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Las muertes superan a los nacimientos en 106 de los 141 municipios de la provincia

Casi todas las localidades con un saldo vegetativo positivo tienen un gran contingente de población joven por su actividad económica o su proximidad a cabeceras comarcales - Solo en el Baix Vinalopó nacen aún más personas de las que fallecen

Vista de la Plaça de Baix de Elche, de las pocas ciudades de la provincia con más nacimientos que defunciones y donde la diferencia entre unos y otras es más alta. Matías Segarra

La cada vez mayor escasez de nacimientos, hasta quedar muy por debajo del número de defunciones, tiene también su traslación a nivel local. El saldo vegetativo negativo en el conjunto de la provincia -y que sigue la tendencia general de España- no se debe al envejecimiento de una parte en concreto del territorio, sino que es algo generalizado. Más bien al contrario, los lugares donde nacen más personas de las que fallecen se han convertido en una excepción. Los datos difundidos hace unos días por el Instituto Nacional de Estadística (INE) muestran que únicamente en 30 de los 141 municipios alicantinos los nacimientos superaron el año pasado a las defunciones.

Por el contrario, en los Registros Civiles de otras 106 localidades se anotaron más óbitos que alumbramientos a lo largo de 2018 (en las cinco restantes el saldo fue cero), incluidas casi todas las de mayor población. Las únicas excepciones entre los municipios con más de 50.000 habitantes fueron Elche y San Vicente del Raspeig. En la capital del Baix Vinalopó nacieron 1.980 niños y niñas, frente al fallecimiento de 1.869 individuos. Por su parte, en la principal población del área metropolitana de Alicante las cifras fueron, respectivamente, de 448 y 404.

Tanto Elche como San Vicente han tenido históricamente un crecimiento vegetativo importante. Ambas localidades cuentan con un contingente muy importante de población joven, en edad de tener descendencia, más numeroso que el de las personas de mayor edad, cosa que no ocurría en otros municipios. Además, la segunda ciudad de la provincia y de la comarca de l'Alacantí tienen cada una un rasgo muy característico, aplicable a otras poblaciones: por una parte, Elche tiene una actividad industrial muy dinámica y, por otra, San Vicente resulta muy atractiva por su proximidad a Alicante, así como por los servicios que ofrece y un coste de la vivienda más bajo que en la capital.

Estos factores han sido a lo largo de las últimas décadas clave para que Elche y San Vicente destacaran por su crecimiento natural, y lo siguen siendo para que los dos municipios se hayan convertido en excepciones destacadas en medio de una tendencia negativa. Eso sí, la diferencia entre nacimientos y defunciones en ambas localidades, 111 y 44, respectivamente, es notablemente más baja que en años anteriores. Para comprobarlo basta con mirar los datos de 2017: entonces, en Elche hubo 449 alumbramientos más que muertes, y en San Vicente 158. Por ello, y en vista de la coyuntura, no parece descabellado aseverar que estas dos poblaciones tienen todavía crecimiento natural pero que es probable que dejen de tenerlo en un futuro próximo.

Del resto de municipios que el año pasado registraron más nacimientos que defunciones, la mayoría comparten rasgo característico con Elche o con San Vicente: se trata de poblaciones que cuentan con una actividad económica importante -lo mismo da en industria que en agricultura o servicios- o próximas a su cabecera comarcal. Uno y otro rasgo son determinantes para que haya mucha población joven y que, en consecuencia, se den condiciones más favorables para una mayor natalidad.

Así, entre los 30 municipios alicantinos con crecimiento vegetativo están la Nucia, Finestrat y Polop, mientras que en la cercana Benidorm hubo el año pasado 481 nacimientos frente a 556 defunciones. También destacan, como poblaciones importantes, Santa Pola y Crevillent, cuyas cifras hacen que el Baix Vinalopó sea la única comarca de la provincia con crecimiento demográfico natural. No obstante, si hay un territorio que sobresale en este aspecto es la Vega Baja, ya que en 13 de sus municipios el año 2018 terminó con un saldo positivo: Albatera, Almoradí, Benferri, Bigastro, Callosa de Segura, Catral, Cox, Dolores, Granja de Rocamora, Pilar de la Horadada, Rafal, Redován y San Isidro. En el interior, Aspe, Muro y Onil son las únicas localidades significativas con saldo positivo -aunque exiguo en todos los casos-, y en la Marina Alta ocurre lo mismo con Ondara.

Asimismo, hay que considerar el carácter industrial de l'Alqueria d'Asnar como probable clave para que esta localidad de apenas 500 habitantes haya tenido más nacimientos que defunciones. En otros municipios de ese tamaño o incluso más pequeños, en cambio, puede atribuirse más a la circunstancia de que se han producido pocos o incluso ningún fallecimiento y que, por el contrario, ha nacido algún niño. Es el caso de Alfafara, Benifallim, Benillup y Millena. Eso sí, lo ocurrido en estas localidades es anecdótico, si se tiene en cuenta la tendencia al envejecimiento que tienen las poblaciones de pequeño tamaño, muy acusada y sin visos de cambiar a corto o medio plazo.

Así, 14 de los 15 municipios en los que el año 2018 pasó sin que se produjera ni un solo nacimiento tienen todos menos de 500 habitantes. Y en la mayoría de ellos sí hubo fallecimientos, incluso en un número significativo en algún caso, como en Castell de Castells y Benimarfull, donde se registraron, respectivamente, 12 y 14 bajas por defunción. Este mismo saldo negativo tuvo Benimeli, con un nacimiento y 15 defunciones. No obstante, el ejemplo más alarmante de envejecimiento en un pequeño municipio es el de la Vall de Laguar, con 31 fallecimientos frente a solo 5 nacimientos.

Un problema que se agrava

No hace falta poner el foco en los municipios de menos habitantes para observar cómo el envejecimiento demográfico va a más en la provincia de Alicante. En la capital, por ejemplo, los 2.598 nacimientos de 2018 no fueron suficientes para compensar las 2.789 defunciones que se registraron. El saldo negativo más elevado es el de Alcoy, con 239 fallecimientos más que alumbramientos (663 frente a 424), seguida de Torrevieja (-225), Orihuela (-181) y Elda (-129). Además, por primera vez se suman a la tendencia negativa localidades con más de 20.000 habitantes que hasta ahora habían tenido un saldo vegetativo positivo, como Petrer, Mutxamel e Ibi.

A la vista de todos estos datos, el geógrafo José Vicente Sánchez hace hincapié en que «se agrava el problema del envejecimiento», que implica entre otras cosas que «haya una gran tasa de dependencia senil», es decir, «muchas personas que dependen del trabajo de gente joven» para sus ingresos. O, dicho de otra forma, muchos pensionistas y cada vez menos personas susceptibles de pagar ese fondo a través de sus cotizaciones. El debate público en torno a este tema, pues, va a seguir y su solución se plantea muy difícil.

El profesor de Geografía Humana de la Universitat de València refrenda el diagnóstico de que «las ciudades con una atracción de población joven por tener una actividad productiva importante o por su proximidad a otras más importantes son las únicas donde sigue habiendo más nacimientos que defunciones». Se trata, insiste, de «un principio de correlación» entre la presencia de ese contingente en edad de procrear y el saldo vegetativo positivo. «Solamente estas poblaciones con gran capacidad activa o una localización muy determinada escapan a la tendencia negativa», aunque recalca que «todavía», porque a la vista de la evolución de estos fenómenos demográficos en los últimos años todo hace pensar que las localidades donde ahora nacen más personas que las que mueren dejarán de ser una excepción a medio plazo, al ser el envejecimiento algo generalizado.

Por otra parte, la inmigración, que a comienzos de este siglo contribuyó de manera decisiva al crecimiento de la población, evita ahora que la caída de la natalidad sea todavía mayor. Los 3.530 nacimientos de madre extranjera del año pasado supusieron prácticamente un 25%, frente al 23,6% de 2017 (3.547 en términos absolutos) y el 22,3% en 2016 (3.398 alumbramientos). Se da la circunstancia de que algunas de las localidades con saldo vegetativo positivo cuentan con una comunidad extranjera significativa. No puede establecerse que se deba a ella el mantenimiento de la natalidad, pero sí se trata en cualquier caso de población joven que contribuye con su actividad productiva al mantenimiento del sistema de pensiones y evita que el envejecimiento se acelere aún más.

La tasa de fecundidad cae a los niveles más bajos de la historia

Los 14.161 nacimientos registrados en la provincia en 2018 superan las cifras del periodo comprendido entre 1993 y 1999, aunque de seguir así la tendencia es probable que en pocos años se sobrepase el mínimo histórico de 1997, año en el que nacieron 12.811 niños y niñas. Eso sí, la tasa de natalidad, tal y como publicó este periódico hace unos días, sí es ya la más baja desde que empezaron los registros en 1941, con 6,67 nacimientos por cada mil habitantes. Y si observamos otro indicador más preciso como es la tasa de fecundidad se hace aún más evidente que estamos ante un problema demográfico muy importante.

Esta tasa, que mide los nacimientos por cada mil mujeres de entre 15 y 49 años, fue en 2018 de 34,87; hasta ahora el récord lo tenía el escasamente fecundo año de 1997, con 35,17. Después, el índice comenzó a subir, de forma paralela a la natalidad, hasta alcanzar un valor de 44,75 en 2008 (cuando se llegaron a sobrepasar por poco los 20.000 nacimientos), similar al que se había registrado en 1991. Eso sí, nada que ver con los 89,41 alumbramientos por cada mil mujeres en edad fértil que se alcanzaron en 1976, que muestran cómo ha evolucionado la sociedad desde entonces.

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