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El Ayuntamiento era lo de enfrente

La exalcaldesa salpica de speechs su declaración por corrupción y, pese a anunciar que no va a testificar sobre las escuchas, entra al trapo del fiscal

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Tantos años yendo al Ayuntamiento que ayer, claro, se equivocó. Creía Sonia Castedo que seguía en el Consistorio, ocupando el sillón de la Alcaldía, cuando en realidad se encontraba al otro lado de la plaza, justo en el edificio de enfrente, sentada en el banquillo de los acusados.

Y tampoco era a la oposición a la que dirigía sus speechs, pese a que la puesta en escena resultara similar a la que acostumbraba a desplegar en las sesiones plenarias. Lo hacía al fiscal Felipe Briones, que le pide diez años de cárcel por tres delitos de corrupción.

Después de una temporada larga alejada de la vida pública (la exalcaldesa dimitió en diciembre de 2014) ayer, en la sala de vistas de la Audiencia que acoge el juicio por los presuntos amaños del PGOU de Alicante, volvió el personaje que tantos ríos de tinta hizo correr durante su carrera política, sobre todo en la recta final.

Respondió con desparpajo al acusador público, sin pelos en la lengua, como tenía por costumbre. Y hasta fue más allá como cuando, a la pregunta de si se levantaba acta de los encuentros que mantenía con el redactor del PGOU y el empresario Enrique Ortiz, también encausado por estos hechos, le espetó a Briones si lo hacían los fiscales cuando se reunían ellos. Salida de tono que dejó pasar un tribunal presidido por la magistrada Montserrat Navarro al que se le podrá achacar cualquier cosa menos de falta de permisividad.

Aparentando una seguridad que desmentía la tensión de su rostro, Castedo, sin quererlo, le dio una alegría al fiscal para desespero del resto de acusados. Después de que en la sesión anterior la negativa de Ortiz a declarar sobre las intervenciones telefónicas dejara a Briones descolocado con un interrogatorio del que el empresario salió más que airoso, ayer la exalcaldesa anunció lo mismo pero, a diferencia del promotor, entró a todos los trapos que le iba poniendo delante el fiscal. Es su carácter.

Así, sin querer testificar acerca de los pinchazos (aunque ya lo hiciera en el Tribunal Superior allá por el 2012) lo fue haciendo (de las parcelas pintadas de azul, del plano que le dio al empresario, aunque no era del PGOU, precisó ...) mientras sus compañeros de banquillo se miraban, movían la cabeza, se removían en sus asientos y, en caso concreto de Ortiz, destrozaba a dentelladas bajo la mascarilla el chicle que tenía entre sus fauces.

Si tras la comparencia del empresario la percepción generalizada era que la acusación pública había encajado un gol por la escuadra, con el partido de ayer las defensas perdieron esa ventaja. Y eso que el abogado del promotor, Francisco Ruiz Marco, saltó al terreno de juego para hacer un trabajo de orfebre. Cuestionó a la exalcaldesa por todo aquello que Briones «olvidó» preguntar y, para que no hubiera dudas, tiró de documentación y se la ofreció en bandeja al tribunal.

No le echó cuentas la exprimera edil al abogado de la casa que dirigió durante seis años, acusación particular en este proceso. Y eso que su alegato final, cuando proclamó a los cuatro vientos que a Ortiz jamás le dio nada, ni ilegal ni tampoco legal (sic), tenía más reminiscencias de su pasado municipal que de su presente judicial.

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