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CORONAVIRUS

Juan Manuel Álvarez: «Cuando abrí los ojos no podía hablar, solo tenía ganas de vivir»

Lo tenía todo en contra. Diabético y dializado desde hace cuatro años por problemas renales. Cuarenta días en coma inducido, intubado... Pero la vida gana a veces

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Lo tenía todo en contra. Diabético y dializado desde hace cuatro años por problemas renales. Cuarenta días en coma inducido, intubado... Pero es cierto que la vida gana a veces. Juan Manuel lo sabe muy bien.

Al margen del paso de personal sanitario y de limpieza y los controles de supervisión de enfermería, los pasillos están desiertos aunque las paredes están forradas de dibujos infantiles de ánimo. No hay familiares. Solo recipientes de material sanitario alineados junto a cada una de las habitaciones, cerradas a cal y canto.

«Cuando te despiertas solo tienes ganas de vivir», repite Juan Manuel Álvarez Castillo (45 años), lejos del cacareo de políticos y de agentes sociales y económicos, de cambios de fases y pérdidas económicas. «Eché de menos a los míos. Es en lo único que pensé, que podía dejar de ver a mi hermana, a mi hermano, a mi cuñado... y que los echaba tanto de menos...», explica. Como telón de fondo, las imponentes garberas de sal a través del gran ventanal de una habitación que es ahora su conexión con el mundo. Conserva un parche en la traquea, testigo de las semanas de intubación que han pasado para él como por arte de magia. Son muchos los pacientes graves de Covid solo admiten la respiración asistida por la traquea. «Lo último que recuerdo es... finales de marzo. El 27 o el 28 de marzo... y ya desperté en mayo. Detectaron que era positivo. Ahí empezó todo».

«Lo único que recuerdo cuando me despertaron es que no podía hablar. Tenía un agujero en la traquea. Pensé qué había pasado. Cuánto tiempo había pasado. No sabía nada. Era desinformación total que es un poco estresante. No sabes ni lo que te ha pasado a ti ni lo que le ha pasado al mundo». Una vuelta a empezar para Juan Manuel en la que el primer apoyo vino en la misma UCI donde, sin saberlo, estuvo varias semanas. «Los compañeros de la UCI se han portado de maravilla. Muy cariñosos y muy profesionales. Todo el mundo se ha portado muy bien en el Hospital. Y quiero dar las gracias a los de UCI y a los de planta por eso», insiste.

En Torrevieja

Y agradecido como está no quiere olvidarse de nadie: «por supuesto de los de Nefrología, con la jefa del servicio, Beatriz Díez, a la cabeza, que «llevan cuatro años tratándome. Por suerte o por desgracia ya conocía bien el Hospital. Yo estoy jubilado. Mi día era limpiar la casa, ir a comprar, hacerme la comida. Lo normal». Lo normal ahora es el objetivo más importante de este cartagenero vecino de Torrevieja que no se explica cómo ni dónde pudo estar en contacto con un virus que en el departamento torrevejense se ha cobrado cincuenta vidas.

Los problemas de salud lo llevaron a una jubilación muy anticipada y la vida, esa que ahora lo saca a flote desde la habitación del Hospital de Torrevieja, lo llevó a instalarse en esta ciudad como tantos torrevejenses de adopción. Tiene ganas de estar con los suyos, ganas de salir a comprar, de pensar qué hacerse de comer, de pasear... Como no se cansa de repetir, «lo normal», dice describiendo su día a día modesto y sin pretensiones.

Ahora, ese mundo que le anticipan las vistas de la Laguna rosa de Torrevieja en primavera y su vida «normal», esperan a Juan Manuel al otro lado de la ventana.

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