Alicante volvió ayer a los plenos telemáticos. Lo hizo después de varias sesiones presenciales durante este verano. Sin embargo, el bipartito liderado por Luis Barcala decidió regresar a las sesiones frente al ordenador tras un oportuno informe del jefe de los Servicios Médicos en el que se alertaba de que en las sesiones presenciales celebradas desde mediados de julio en Alicante no se había cumplido la distancia de seguridad pese a que se colocaron mesas supletorias para ganar espacio en el Salón de Plenos. En otros grandes municipios, como Elche, el Ayuntamiento ha optado por cambiar de ubicación temporal las sesiones para mantener la presencialidad. Allí se celebran en el Centro de Congresos. Aquí, no. No es poder (en Alicante hay dependencias suficientes, desde el hall del Edificio Séneca al ADDA), es voluntad política. Aquí se eligió volver a celebrar los plenos mirando a la cámara. Eso quien la enciende. No son pocos los concejales que ni conectan el artilugio durante las horas que se prolonga el pleno. Nadie sabe qué hacen. A las cámaras permanentemente apagadas y a las sospechosas bocanadas de humo en concejales que siguen el pleno desde dependencias municipales, se suman los retrasos continuos en unas votaciones que se hacen eternas. Y no solo porque se vote de uno a uno, y no en bloque como en las sesiones presenciales, sino porque en demasiadas ocasiones Barcala tiene que volver a dar el turno de palabra ya que a la primera la respuesta es el silencio absoluto. Se suele culpar a la técnica, es el recurso fácil, pero suelen ser siempre los mismos. Mucha casualidad. Otros, sin embargo, no fallan en ninguna votación. Será que sus ordenadores están a la última.

Los hay también que no saben ni por dónde se va. Una de ellas fue la vicealcaldesa, Mari Carmen Sánchez (Ciudadanos), que ayer ni disimuló. Después de que el alcalde le diera pie a que votara, el silencio se apoderó de la retransmisión... Veinte eternos segundos. Entonces, alterada, apareció Sánchez: «Disculpen, ¿qué estamos votando? Me he, me he...». Sí, se había perdido. Ayer fue la primera, y nada más arrancar la jornada, pero tampoco es excepcional en los plenos telemáticos, donde se evidencia la falta de atención que no pocos ediles prestan a las sesiones durante su desarrollo, liberados por la ausencia de «testigos».

De bloques

Durante las cinco horas largas que se prolongó el pleno se volvió a la política de bloques. Apenas hubo espacio para votaciones diferentes. En la mayoría de los puntos, salvo excepciones, la derecha votó junta y la izquierda, también. De hecho, el bloque conservador volvió a utilizar el pleno para poner deberes a otras administraciones: al Gobierno central y a la Generalitat. Aunque, para ese objetivo, no dudara en evidenciar incapacidad propia en la gestión a nivel municipal. El bipartito, por ejemplo, promovió que el Consell asuma el sobrecoste por el covid en la limpieza de colegios, lo que sirvió para que la bancada progresista recordase las mil y una desventuras del servicio, que lleva prorrogado desde febrero –y que así seguirá una larga etapa tras retirarse el pliego de licitación después de tres recursos presentados– y que ha sido investigado por supuestas irregularidades en la prestación.

La derecha también evidenció ser un bloque para reclamar al Gobierno de Sánchez y al de Puig que «lleven a cabo las reformas legales necesarias para luchar contra la ocupación ilegal, garantizar la convivencia vecinal y la seguridad ciudadana». En la defensa, se dijeron muchas cifras, pero ninguna concreta de Alicante. La unidad sirvió además para calificar como «excesivas» las medidas restrictivas hacia la hostelería, aunque luego se rompió a la hora de instar al Consell a eliminarlas. En este debate, cosas de la tecnología, el presidente de la Asociación de Locales de Restauración y Ocio de Alicante (Alroa), Francisco Javier Galdeano, habló pero nadie -fuera de la Corporación- le pudo escuchar. Cosas del directo telemático.

La derecha también se mantuvo necesariamente junta para sacar adelante cambios en la fiscalidad (deducciones en el IBI, el IAE y el ICIO) y para reprobar, a petición de Vox, al edil Rafael Mas (Compromís), por un mensaje en redes sociales (que fue borrado) en el que criticaba el belén gigante promovido por Manuel Jiménez a través de un fotomontaje de imágenes religiosas que iban en autobús para «reforzar» el Nacimiento.

El acuerdo, en cambio, fue total para respaldar el Pacto Antitransfuguismo, que no fue más que papel mojado recientemente en la Torre de les Maçanes, donde el PP recuperó la Alcaldía gracias a una tránsfuga socialista. En este punto se rescató un asunto que saca lo peor de Barcala, cuando se le recordó su llegada a la Alcaldía gracias a una tránsfuga «ex» de Guanyar. El alcalde saltó como era previsible, quien permaneció callado fue el concejal y presidente de la Diputación, Carlos Mazón, que ni en asuntos que señalan directamente al partido (PP) que dirige en la provincia toma la palabra.

Con todo, hubo acuerdos unánimes (o casi). Como el que permitirá que los sindicalistas José de la Casa -de CC OO y ya fallecido- y Javier Cabo -de UGT y enfermo de ELA- sean nombrados hijos predilectos de la ciudad de Alicante. Ahí no se escucharon aplausos entre los concejales. Sí los hubo en otros momentos del pleno, y eso que no fue una sesión para grabar.