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Juntos en Ítaca

Qué difícil es entender que una persona se vaya y ya no la vuelvas a ver jamás. Y más aún cuando es tu madre. Pero en estos días de pandemia, la necesaria asepsia sanitaria lo convierte todo en algo más distante, incluso la muerte. No puede haber encuentro familiar ni para la necesaria despedida...

Ella, María José Limiñana Mañes, nuestra madre y abuela (y casi bisabuela), se nos ha ido. Como siempre a lo largo de su vida, no ha dejado de luchar hasta el último momento, pero todo se acaba, y ella ya ha iniciado la travesía en barco, por su amado Mediterráneo, que le debe llevar a Ítaca, en donde le espera nuestro padre, Pascual Rosser Marín.

Es difícil hablar de una madre en pasado, pero es muy fácil poder decir muchas cosas de ella, porque era una persona excepcional y admirable, aparte de nuestra madre. A todas y a todos, siempre, hasta los últimos momentos nos ha inculcado aquello que ella aprendió desde muy pequeña, al ser sus padres diplomáticos: hay que luchar para llegar a conseguir lo que queremos, pero en el respeto a los demás y sus ideas, y buscando siempre contribuir a hacer un mundo mejor.

Siempre por delante de su tiempo, nos ha sorprendido en todo momento por no conformarse con la injusticia y el dolor.

Aún recordamos consternados cómo se la llevaron los «grises» un día de casa, y nos quedamos solos los cuatro hijos, sin entender nada. Se la llevaron presa por haber firmado como organizadora de una de las primeras manifestaciones que hubo en Alicante en la incipiente Transición. La repulsa y protesta de un grupo reducido de personas entrañables (los Reig, Louis, Rovira, Perea, Gomis...), y de todos los partidos de izquierdas en aquel Alicante hizo que la liberase, y volvió a casa con su familia. Ella jamás se arrepintió de lo que hizo aquel día y otros muchos.

Tampoco se arrepintió de la propaganda ilegal que portaba en su «Sescientos», acompañada por otra luchadora como lo era Asunción Cruañes, cuando recorrían juntas la provincia difundiendo la necesidad de libertad y democracia a un país adormecido. Se jugaban todo, pero eran conscientes de por qué lo hacían y para quién.

Hoy nosotros, y todo el mundo en esta ciudad y país, les debemos a personas como nuestra madre, el vivir en libertad y democracia. No debemos nunca olvidarlo.bAhora nos toca seguir luchando a nosotras y nosotros, seguir inculcando esos valores que nos enseñó a nuestras familias, porque nada es seguro si no lo cuidas, hasta la democracia.

Su mente abierta y su inquietud por todos los cambios políticos y sociales (que analizaba con ilusión y preocupación), su amor por el Arte y la Cultura (que le hizo estudiar Bellas Artes en Madrid), la promoción del teatro y la música en la ciudad (en donde ayudó a fundar, por ejemplo, la Sociedad de Conciertos de Alicante), su facilidad con los idiomas (que le llevó a ser profesora de inglés y francés)... Tantas cosas se podrían decir de ella. No cabrían aquí. Y muchas que dejó de hacer por estar con nosotros.

El barco ya ha partido y pronto nuestra queridísima madre se reencontrará en Ítaca con su amado marido. Y allí hablarán sobre Arte y Música, planearán el próximo viaje que emprenderán, juntos otra vez, por ese Mediterráneo que tanto amaban. Pinturas, esculturas, poemas y paisajes volverán a ser visitados por ellos, ya juntos para siempre. ¡Feliz viaje a Ítaca y feliz reencuentro!

Tus hijos ( Ana, Pascual, Pablo y Paco) y resto de la familia Rosser Limiñana.

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