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Diez minutos que salvan vidas

La unidad Alfa 1 del SAMU explica el protocolo que sigue para atender casos susceptibles de Covid-19. Evaluación rápida al paciente (tensión, saturación, temperatura, glucemia) y conocer sus antecedentes, claves para el diagnóstico

Diez minutos que salvan vidas

Diez minutos que salvan vidas

Son atletas pegados a un cronómetro, son trabajadores pendientes de una llamada, son superhéroes, son personales normales. Son los profesionales del SAMU del SES (Servicio de Emergencias Sanitarias), gente que salva vidas.

Acostumbrados siempre a trabajar contra reloj y con una bruma espesa de incertidumbre en cada servicio, la unidad Alfa 1 explica el protocolo que sigue a rajatabla para atender durante esta cuarentena casos susceptibles de Covid-19. «Nunca sabes qué te vas a encontrar», explica el médico Juan Martín. Con esa máxima entre ceja y ceja, en el trabajo se extreman las precauciones y la cautela no es negociable.

Uno de los servicios más recientes que llevó a cabo la unidad Alfa 1 fue el jueves, una atención a una mujer mayor en su domicilio. «Recibimos un aviso de una señora de 79 incoherente, su acompañante había hablado con la central pero no estaba claro qué le pasaba», relata Martín. En teoría, la mujer afectada, una persona de riesgo porque tiene más patologías, no ha salido de casa en este confinamiento pero su cuidadora, quien ha dado el aviso, sí. El caso es un enigma y, ante tanta duda, el equipo (formado por médico, enfermero y técnico sanitario) decide que acceda al domicilio únicamente una persona. «Para no contaminar más de lo necesario», confiesa Martín. «Hay veces, un 50%, que los avisos no corresponden con la realidad y no debemos usar EPI (equipo de protección individual) en cada aviso, por sentido común», cuenta Martín.

La paciente tiene fiebre (39,5ºC) y dificultad respiratoria (dos síntomas de coronavirus) y los profesionales del SAMU descartan el EPI parcial (mascarilla FFP2 y guantes) y optan por ponerse el integral, el célebre buzo. La mujer está saturando bajo; es decir, tiene menos cantidad de oxígeno en sangre de la habitual. «Lo normal es estar por encima de 95 y ella tiene 60», relata Martín. Se le administra oxígeno y se le aplica una vía para estabilizarla. La evaluación ha consistido en examinar la tensión, la temperatura, la saturación, la glucemia y en preguntar sobre diversos antecedentes como si ha salido de casa. Apenas han sido cinco minutos, diez todo lo más, y el trabajo del SAMU ya está hecho. Ahora el traslado al hospital corre a cargo del Soporte Vital Básico (SVB). «Lo trasladan ellos para no bloquear el SAMU porque en caso de usarse se tardaría una hora y media en desinfectarlo e impediría acudir a otro servicio», indica Martín, que lleva 24 años en el SAMU.

Maniobras contagiosas

Los profesionales del SAMU han debido readaptarse a esta nueva situación. El proceso tarda algo más porque tienen que vestirse con la protección adecuada y tampoco pueden ejecutar las mismas manipulaciones que antes al paciente. Todo ha cambiado.

«Ahora podemos hacer la mitad de cosas», cuenta Martín. «No podemos usar aerosoles porque nebuliza el virus, además hay que llevar máxima precaución al aspirar secreciones y al intubar al paciente porque eso supone ponerte muy cerca de su cara y todo es sospechoso de Covid-19». Sin embargo, hay veces que es indispensable para salvar vidas.

«Es un orgullo ayudar a salvar vidas, pero uno sale de casa preocupado por si contagia a la familia», explica Juan Carlos Soler, técnico de emergencias sanitarias del SAMU. «En 20 años de trabajo en este servicio, nunca habíamos vivido algo así, sobre todo porque el peligro es invisible», prosigue Soler. «Al final te quedas con lo bueno, la sensación de haber contribuido a aliviar sufrimientos». Al terminar la jornada de trabajo, ya en casa, sale toda la adrenalina y el estrés acumulado del día. «Me pongo el informativo porque hay que verlo, pero a la noche me pongo alguna película de Netflix para abstraerme y despejarme, no puedo estar viendo todo el día lo mismo», confiesa Soler.

Ahora, en pleno proceso de desescalada, los integrantes de la unidad Alfa 1 avisan del peligro que todavía corre la sociedad. «El virus está más extendido de lo que dicen las cifras», cuenta Virginia Pardo, médico intensivista del SAMU. «El principal problema de este virus son los asintomáticos, que lo pasan sin saberlo y contagian al resto», explica Martín. «En el caso de la mujer de 79 años atendida, la cuidadora podría ser uno de esos casos de asintomáticos, pero no se le ha hecho la prueba», se lamenta. «Lo primero que se me viene a la cabeza es la palabra protección, siempre, pero ahora más», comenta Leandro Lozano, enfermero de la unidad Alfa 1, que ahora vive alejado de la familia por miedo a un contagio.

«La sensación que tengo es que la sociedad está bajando la guardia, que está perdiendo el miedo», expresa preocupado Martín. «Si la gente viera lo que nosotros vemos a diario, estoy seguro de que no saldría», matiza Soler.

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