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Las terrazas pasan de la frustración a la sonrisa

Los hosteleros de Alicante y Elche se preparan para reabrir sus negocios por segunda vez tras entrar en la fase 1 después de la decepción de la pasada semana

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Incertidumbre, prudencia y sobre todo muchas ganas de volver a la normalidad. Esas son las sensaciones de una buena parte del sector hostelero de la provincia que volverá a abrir la persiana a partir de mañana tras más de dos meses sin actividad y después del intento fallido de hace unos días cuando prepararon sus negocios para una fase 1 de desescalada que no terminó llegando. En Elche, por ejemplo, el camino a la inminente reapertura de terrazas se está realizando con cautela y ánimo después de que muchos hosteleros se quedasen con el género comprado y trabajadores fuera del ERTE desde hace una semana y siguen cerrados. Juan Carlos Pomares, responsable del restaurante Maruja de La Marina, apunta que esta vez han actuado más cautos y hasta que no llegó el anuncio oficial del Gobierno central sobre el cambio de fase no avisaron de la reapertura por redes sociales o colgaron el cartel. A partir del lunes este histórico establecimiento abrirá con menos de la mitad de la plantilla y según vaya desarrollándose la actividad irán reincorporando a trabajadores, ahora acogidos a un Expediente de Regulación Temporal de Empleo (ERTE).

En unos días volverán unos siete empleados para cubrir el servicio por turnos. Calculan que en esta fase el negocio funcionará al 25% de su rendimiento habitual al prescindir de los salones y sólo dispondrán de unas 25 mesas en la terraza. Para evitar aglomeraciones como ha ocurrido estos días en algunos puntos del país, plantean un servicio de comidas de dos turnos durante el fin de semana, aunque ya pronostican que a pesar de todas las precauciones será complicado. Un empleado gestionará las reservas a la entrada y las cartas físicas se han sustituido por otras digitales que el cliente verá en el móvil con el código QR. Según Pomares, «vamos un poco a ciegas, hay una incógnita con las compras y las cantidades que necesitamos, no sabemos cómo va a responder la gente y todavía no hemos completado las reservas», explica este hostelero.

En el centro ilicitano ayer se apreciaba poco movimiento con la preparación de terrazas, aunque muchos ya habían iniciado el protocolo de desinfección días antes. Francisco Esteban, de Newton Gastrobar, en La Glorieta, apunta que ya tienen parte del trabajo avanzado y se sienten motivados de volver a la rutina. «Sabemos que es una situación muy complicada, pero al final nuestros negocios dan de comer a nuestros hijos y a muchas familias, no podemos tirar la toalla, tenemos un ADN diferente a otro sector porque hacemos disfrutar a la gente cuando está de descanso». Este hostelero apunta que la semana pasada sacó a dos empleados del ERTE pensando que la fase 1 llegaría. Admite que el refuerzo de personal les ha servido para preparar el negocio de cara a la apertura, aunque tiene dudas sobre si la plantilla podrá trabajar al completo próximamente. Parte del género fresco que adquirieron hace unos días tuvieron que repartirlo entre los trabajadores para que no se echase a perder.

En la terraza podrá disponer de unas nueve mesas con manteles de usar y tirar. Ya están cerrando reservas para que haya una actividad constante, calculando una media hora por desayuno y hora y media para comidas. Esteban confía en que los clientes les ayuden en esta lucha, pero es consciente que la primera fase sólo servirá para cubrir gastos «y jugamos con el hándicap de que mucha gente está en paro y es difícil encontrar ese cliente que se ha perdido por el tema económico», asegura.

Donde todo vuelven a ser sonrisas es en la Cervecería El Socarrat, en el alicantino barrio de San Gabriel. Tras la decepción que supuso la pasada semana quedarse sin poder abrir con todo el género comprado, es momento de volver a la actividad en la terraza, perfectamente preparada y desinfectada para abrir mañana. «Estamos muy contentos porque ya podemos abrir, no las tenía todas conmigo porque después del palo que sufrimos no nos fiábamos», señala Isa, propietaria del local junto con Juanjo, cocinero. Por supuesto, las reservas no se han hecho de rogar y ya esperan varias mesas para la reapertura. Para las cartas, El Socarrat lo ha tenido claro, «con el móvil mediante un código QR que hemos hecho muy grande para que se pueda ver de lejos», afirma Juanjo, deseoso de poder volver a servir buenos arroces en las mesas de la terraza.

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