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Pequeños hoteles hacen números para sobrevivir

Establecimientos que contribuyeron a crear lo que hoy es Benidorm temen que la crisis del covid-19 obligue a muchos a echar el cierre al no poder competir en precios ni en flexibilidad con las grandes cadenas

El director del hotel Bilbaíno revisa a puerta cerrada reservas y cancelaciones de clientes.

El director del hotel Bilbaíno revisa a puerta cerrada reservas y cancelaciones de clientes. DAVID REVENGA

El Hotel Bilbaíno luce con orgullo la etiqueta de ser el establecimiento turístico más antiguo de cuantos siguen en activo en Benidorm. Abrió sus puertas a mediados de los años 20 del siglo pasado y en todo este tiempo, en manos de distintos gestores, logró sobrevivir a una guerra, una posguerra, el «boom» del turismo o algunas de las peores crisis económicas por las que ha atravesado España. Hasta ahora. La crisis provocada por el coronavirus y la incertidumbre sobre cuándo y de qué modo podremos volver a la normalidad han colocado más que nunca en la cuerda floja al Bilbaíno y a otros muchos pequeños hoteles que propiciaron el desarrollo turístico de Benidorm.

«Sin turistas extranjeros, sin movilidad entre provincias y sin playa, ¿quién va a querer venir de vacaciones?». Esa es la pregunta que más se repiten los responsables de algunos de estos alojamientos, que ven muy, muy complicada su supervivencia si no se encuentra pronto una vacuna y si la situación generada por el covid-19 no da un giro radical. No tienen el margen de las grandes cadenas, que pueden optar por abrir algunos hoteles y mantener otros cerrados, agrupando a los turistas en los que operen.Ni tampoco tienen capacidad para flexibilizar tarifas con el objetivo de llenar camas, como sí ocurre en hoteles más grandes. Ellos se lo juegan todo a cara o cruz.

Por eso aunque desde el pasado día 11, cuando la ciudad turística entró en la fase 1 de la desescalada, podrían haber abierto con muchas limitaciones, ninguno de ellos todavía se lo plantea. «En el escenario más optimista, podríamos abrir a partir de la segunda o tercera semana de junio. Pero todas las reservas para estas fechas se aplazaron a julio, agosto, septiembre,... así que a corto plazo no tenemos ninguna certeza», mantiene Jordi Guirado, director gerente del establecimiento decano, ubicado en la primera línea de la playa de Levante.

El Hotel Palmeral, también familiar y con más de medio siglo de historia a sus espaldas, comparte con el Bilbaíno muchas cosas. Además de tener un tamaño reducido, ambos cuentan con una clientela muy fiel, que repite todos los años, y que en la mayoría de los casos «tienen muchísimas ganas de poder volver. Lo que nos hace falta es que las condiciones sean propicias». Paula Pérez, directora de este establecimiento en el corazón de La Cala, apunta dos requisitos que para el sector son imprescindibles antes de abrir: «Uno, que haya movilidad entre provincias; dos, hacer números con el objetivo único de empatar, ni siquiera ya de ganar dinero».

Porque otra previsión en la que coinciden todos es que 2020 no va a ser, ni de lejos, un año de ingresos. La drástica caída de las reservas y la necesidad de llenar plazas tras el estado de alarma podrían traer de la mano a otro de los grandes enemigos del sector: la guerra de precios. Aunque desde la patronal hotelera Hosbec no se cansan de pedir a sus asociados calma y mucha cautela a la hora de aplicar tarifas, «siempre corremos el riesgo de que venga alguien y rompa el mercado. Se ha visto en otras ocasiones y podría volver a ocurrir», apuntan desde el sector.

«Yo no quiero tirar los precios de ninguna de las maneras», asegura María José López Moncho. Propietaria del Hotel Brisa, también en primera línea de playa, en la zona del Rincón de Loix, recuerda có-mo en sus más de 60 años de historia este hotel solo había cerrado para hacer reformas. «Y ahora fíjate cómo estamos, haciendo números porque no sabemos lo que va a pasar». López Moncho tiene, pese a todo, esperanza: «Nosotros en verano trabajamos con mucho turismo español y confiamos en que no va a fallar. ¿Que vendrán menos? Seguro, pero esperamos alcanzar por lo menos el 50% de ocupación en julio y agosto. Si no llegamos a eso sería una ruina, para volver a cerrar el hotel y buscar comprador».

Temores y ventajas

Otros de los temores que tienen los hoteleros son la competencia de los apartamentos turísticos, que este año se presume más feroz que nunca, sobre todo por la oferta no reglada que puede eludir muchos controles a los que sí se someterán los hoteles, y la drástica reducción de ingresos que muchos ciudadanos hemos sufrido tras habernos visto afectados de lleno por ERTEs o por la suspensión de la actividad de miles de autónomos. «Hay mucha gente que no va a tener para poder salir de vacaciones. Más allá del miedo por la vertiente sanitaria, que va a seguir ahí durante mucho tiempo, también hay que ver hasta qué punto la gente puede o quiere gastar en viajes», afirma Jordi Guirado.

En el lado positivo, todos los consultados son conscientes de que Benidorm parte con dos ventajas frente a otros destinos: es uno de los escenarios vacacionales favoritos en el segmento de sol y playa de España y está cerca para desplazarse en coche, sin tener que coger el barco o el avión como sucede, por ejemplo, para ir a las islas.

Nuevas rutinas de trabajo

Entre los hábitos que habrá que adoptar en la llamada «nueva normalidad», uno de los que más dudas plantea al sector es el de los protocolos de limpieza y desinfección. «Habrá que extremar la limpieza en la recepción, habitaciones, ascensores, zonas comunes,... Lo que haga falta para que los clientes se sientan seguros», mantiene Tomás Orozco, responsable de la Pensión La Orozca, en la céntrica Ruzafa.

Más allá de lo que todos tienen claro, algunos hoteleros alertan de la dificultad de aplicar ciertas medidas de desinfección extrema. «Sobre el papel, pueden decirnos que las zonas comunes, cuando se abran, tienen que desinfectarse cada equis horas, pero en la práctica veremos cómo se hace. Si un cliente se sienta en un sillón del hall y cuando se levanta tengo que desinfectar la silla antes de que se siente otro, tendríamos que tener casi un trabajador por cada dos o tres clientes. Imagínate en los hoteles de 400 habitaciones. Nosotros podemos aplicar turnos para que no coincida mucha gente a la vez, cambiar la distribución de los bufés, limpiar a fondo las habitaciones cuando hay salidas, pero más allá de eso también dependeremos mucho de lo que haga el propio turista», mantienen desde el sector.

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