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Una mano amiga en el drama del Cementerio

Una red ciudadana de Alicante surgida en pleno confinamiento se encarga de repartir productos esenciales entre los vecinos en medio de una penuria extrema

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Una mano amiga en el drama del Cementerio

Un chillido desgarrado a las seis de la mañana conmueve al barrio del Cementerio de Alicante. Una vecina toca a la puerta de otra pidiendo un cartón de leche para su hijo. La pandemia del coronavirus no entiende de clases, pero la necesidad se convierte en un auténtico drama en las zonas olvidadas, inundadas de vulnerabilidad y desatención por parte de todos. Paqui Alcázar, dueña del bar El Loco, es quien recibe la súplica desesperada de madrugada y, desde entonces, comienza a urdir un plan que en apenas una semana se ha hecho realidad: el de ayudar a sus vecinos para que puedan comer.

La mayor parte del centenar de familias que conviven en el barrio del Cementerio subsistían gracias a la economía sumergida (recogida de chatarra, venta ambulante), algo que se cortó de raíz tras el confinamiento decretado hace más de un mes. Portazo a los ingresos, vendaval de penurias. «Vi a gente muy necesitada y no me gusta estar parada, llamé a un par de asociaciones pero me cerraron las puertas, así que contacté con Daniel Millor Vela y se me abrió el cielo», explica Paqui, emocionada. «Me dijo que al día siguiente ya habría pan, pollo y fruta y así fue».

A Daniel, arquitecto y codirector de la asociación Quatorze, ya lo conocían porque promueve desde hace un par de años el proyecto Asertos, junto a Arquitectura sin Fronteras, para la regeneración participativa de la zona. «Yo he tratado de asesorar toda esta red vecinal, he hecho de intermediario, pero el mérito es suyo, es muy satisfactorio ver cómo se ha movido el vecindario para ayudarse entre sí», ensalza Millor.

No es para menos, el barrio del Cementerio se llenó en pocas horas de buenas voluntades para arrimar el hombro y cada uno ha ofrecido lo que tiene ante el inmovilismo de las instituciones. «Del Ayuntamiento no nos ha llamado nadie, el teléfono de la oficina municipal de emergencia social está siempre saturado, así que hemos tenido que apañarnos nosotros», aclara Paqui.

Uno de los que puso a disposición del barrio todo lo que tenía fue el empresario Pastor Heredia. «Me llamó Paqui, que es como una hermana, y ofrecí mi furgoneta, mi camión y hasta mi vehículo particular», expresa, al tiempo que reclama más atención para las personas necesitas das del barrio. Ahora, todos los martes, jueves y sábados se realiza una entrega de productos de primera necesidad (pan, pollo, jabón) y se evita que el barrio del Cementerio ahonde todavía más su ya de por sí habitual abandono. De ese reparto se encargan varios vecinos como Jessica Mendoza, Asunción Torres, Gonzalo Heredia, Juan Carlos Alcázar y Luis Mañogil.

«De las 100 familias hay unas 70 que pasan hambre, eso es mucho, es una situación tercermundista», proclama Paqui, que acaba de hacer, junto a su marido Antonio Mañogil y sus hijos, un pedido de pollo de 200? al matadero, situado frente al barrio. «Nos hacía falta dinero y Daniel se volcó, lo que ha hecho con nosotros jamás se lo voy a poder devolver», cuenta con la voz entrecortada. Gracias a la red de voluntarios implicados en el barrio desde hace años, se ha sacado adelante un crowdfunding en la plataforma Goteo, una campaña de financiación participativa online impulsada por Solcir que ya se acerca a los 3.500?. Además, Alas-D también ha puesto a disposición voluntarios y ha aportado unos 1.600? para hacer frente a las compras. Además, esta red ciudadana también se ha apoyado en el Banc de Cures para intercambiar información con otras iniciativas de barrios, con el Banco de Alimentos de Mercalicante o Alicante Gastronómica.

Las empresas del barrio también aportan su granito de arena, como Cespa, la panadería Galinsoga o los empresarios Rafael Campoy (27 cajas de pescado fresco) y Ángel Pérez de Blas (100 docenas de huevos). Todo suma para que nadie pase hambre. «Está siendo todo una labor social muy bonita, el barrio está demostrando que está unido», cuenta Paqui emocionada. «Es bueno que esto se sepa», prosigue. «La mayoría de veces solo sale el barrio del Cementerio relacionado con cosas negativas y no debe ser así».

Daniel Millor ensalza el movimiento y avala este modelo de participación ciudadana: «Lo más significativo es que el pueblo se mueve, creo que es enormemente positivo darle recursos a los habitantes para que ellos lo puedan gestionar, es el futuro del desarrollo local y los gobiernos deberían darse cuenta». Nadie cuida mejor de su casa que uno mismo.

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