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La extracción de agua para la desaladora reseca el humedal de Agua Amarga

La instalación capta el caudal de unos pozos subterráneos donde se filtra el agua del acuífero que hay debajo del saladar

El saladar de Agua Amarga ha cambiado radicalmente en tan solo dos meses.

El saladar de Agua Amarga ha cambiado radicalmente en tan solo dos meses. Rafa Arjones

La extracción de agua del acuífero submarino que hay debajo del saladar de Agua Amarga durante las operaciones para desalar agua en las dos plantas de Alicante ha provocado que el humedal haya perdido su nivel de agua en solo dos meses, y lo que era un vergel en septiembre se ha convertido en una especie de secarral en plena época de lluvias, cuando en octubre llegó tener charcas con un metro de profundidad. Si se recuperara la entrada de agua del mar, como cuando había una explotación salinera, el efecto negativo de la planta desaladora desaparecería.

La Asociación de Amigos de los Humedales del Sur de Alicante ha presentado, en este sentido, esta propuesta en el periodo de alegaciones al programa de paisaje del tramo del Pativel Alicante-Elche. Además, así desaparecería el problema de los mosquitos y el Saladar podría albergar especies de peces. El problema es que la desaladora, adscrita a la Mancomunidad de Canales del Taibilla, incumple las condiciones de explotación que le obliga a mantener una lámina de agua, según denunció ayer Miguel Ángel Pavón, portavoz de Amigos de los Humedales del Sur.

La imagen que ofrece el Saladar de Agua Amarga estos días, justo cuando la zona se ha visto «beneficiada» por un episodio de lluvias copiosas gracias al último caso de gota fría, es desoladora. Ha desaparecido la lámina de agua, lo que afecta a la fauna y flora del paraje protegido por la Generalitat. «El problema es que la desaladora está captando el agua de pozos subterráneos que están conectados con el acuífero subterráneo del que se alimenta el saladar. Ya se advirtió en su día y en la construcción de la segunda planta se introdujeron medidas correctoras, que se concretan en la obligación de que la desaladora inyecte agua al saladar, algo que no realiza regularmente», denunció ayer Miguel Ángel Pavón, portavoz de la Asociación de Amigos de los Humedales.

La desaladora no capta directamente el agua del acuífero vinculado al saladar, pero sí de unos pozos que se perforaron en su día para que el caudal fuera de mejor calidad, ya que el agua del mar en la bahía de Alicante presenta problemas puntuales de calidad por los problemas puntuales provocados por los vertidos de agua desde la planta de Rincón de León.

Los ecologistas aseguran, en este sentido, que la inundación de parte del saladar con agua marina debe ser un elemento fundamental del programa de paisaje contemplado en el Pativel en el que se quiere proteger aún más el humedal. «La recuperación de una lámina de agua permanente en una parte del saladar, la parte más cercana a la vía litoral, mediante la recuperación del flujo de agua marina en su interior, debe ser una de las principales medidas del programa de paisaje, muy vinculada también a la recuperación de la avifauna del saladar», señalan los ecologistas en el su alegación.

Se trataría de recuperar parte del antiguo paisaje de las Salinas de El Altet, que funcionaron en el paraje hasta finales de los años 60 del pasado siglo. Una medida que debería haber formado parte, según Pavón, del proyecto de restauración y mejora medioambiental de los bienes de dominio público marítimo-terrestre de las denominadas Salinas de Agua Amarga, en el término municipal de Alicante.

Bienes deslindados mediante orden ministerial publicada en el Boletín Oficial de la Provincia de Alicante el 30 de julio de 2005, que incluía ordenar al servicio de Costas en Alicante la redacción de ese proyecto, «sin que a día de hoy, más de 14 años después de dicha orden, sepamos nada de dicho proyecto», aseveró Pavón.

El programa de paisaje puede ser el instrumento para conseguir esa restauración y mejora medioambiental proponiendo la recuperación del flujo de agua marina hacia el humedal a través de la recuperación de las comunicaciones del mar con la antigua explotación salinera. Además, la inundación permanente de parte del Saladar con agua marina reducirá sensiblemente, según los ecologistas, la actual necesidad de aplicar tratamientos, biológicos o no, contra la proliferación de mosquitos, además de permitir la introducción de especies de peces protegidas, e incluso en peligro de extinción. Por otra parte, se compensaría el actual efecto negativo causado por la desaladora de Agua Amarga en el nivel freático del acuífero asociado al saladar, «como ya se comentado varias veces en el programa de paisaje».

El saladar se encuentra a unos 4,5 kilómetros al sur de Alicante, entre la Sierra de Colmenares y la pequeña elevación de El Altet. Pertenece en parte Elche (79 hectáreas), pero la mayor extensión está Alicante (171 hectáreas).

Francisca Baraza, presidenta de la Mancomunidad de Canales del Taibilla, asegura por su parte, que no tienen constancia de que la desaparición del agua haya causado impacto ambiental y que la estado del humedal está controlado por biólogos de la Universidad Politécnica de Cartagena con la que tienen firmado un convenio para el seguimiento del humedal.

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