducción de las lluvias va a afectar directamente al turismo, debido al buen tiempo que se instalará en Europa durante los veranos, que serán tórridos y a la agricultura, básicamente por la falta de agua. Todo, no obstante, a cincuenta/cien años vista, aunque se debe empezar a tomar medidas ya. En cuanto a la agricultura, en el Instituto Valenciano de Investigación Agraria se trabaja fundamentalmente en mejorar las técnicas para reducir el consumo de agua en los cultivos, así como para adaptarlos a la salinidad. Ahora mismo se trabaja con la viña, la granada, mango, alcachofas, pimientos, el caqui y ciertas variedades de cítricos.

En cuanto al impacto negativo sobre el turismo, los expertos aseguran que el verano arrancará antes y se prolongará hasta noviembre en la provincia, pero también será mucho más severo en cuanto a olas de calor, bochorno. En definitiva, lo que los climatólogos denominan «disconfort climático». Mientras, en el centro de Europa y el Reino Unido cada año hará mejor tiempo, lo que provocará que los turistas se lo piensen más a la hora de planificar sus vacaciones. Jorge Olcina, director del Laboratorio de Climatología de la Universidad de Alicante, recordó, en este sentido, que desde1950 se ha registrado un incremento de 0,8º en la temperatura media de la provincia. «Por lo tanto, el margen para cumplir los 2º de aumento máximo del Acuerdo de París cada vez es menor», aseveró el geógrafo.

Otra de las derivadas negativas de la emergencia climática en la provincia es el incremento notable de las «noches tropicales», cuando la temperatura mínima no baja de los 20º, que se han multiplicado por cuatro o cinco desde 1980 en muchas localidades del litoral. Esto supone una pérdida progresiva de confort climático aspecto esencial para el desarrollo turístico y obligan a trabajar más aún en el hecho de que la provincia sea un destino turístico potente.

También es notable, el cambio en la estacionalidad de las lluvias, con un descenso en la primavera y un aumento en otoño. Esto es especialmente notable en la mitad este de la península Ibérica y supone un dato trascendental para la planificación del agua de nuestro país. La lluvia de primavera es fundamental para planificar el elevado gasto del agua de primavera y verano en las zonas de costa mediterránea (agricultura y turismo). El calentamiento de la atmósfera también es responsable del cambio en las pautas de la lluvia, con un aumento de las precipitaciones intensas o torrenciales, que resultan poco aprovechables y que, por el contrario, generan daños.

Y junto a ello, «un incremento muy preocupante de la temperatura del agua del mar Mediterráneo. Desde 1980 ha aumentado su temperatura en 1,3º, lo que es una magnitud enorme a efectos climáticos», señaló Olcina.

Todas las actividades económicas se van a ver afectadas por la realidad de unas nuevas condiciones climáticas, más cálidas y con comportamiento atmosférico más incierto y en ocasiones extremo. Es cierto que la agricultura y el turismo son las más expuestas a los efectos del calentamiento, por lo que, según los expertos, van a tener que modificarse las pautas de planificación y gestión hídrica.

«En un contexto de cambio climático van a ser más difíciles los trasvases de agua y las soluciones a la carencia -coyuntural o estructural- del agua en los territorios debe cimentarse en una buena gestión y gobernanza de los recursos propios. Reutilización de aguas residuales depuradas y, en caso de mayor escasez, desalación subvencionada para la agricultura», subrayó Jorge Olcina.

Las ciudades también deben adaptar su planificación urbanística al cambio climático. El diseño urbano tiene que incorporar medidas para mejorar el confort climático y para asumir los episodios atmosféricos extremos que van a tener una presencia mayor en las próximas décadas. Asimismo, los ayuntamientos deben apostar por el suministro con energías limpias en el medio urbano.

Hay ejemplos internacionales y españoles de buenas prácticas en materia de adaptación de los territorios al cambio climático. Países y comunidades autónomas llevan trabajando desde hace años en la planificación regional y urbana teniendo en cuenta el cambio climático. «Es el caso de Holanda, con Rotterdam como paradigma, de Dinamarca, Finlandia, Australia, Nueva Zelanda o Japón. O en nuestro país, son ejemplos de buenas prácticas con políticas efectivas de adaptación al cambio climático el País Vasco, Cataluña y la Comunidad Valenciana con el Pativel, pero debe velar porque se cumpla lo establecido», aseveró el climatólogo.

Por otro lado, en el campo de la agricultura, el Instituto Valenciano de Investigaciones Agrias se ha convertido en los últimos años en una especie de «Silicon Valley» agrícola en el que un equipo de científicos trabaja, al igual que en la estación agrícola de Elche, para lograr el milagro de que los agricultores puedan mantener sus cosechas en cantidad y calidad reduciendo el consumo de agua. Se trabaja con la viña, la granada, alcachofas, el caqui y los cítricos.

Se calcula que en los próximos 50 años las lluvias se van a reducir en un 30%, la disponibilidad del agua de los trasvases está como está, y el agua desalada tiene precios prohibitivos. Para prevenir las consecuencias desde la Conselleria de Agricultura se trabaja en dos líneas: el riego denominado «riego deficitario» y en mejorar las técnicas para luchar contra la salinidad.

Los principales efectos que se esperan son la reducción de la disponibilidad de agua (aumento de los periodos de sequía) y el aumento de la temperatura. Como consecuencia de ello se espera un incremento de la salinización de los suelos que afectará notablemente a los cultivos.

Las líneas de trabajo del instituto se centran en cuatro áreas. La reducción del consumo de agua con ensayos de cultivos y la optimización del riego frente a la salinización de los suelos, la producción de patrones y variedades resistentes a la sequía, como es el caso de la mandarina, y a la salinidad (pimiento y caqui), la investigación sobre los genes que inciden sobre la resistencia a la sequía y la salinidad y, por último, la producción de variedades de fruta (melocotones y nectarinas), que requieren de menos horas de frío, pues otra de las derivadas del cambio climático es el aumento de las temperaturas. Los árboles de hoja caduca necesitan, por ejemplo, acumular en el invierno un número mínimo de horas de frío para la ruptura del reposo y salir del letargo.

En cuanto al riego deficitario, consiste en acostumbrar a la planta a recibir agua cuando realmente lo necesita, ya que hay periodos del año en que no hace falta o el agua necesaria es mínima. Labor similar se desarrolla para lograr cultivos resistentes a la salinización del suelo, un fenómeno relacionado con el aumento de las temperaturas y la disminución de las lluvias.

Fernando T. Maestre: «El buen tiempo en Alemania y el Reino Unido nos restará interés turístico»

Cuenta con el premio al rendimiento académico de la Generalitat. Tras su paso por la Universidad de Duke se incorporó a la Universidad Rey Juan Carlos, donde es Catedrático de Ecología (en excedencia). En mayo de 2019 se incorporó como investigador a la UA, donde dirige el Laboratorio de Erosión.

Fernando T. Maestre Gil fue premio extraordinario de licenciatura. Cuenta con el premio al rendimiento académico de la Generalitat. Tras su paso por la Universidad de Duke se incorporó a la Universidad Rey Juan Carlos, donde es Catedrático de Ecología (en excedencia). En mayo de 2019 se incorporó como investigador a la UA, donde dirige el Laboratorio de Erosión.

P ¿Cómo piensa que puede afectar a la provincia de Alicante la crisis climática?

R El cambio climático va a afectar de forma muy directa e impactará intensamente en sus paisajes, actividad económica y calidad de vida. Sin entrar en detalle, porque los efectos que se esperan son muy numerosos, podemos destacar algunos de los más importantes.

P Adelante.

R Debido a la subida del nivel del mar distintas zonas del litoral alicantino se inundarán. El aumento de temperaturas y del número de noches tropicales durante el verano, unido a que el verano en Alemania y Reino Unido -mercados turísticos fundamentales- será más parecido al que teníamos hasta ahora. Esto traerá consigo que la provincia, como destino, pierda interés turístico.

P ¿Hasta el punto de perder turistas en la Costa Blanca?

R Vendrán menos visitantes porque muchos se quedarán en sus países de origen y, además, será menos agradable el pasar el verano aquí con temperaturas más elevadas de las que ya tenemos. Ello también disparará el consumo de agua, un bien que a día de hoy es muy escaso. Y la frecuencia de eventos climáticos extremos como las inundaciones ocasionados por la DANA que asoló la Vega Baja el pasado mes de septiembre aumentará, con todos los problemas que ello conlleva.

P Como experto en el estudio de zonas áridas, ¿es quizás éste el principal problema en la provincia de Alicante?

R Sin duda. Nos enfrentamos a un reto. Evitar que la temperatura media global suba por encima de 1,5 ó 2 º es importantísimo, porque puede alterar de manera drástica nuestro modo de vida y paisaje tal como lo conocemos hoy en día.

P ¿Tiene que cambiar algo la agricultura ante un escenario de reducción de lluvias?

R Me temo que no tendrá más remedio. El cambio climático traerá en las próximas décadas sequías e inundaciones más intensas y frecuentes lo que, unido a una menor disponibilidad hídrica por el aumento de la evaporación y la disminución de las precipitaciones, y a la sobreexplotación y salinización de muchos acuíferos, afectará notablemente a la actividad agrícola. El regadío tal como se viene practicando en zonas del sudeste de España difícilmente podrá sostenerse en el futuro.

P ¿Le preocupa el aumento del nivel del mar y los efectos que puede tener en la costa?

R Sin duda. Es un riesgo real que va a afectar a numerosos enclaves de nuestra costa. La magnitud del deshielo de los casquetes polares, y de la subida del nivel del mar dependerán del aumento de temperatura global por lo que hemos de hacer todo lo que esté en nuestras manos para que éste sea el menor posible.

P ¿ El hecho de que en el Mediterráneo pasemos de frío ártico a noches tropicales en solo una semana es normal?

R Tenemos que tener en cuenta que el clima tal como lo conocemos hoy en día está cambiando a una velocidad de vértigo, por lo que lo que es o era normal hoy en día, o hace unos años, pronto dejará de serlo, por lo que tenemos que estar preparados.

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