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La provincia de Alicante está entre las cuatro de España con menos árboles

La masa arbórea es muy poco densa (con 31,3 millones de ejemplares) por los incendios, la falta de lluvias y la ocupación desmedida del suelo. Los expertos reclaman un plan de reforestación con especies autóctonas en las comarcas del sur, que son las más áridas

Vista aérea de la capital alicantina, donde una gran extensión de edificaciones se impone a los espacios verdes. Jose Navarro

A la cola del país en número de árboles, lo que dispara el riego de desertificación pues la cubierta vegetal fija el CO2, que es una forma de mitigar el calentamiento climático. El ecosistema arbóreo de la provincia de Alicante es, como apuntan los expertos, muy poco denso por los incendios, la falta de lluvias y la ocupación desmedida del suelo en favor del urbanismo, especialmente en la costa. Según los datos del tercer Inventario Forestal Nacional, elaborado por el Instituto Nacional de Estadística, en la provincia hay 31,3 millones de árboles. La ratio no llega a 17 ejemplares por número de habitantes: solo están por debajo Sevilla, Madrid y Las Palmas. En números absolutos, solo la provincia canaria tiene menos arbolado que la alicantina, con 4,4 millones.

El Ministerio de Agricultura incluye un artículo en su página web titulado «Bosques españoles y su evolución», en el que coloca a la cola a la provincia en biomasa arbórea, muy poco densa en relación con su superficie. Y eso que la superficie forestal ha aumentado desde 1970 debido al abandono de tierras agrícolas y su ocupación por matorral y arbolado mediterráneo. «Aun así, estamos por debajo de los estándares de la Unión Europea en superficie de zona verde», explica el director del Laboratorio de Climatología de la Universidad de Alicante, Jorge Olcina.

«Esto tiene incidencia, no tanto en el calentamiento climático sino en las propias tasas de erosión del suelo, puesto que cuando se producen precipitaciones intensas, y cada vez son más frecuentes en el litoral mediterráneo, las lluvias erosionan con mayor rapidez y arrastran suelo fértil que se pierde en estos episodios».

Los expertos reclaman un plan de reforestación con especies autóctonas, especialmente en las comarcas del sur, que son las más áridas. El catedrático de Botánica de la Universidad de Alicante, Manuel Crespo, destaca que el clima de la provincia presenta un gran contraste entre el norte y el sur por su propia naturaleza, en lo que no tendría influencia directa el calentamiento climático. Según este experto, la cobertura vegetal está en función del tipo de suelo y del clima, por lo que en territorios donde llueve menos de 400 litros por metro cuadrado al año la masa de encinas y robles no puede aparecer. «Como mucho tendríamos una cubierta vegetal de pinos, casi siempre de repoblación».

Por este motivo, los bosques de carrascas y robles son relativamente frecuentes desde el Mascarat y la Sierra del Cid hacia arriba, mientras que desde esa línea hacia el sur «no pueden aparecer de manera natural por mucho que nos empeñemos porque no llueve lo suficiente. La cuestión es que si las precipitaciones disminuyen hacia el norte, la cobertura vegetal se reducirá y tendríamos un paisaje mucho más parecido al estepario natural en el sur de Alicante». En el actual escenario de cambio climático más o menos acelerado en las últimas décadas, la línea natural que separa la zona subdesértica del norte más húmedo puede modificarse, y la vegetación subdesértica desplazarse hacia las montañas. Esto supondría una mayor disminución de la masa arbórea.

El catedrático en Botánica advierte que si seguimos destruyendo superficie forestal y no se restaura en condiciones estamos favoreciendo un proceso de contaminación y degradación ambiental mayor. La actividad del ser humano influye en que haya menos árboles en favor de matorrales y pastizales, ya que se han talado durante siglos para crear áreas de cultivos y por el crecimiento de las ciudades, devastador además en la línea de costa.

En este sentido, el portavoz de Ecologistas en Acción, Carlos Arribas, considera que a la hora de hablar de masa forestal hay que tener en cuenta también los arbustos que ocupan una gran parte del centro y sur de la provincia, ya que el clima no da para tener árboles, que no crecen y se quedan raquíticos. «Los arbustos no son despreciables porque cumplen su función. Lo que importa es no perder el suelo y es una vegetación rica, adaptada a las condiciones climáticas, que lo sostiene. Hay que proteger esa masa arbustiva para evitar más desertificación».

La pérdida de suelo en el sur de la provincia por el urbanismo y los incendios, acelerada por lluvias torrenciales, se combate con masa forestal. Arribas aboga por la regeneración natural cuando arde el monte y por cuidar la biomasa. «Si nos cargamos la cubierta vegetal no habrá forma de fijar el CO2 para mitigar el calentamiento».

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