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Diario de una confinada

Lágrimas, risas, miedo... la vida

El viernes 13 (qué lejos me queda) hicimos las maletas, cerramos la casa, recogimos del colegio a los niños, de 8 y 6 años, y nos vinimos al campo, donde ya nos esperaba mi suegro, de 81 años

Lágrimas, risas, miedo... la vida

15 domingo. Retrovisor al garete

15 domingo. Retrovisor al garetePor la mañana acudo al trabajo desde Xixona, me llama la atención que no me cruzo con ninguna de las cientos de motos que todos los domingos suben a la Carrasqueta, haciendo de la carretera su territorio sin ley. Por Rabasa me encuentro con dos ciclistas y, antes de llegar a Doctor Rico, con cuatro personas. Salgo a las 13.30 horas y voy a casa a recoger las últimas maletas y alimentos de la nevera, dejo el coche en el garaje y subo y bajo por el ascensor sin cruzarme con nadie. Cuando me voy a ir, echo marcha atrás y el retrovisor impacta contra una columna. Fantástico, primera víctima del coronavirus, pienso mientras se me saltan las lágrimas. Por la tarde ya no me voy, y los niños no terminan de entender lo que es el teletrabajo. Aún no me explico cómo pudimos acabar a tiempo el periódico, tuve que salir a jugar con ellos al escondite un rato, para la merienda y la cena fuimos sobre seguro (natillas y hamburguesa) y, cuando estaba haciendo la Primera (escribir las noticias para la portada) paré cinco minutos para quedarme, como todas las noches, en la esquina de la cama tocándoles la pierna primero a uno y luego a otro.

16 lunes. Deberes

16 lunes. DeberesComo no paraba de escuchar que hay que establecer una rutina, decidí hacer una. Mal. Mal. Mal. Mi hija es metódica hasta extremos insospechables y ahora tenemos que seguir el «planning» hora a hora. Así que me pongo a ayudar a la nena a hacer sus deberes. Ufff, la paciencia he dicho alguna vez que no está entre mis virtudes. No entiendo a los maestros, la de mi hija se merece un monumento. Por la tarde estamos jugando en el campo y, de pronto, grito: «Holaaaa, ¿hay alguien ahí?». Mis hijos me miran y me preguntan: «¿Por qué haces eso?». «Para ver si hay vecinos y hablamos un poco». Pero nadie responde. Estamos solos.

17 martes. Videollamada mágica

17 martes. Videollamada mágicaUna prima de mi marido nos hace una videollamada. «Es mágico, mami, podemos hacerlo con quién queramos». «Se gastan antes los datos, hija, que una llamada normal», le respondo. Me mira sin entender nada, claro. Nos ponemos luego con los deberes y las figuras simétricas, que en este momento me parece que no sirven para nada, pero por lo menos mantenemos la disciplina con las fichas del colegio. El jueves pasado le compré una caja para hacer pulseras de goma, el viernes se suponía que tenían que enseñarle sus amiguit@s en el cole, pero la mitad no fueron. Hoy se pone a llorar porque no sabe hacerlas. «Tranquila, hija, que está internet». Buscamos un vídeo tutorial y en diez minutos ya sabía. Ahora vamos todos con las pulseritas de marras, quería que nos pusiéramos diez cada uno, le he tenido que decir que no más de tres por persona.

18 miércoles. ¿Qué día es?

18 miércoles. ¿Qué día es?

El escondite es el juego estrella, todos los días jugamos 20 minutos, y después hacemos un partidito de fútbol o baloncesto. Eso sirve para darme un bofetón de realidad en la cara, cuatro carreras y estoy desfondada, me falta el aire. Pienso en todas esas familias en sus casas, encerradas, sin poder salir, y entonces sigo corriendo, por mí y por todos los que no pueden. Claro, que solo aguanto cinco minutos más. Por la noche estamos cenando tranquilamente mientras los niños juegan en su habitación. Mi marido me pregunta: ¿Has hablado con tus padres?». - «No, lo hice ayer». - «No, Lorena, hablaste el lunes». - Pues eso, ¿hoy no es martes?». - «No». Ufff, ya he perdido la noción del tiempo, todos los días parecen iguales.

19 jueves. Bajonazo

19 jueves. BajonazoEs el día del padre y San José. No podemos darle un beso a mi suegro. Los niños no entienden por qué nosotros nos damos besos para dormir y al yayo no. No tengo explicación, no sé si sirve de algo no darle un beso. Mi cuñada nos hace una videollamada y mi suegro se emociona al ver a su hija, su yerno y sus dos nietos. Aguanta y consigue retener las lágrimas. Yo no puedo decir lo mismo, me entra el bajón. Me voy al dormitorio y lloro, un lloro casi silencioso para que mis hijos no me oigan. Envío un mensaje de voz al grupo de guasap de la familia (padres y hermanos) y el final no lo puedo acabar porque las palabras se rompen. Mi hermana pequeña me llama pensando que me ha pasado algo, pero no es nada, es que tantos días así son duros para todos.

20 viernes. El rey de los virus

20 viernes. El rey de los virusEl día va mejor que ayer, estoy más animada en esta montaña rusa que se han convertido nuestras vidas. Merendando, les pregunto a mis hijos cómo lo llevan, si están bien y si tienen dudas. Mi hija dice: «Creía que se llamaba color a virus, ¿por qué se llama coronavirus?». Y mi hijo responde: «Hombre, está claro, porque es el rey de los virus, por eso lleva una corona». No puedo parar de reír ante semejante clarividencia.

21 sábado. Llega la temida pregunta

21 sábado. Llega la temida preguntaHoy estoy a tope en el trabajo y, claro, los pitufos me quieren absorber como a una esponja. Me levanto a la una de la tarde porque tengo la espalda que parece un acordeón y les falta tiempo para que juegue con ellos. En la comida, el telediario escupe una noticia tras otra sobre la pandemia, me miran y la nena me hace la temida pregunta: «¿Hasta cuándo tendremos que estar aquí?». Silencio de varios segundos que se rompe con un insistente «Mamiiii, ¿hasta cuándo?». - «No lo sé, chicos, creo que hasta mayo».

- «¡¿¡¿Mayo!?!? Noooooo». No sé qué decir y entonces el mico me echa un cable: «Es que el virus es malo y tonto, ya sé que no se puede decir tonto, pero aquí sí, ¿verdad?». Asiento con la cabeza y seguimos comiendo, crisis superada, por el momento.

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