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La cuarta vía

La temporada turística arranca complicada, pero se puede y debe ir a partido a partido

El turismo nacional y de la propia provincia será este verano más clave que nunca para tratar de amortiguar la crisis en julio y agosto, y la falta de los extranjeros

La distribución de las hamacas en las playas, un galimatías este verano.

La distribución de las hamacas en las playas, un galimatías este verano. DAVID REVENGA

Un millón de británicos llevan varias semanas consultando portales de vacaciones en internet para tratar de volver a la Costa Blanca de vacaciones a partir de septiembre. Cerca de cien mil turistas, la mayoría alemanes, británicos -de nuevo- y belgas accedieron a las páginas web de las compañías aéreas en la última semana de abril y consultaron la oferta de vuelos para llegar hasta el aeropuerto de Alicante-Elche. Los datos figuran en el servicio de big data turístico de la Generalitat. ¿Qué demuestran? Nada más y nada menos que la Costa Blanca sigue siendo el destino turístico soñado para millones de europeos, los que se alojan en hoteles, en apartamentos, y para los 325.0000 que tienen su segunda, o primera, residencia en la playa o el interior de la provincia. Y que, además, continúa siéndolo haya o no haya riesgo del covid-19, por lo que, y no nos cansaremos de repetirlo, es urgente que se establezca el famoso corredor aéreo turístico europeo que nos permita ir recuperando la «nueva normalidad» a partir de que avancemos en la escalada. De momento, los españoles seguimos semiconfinados, y hasta finales de junio parece que no podremos movernos con libertad entre las provincias.

Un aeropuerto, el de Alicante-Elche, que no solo es motor de empleo directo o indirecto, sino del que, valga la anécdota, todas las noches (cuando está funcionamiento por supuesto) salen kilos y kilos de alimentos en forma de ensaladas, bocadillos, pasteles y bollos, que los voluntarios de Cruz Roja reparten a los sintecho de ciudades como Alicante y Elche. Algunas de estas personas, castigadas por la vida, pueden, vuelvo a la anécdota, hasta cenarse un bocadillo de jamón ibérico, gracias al trabajo que genera ese aeropuerto, el mismo que lleva casi tres meses como un espacio fantasmagórico. Una terminal con cientos de trabajadores en ERTE y sin saber si volverán cuando el aeródromo recupere actividad. Son sólo algunos ejemplos de lo que ha arrasado la pandemia. Cuánta importancia tienen todas esas pequeñas cosas que fueron cayendo y que ahora se echan tanto en falta.

El aeropuerto es una parte del sector turístico provincial, sin duda, pero siendo también realistas y escuchando a los que saben, no es menos cierto de que en el futuro inmediato, el trimestre que arrancará en junio y acabará a final de agosto, la terminal funcionará a medio gas, sobre todo en lo que se refiere a las conexiones y demanda de los vuelos con el Reino Unido donde la situación del covid-19 está más que complicada. Los enlaces con Escandinavia han seguido más o menos activos durante los meses más duros de la pandemia. Parece que a partir de julio se van a activar las conexiones con Alemania y el resto de Europa, pero, a fuerza de no engañarnos, la temporada alta turística se presenta como la más dura desde que en Benidorm liderase la «fiebre del oro turístico» a comienzos de los años 70 del siglo pasado.

Cincuenta veranos después, los meses de julio y agosto, cuando todo el mundo disfruta, o le obligan a cogerse las vacaciones, van a ser raros, muy raros. Los empresarios turísticos de la provincia y sus trabajadores confían en que los españoles puedan mitigar, en parte, la pulmonía que sacude al sector desde mediados de marzo, pero tampoco está tan claro que el mercado nacional pueda tapar tantos agujeros. Aunque el covid-19 no se haya llevado todo por delante, y no todo el mundo haya perdido su trabajo, nadie sabe cómo van a estar los bolsillos y, sobre todo, el ánimo para viajar cuando las facturas siguen llegando y las prioridades pueden ser otras. Parece que hay un sentimiento generalizado de que si este año se sale de vacaciones nadie cruzará -igual ni se puede, ya veremos- la frontera y madrileños, castellano-manchegos, vascos, aragoneses? pero también eldenses, alcoyanos, villeneros? se moverán por España, y las playas de la Costa Blanca están siempre en su agenda. No en vano el 60% del turismo nacional de la provincia llega de las tres provincias de la Comunidad.

Por ello, el sector hotelero está más que preparado con campañas de promoción y medidas que incentiven que la llegada de los españoles. Desde las sanitarias - si la limpieza ha sido siempre un dogma en los establecimientos, hoy la higiene ya es casi exagerada (para bien)-, hasta las que dictan los expertos en marketing, figuras clave hoy para amortiguar la crisis. Nadie duda, y no se puede esconder, que la temporada turística de 2020 está difícil hasta para intentar que se cierre hasta con un empate, pero hay que intentarlo. Los 300.000 trabajadores del sector, desde los empleados de un restaurante bendecido con las estrellas Michelín, hasta los del bar del barrio donde nos tomamos el café y la cerveza, merecen salir adelante y es ahí donde la Administración debe responder.

Los ERTE siguen solución tres meses después del parón y ahora, ya, más que nunca, se necesita que la campaña de promoción anunciada por Turisme sea potente, primero en España, incluida la propia Comunidad Valenciana, y después en el resto de Europa, pero el verano no debe darse todavía por perdido. Llegará el último trimestre, llegará 2021, cuando los gurús ven la luz al final del túnel, pero ahora toca ir, parafraseando al Cholo Simeone, partido a partido y día perdido en julio y agosto no volverá. Con precaución, por supuesto, que el coronavirus llegó para quedarse, como la hipertensión, que también vive entre nosotros. La reapertura parcial de las terrazas y comercios ha dado otra vida a los municipios, sean o no sean turísticos. Pongamos todos de nuestra para que esto no se pare.

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