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CORONAVIRUS

Desbordados por la necesidad

Un millar de familias de la Zona Norte de Alicante sobreviven a la crisis del coronavirus gracias a la ayuda de Cáritas, vecinos y voluntarios

«Nos hemos sentido desbordados por momentos. Hemos pasado de atender a un centenar de familias en toda la Zona Norte a casi un millar por esta crisis que no parece que tenga un fin cercano». A Ginés, el párroco de Virgen del Remedio, le llegan a diario nuevas solicitudes de ayuda de personas con perfiles dispares. No cesan. Piden para poder comer. Hay gente mayor, aunque la mayoría es joven. Muchos se ganaban la vida con la chatarra, los mercadillos o con trabajos puntuales en la obra o en la limpieza. También los hay con contratos, como camareros, que están a la espera de cobrar el ERTE. Le paran por la calle, le llaman por teléfono o le dejan mensajes manuscritos en el buzón de la iglesia. Él siempre contesta. «No pedimos muchos datos, pero sí que llevamos en Cáritas un control de las personas que vienen». Otros llegan por terceros, por personas que intentan ayudar a unos vecinos que, hasta ahora, sobrevivían por ellos mismos. «Viene mucha gente que había estado trabajando hasta que surgió el problema del coronavirus. Muchos se avergüenzan de venir a pedir. Hablan poco, cuentan lo justo, pero nosotros tampoco preguntamos mucho».

Es martes, día de reparto (junto a los miércoles). Son las nueve y media de la mañana. En la puerta de la parroquia de Virgen del Remedio, una docena de personas hace cola. Muchos ya se han ido, otros aún están por llegar. En total, se espera a un centenar de personas. Los que están guardan la distancia de seguridad, con la mascarilla en la boca y un carro vacío. Se habla muy poco. La mayoría ya están en la lista de Cáritas. «Pueden venir cada quince días a por una bolsa de comida. Se llena en función de los miembros de la familia, pero todas tienen leche, pasta, arroz, legumbres, aceite, galletas, patatas, lejía, jabón... A veces también les damos fruta de donaciones particulares», añade el padre Pepe, el coordinador de la acción de Cáritas en las siete parroquias de la Zona Norte. El coste de esos alimentos, donaciones puntuales al margen, lo asume Cáritas, que cada semana compra camiones llenos de productos de alimentación e higiene más que necesarios para miles de personas de barrios ya de por sí vulnerables. A ese «acopio» se une lo cedido, que es poco, por el Banco de Alimentos.

Hasta que irrumpió la pandemia del coronavirus, la entidad dependiente de la Iglesia gestionaba un economato en Tómbola. Allí vendían productos a mitad de precio a un centenar de familias necesitadas. Ese sistema saltó por los aires con el estado de alarma. «Lo cerramos por evitar riesgo de contagio. Ahora, asumimos el coste íntegro de los productos», prosigue el padre Pepe.

Los imprescindibles

En unos días, sin ninguna previsión, pasaron de tener a un centenar de familias en lista a verse desbordados, con casi un millar reclamando ayuda urgente. «En el pico máximo, por ahora, hemos tenido unas 940 familias. Ahora mismo estaremos en casi 800 en el conjunto de estos barrios», añade el padre Ginés, que no duda en poner en valor el trabajo desinteresado de voluntarios -incluido un grupo de trabajadores de la Diputación- y de las asociaciones de vecinos de la zona, por su conocimiento del terreno que se pisa. Las califica de «imprescindibles». En ellas, destaca la figura de Mari Eva Coloma, toda una institución en Virgen del Remedio, donde incluso tiene una plaza a su nombre.

Esas entidades no ocultan desde hace semanas su enfado con el Ayuntamiento. Desde los líderes vecinales de Virgen del Remedio, Colonia Requena o Juan XXIII. Todos acusan al gobierno local de pasividad, de dejarles de lado, de no ayudar a muchos necesitados. Esas quejas han hecho que el Síndic de Greuges haya abierto una queja de oficio para investigar la gestión ante la crisis del coronavirus de un bipartito que niega, desde el primer día, toda acusación.

La realidad está en la calle: en la cola que ayer se formó a primera hora de la mañana para llenar el mal llamado carro de la compra en Virgen del Remedio y también la que se vio, apenas unas horas después, en Juan XXIII, en el reparto diario de menús elaborados por Alicante Gastronómica Solidaria.

Allí, pasada la una de la tarde, se detuvo el coche de uno de esos vecinos convertido en ángel de la guarda para muchos. Era Paco Camacho, un hombre que habla poco, pero muy claro: «Tenemos unos políticos que son unos impresentables, llevan años engañando a estos barrios. Si hubieran trabajado antes, ahora lo tendrían más fácil». Descarga casi un centenar de bolsas cerradas, en unos minutos ya están repartidas. En cada una, un menú: ensalada, pasta, pan, un níspero y un bombón. Sucede así de lunes a domingo. Minutos después llegaba otro coche, con unos 120 menús para llevar, principalmente, a Colonia Requena. Se baja Antonio Colomina. Su discurso no varía respecto al de sus compañeros del tejido asociativo. Él tiene claro los responsables: el alcalde (Luis Barcala), la concejala de Acción Social (Julia Llopis) y los responsables técnicos de la concejalía, aunque no necesariamente en ese orden. A los mayores, él mismo les lleva el menú. El resto se acerca a diario al local que no hace tanto era su bar, un lugar de reunión en Colonia Requena. Ahora se ha convertido en un punto de solidaridad improvisado. «No tenemos ni un local para repartir la comida», se lamenta.

Protesta simbólica de la Zona Norte contra el gobierno de Barcala

Un gesto a modo de protesta por el enorme enfado que existe en la Zona Norte por la actitud del gobierno municipal, sobre todo a raíz de la crisis derivada del coronavirus. La Junta de Distrito 2, que aglutina a los barrios de la Zona Norte de Alicante, no estará presente en la Comisión para la Reconstrucción de Alicante, que se creó en el pasado pleno municipal a petición del gobierno local. No estarán a modo de queja simbólica por el talante del gobierno municipal con el tejido asociativo de una de las zonas con más necesitadas de la ciudad. No entienden que, a su juicio, el Ayuntamiento se haya desentendido de los barrios más vulnerables en una situación de extrema urgencia. La decisión la confirmó ayer Paco Camacho, miembro de la Junta de Distrito número 2 y uno de los vecinos que están en primera línea ayudando a los más necesitados de Juan XXIII.

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