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Temporada baja en pleno agosto

El gran mes de veraneo arranca con un 40% menos de vuelos a la provincia y de entradas de coches a Benidorm. Los hoteles de la Costa Blanca llegan al 80% de ocupación, pero solo el fin de semana - Hostelería y comercio hablan de pérdidas del 80%

Playa de Levante en Benidorm, una suma de ausencias.

Playa de Levante en Benidorm, una suma de ausencias. David Revenga

El mes de agosto de 2020 debería durar 60 días para conseguir parecerse al del año pasado. La pandemia, la incertidumbre y la política exterior lo han talado por la mitad. El resultado es que no habrá fotos de playas llenas, atascos interminables, puertas de embarque a reventar, calles saturadas y festivales masivos, sino capturas de un estío de circunstancias donde falta más de la mitad de la gente que hace famoso el agosto alicantino. Hacemos un recorrido por los puntos de la provincia que confirman que el nuevo verano se parece a una buena temporada baja.

Se hunden los viajes

Hace justo un año, el aeropuerto de El Altet exhibía el músculo que le hace estar entre los primeros aeropuertos de España. Pero ayer, primero de agosto, la confusión de megafonía, trolleys y chanclas rebotando contra el mármol de la terminal fue, como mínimo, un 40% menos intensa. «El año pasado hubo 358 vuelos de media cada día de agosto. Para el sábado hay previstos 218 y 215 para el domingo», informaba el viernes una fuente de Aena.

Aunque de entrada «no es un mal dato», es información incompleta, ya que «falta por saber cuántos pasajeros trae cada avión», matizaron desde la gestora de aeropuertos. En efecto, las aerolíneas también tratan de amortiguar la crisis y es posible que muchas de ellas estén funcionando con escasa demanda para minimizar las pérdidas. El año pasado, los turistas aterrizaban mentalmente un rato después que el avión, cuando una mano les alargaba los tickets descuento de un parque acuático tras recoger las maletas. Ayer, el regalo vino después de la toma de conciencia: personal con mascarilla y sensores de temperatura les recordaban que ellos estaban de vacaciones pero el virus no. Proporcionalmente, Aena ha reforzado con más personal el control de llegadas que el de salidas.

También la terminal es más seria este año. Hay omnipresencia de adhesivos que recuerdan la distancia de seguridad y geles hidroalcohólicos y varias tiendas que siguen sin ver claro la rentabilidad de esta temporada y permanecen con la persiana bajada. La seguridad filtra a la gente para que reciba o despida en el exterior del recinto para minimizar el tránsito.

Las carreteras dicen que hay paso pero poca estancia. La A-7, costura principal del mediterráneo español, no transporta este agosto a los miles de vehículos hacia el norte de África como suele hacer, ya que las fronteras con Marruecos y Argelia permanecen cerradas. Este verano hay, según el organismo de tráfico de Interior, un 23% menos de coches con destino u origen en las fronteras españolas. Según la DGT, en la Comunidad Valenciana se ha registrado en julio un 6,13% menos de tráfico que el año pasado, pero las entradas a la capital de la Costa Blanca han caído drásticamente pese a que ya no hay que pagar peaje. La A-7 es una autopista liberalizada desde principios de año.

«No se nota que la autopista es gratis. Creo que tengo más coches en la rotonda de entrada a Benidorm cuando salen los colegios en invierno que ahora». Joserra González, concejal de Movilidad en la capital turística, resumía así de gráficamente qué ha sido este año de los atascos de entrada a la ciudad del verano sin fin.

En la rotonda que canaliza las entradas desde la A-7 hacia la playa de Levante, antiguo punto de colapso por el peaje, el tráfico del mes de junio ha sido un 43% menor que el año pasado. «Hemos pasado de 715.289 vehículos a 407.816», explicó el edil. En el principal nudo de entrada desde la N-332, la diferencia de entradas de coches entre el mes de junio de 2019 y el de este año fue del 40%.

«En 2019 hubo 327.710 vehículos y ahora 195.527», lee en una hoja de cálculo el concejal González, que diseña las operaciones de tráfico urbano de este primer fin de semana de agosto con estas cifras. «Los descensos son muy significativos», zanja.

El verano menos típico

La sensación de que hay más espacio este agosto acompaña al visitante hasta la misma puerta del hotel. Un 35% de los establecimientos de la Costa Blanca ha decidido no jugar la partida de la covid-19 y permanece cerrado. Entre ellos «se encuentran verdaderos emblemas del turismo». «Son muchos los que no lo han visto claro», contaba ayer el presidente de la patronal hotelera Hosbec, Toni Mayor.

Los empresarios que sí han quitado el polvo de los mostradores tendrán sensaciones de verdadero verano, pero durante un par de días y solo si no salen del hall. «Entre los que han abierto, este primer fin de semana está ocupado en un 80%, pero de lunes a viernes ya nos movemos alrededor el 50% de reservas», explica el portavoz de los hoteleros. En el nuevo estío todo cambia muy rápido y es difícil hacer números. La imprevista cuarentena a los turistas impuesta hace días por Reino Unido ha dejado coja a la provincia, especialmente al enclave británico que es Benidorm.

La más pintoresca, ruidosa y polémica de sus tres zonas, la zona guiri de Levante, está medio vacía. El casco histórico y Poniente, donde se mueve el turismo nacional y residencial, luce con un aspecto más propio de estas fechas. «Allí está todo normal, con restaurantes y terrazas llenos. Es por Rincón de Loix donde se nota que hay muchas menos plazas», señala Mayor.

El paisaje tiene fondo pero falta contenido. Las playas, normalmente atestadas y hoy parceladas por seguridad, parecen seguir esperando a que empiece el verano en serio y exhiben espacio libre como para alojar a otras dos tandas de bañistas. «Viene mucho turismo nacional pero solo tres o cuatro días, para desconfinarse y ya. Hay mucha incertidumbre todavía, mucha gente en ERTE », explica el empresario.

En Benidorm, el turno de noche empieza raro y acaba pronto. «El miércoles empecé a las once y me volví a casa a las tres y media de la mañana, después de hacer tres servicios. Un agosto normal acabas a las ocho, cuando cierra la zona guiri, y no paras en toda la noche», explica José Antonio Gómez, presidente de la asociación que representa a la práctica totalidad de los taxistas de la ciudad. De 9.000 llamadas diarias que podía recoger la emisora un día de agosto normal, ahora entra un millar. De 150 reservas semanales para ir del aeropuerto a la ciudad o viceversa con las que suelen contar, ahora hay seis o siete. Los taxis, que recorrían las tres zonas de Benidorm en turnos dobles o triples cada día, reciben agosto trabajando la mitad de la semana y un máximo de ocho horas por jornada.

Sin tiendas en Alicante y Villena

Que la pandemia ha vaciado el contenido del paisaje provincial es también evidente en la capital de la provincia. Las calles han perdido viandantes y también tiendas y restaurantes de los bajos de los edificios. Francisco Rovira, secretario general de la federación de pequeños comerciantes de la provincia, Facpyme, detecta los huecos en la calle San Francisco, esa vía peatonal y tematizada que lleva unos cuantos años llevando a los turistas del casco histórico al núcleo comercial alicantino entre un reguero de comercios y tascas. «Hay un problema importante en los locales: hay muchos carteles de se alquila o se traspasa, cualquiera que se pasee por el centro lo ve», asegura. Han desaparecido tiendas, ayer solventes, del entorno de Maisonnave y en el centro tradicional «que no han superado el estado de alarma y la reapertura».

Lo único que dice que es uno de agosto a los dueños de restaurantes, bares y cafeterías de la ciudad es el termómetro y el calendario. «Hay un 80% menos de todo, de gente y de facturación», resuelve con un trazo grueso que es casi un tachón la gerente de la asociación provincial de hosteleros, Apeha, Emi Ortiz. Y eso a pesar de que «los empresarios se han preparado y formado en prevención y sanidad y están listos», asegura, invitando al desconfinado desconfiado a reencontrarse con la ciudad de vacaciones.

Tampoco hay tiendas -de campaña- en los alrededores del campo de fútbol de Villena. En este arranque de agosto no hay peregrinación para ir al Leyendas del Rock. Ahora, el lugar es lo que es el resto del año: un descampado.

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