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Análisis

Puig frustra la estrategia del PSOE de Alicante

La decisión del líder socialista de que su partido «favorezca» desde la oposición la aprobación de los presupuestos a nivel municipal obliga a Sanguino a cambiar de táctica tras un arranque de mandato con la crítica centrada en Barcala

El portavoz municipal del  PSOE, Francesc Sanguino,  observa al jefe del Consell,  Ximo Puig, en un acto en la  ciudad de  Alicante.

El portavoz municipal del PSOE, Francesc Sanguino, observa al jefe del Consell, Ximo Puig, en un acto en la ciudad de Alicante.

Tras casi un año y medio de mandato municipal, no son pocos los movimientos de los socialistas alicantinos que siguen sorprendiendo. Cada semana toca algo desconcertante. Sin embargo, en este tiempo, ha habido una estrategia evidente: la de confrontación con el alcalde, Luis Barcala (PP). Desde el primer día, el portavoz municipal socialista, Francesc Sanguino, ha optado por centrar su crítica casi con exclusividad en el regidor, pese a que el gobierno local se compone de dos socios.

En la primera votación trascendente del mandato, el PSOE (como el resto de la izquierda) votó en contra en la aprobación definitiva del Presupuesto de 2020, y eso que en la votación inicial se posicionó en la abstención como «gesto» -dijeron- de buena voluntad. El «no» a las cuentas de 2020 se produjo en un contexto insólito: en pleno estado de alarma por el coronavirus. Ni esa extraordinaria situación evitó el rechazo socialista a los primeros Presupuestos del bipartito de Alicante. Apenas dos meses después, llegó otro «no» sonado: los socialistas (al igual que los otros dos grupos de la bancada progresista) se opusieron a la cancelación de la deuda municipal. En ambos casos, Barcala salvó los muebles gracias a los ultras de Vox. Esa estrategia frentista también ha llevado a los socialistas a acudir a la Fiscalía, al Síndic y a los juzgados por la gestión de los plenos realizada por Barcala, al que acusan de «secuestrar» el debate político. No parecen los mejores amigos, no.

Con Ciudadanos, pese a ser también socio del bipartito, las relaciones son otras. Con el trasfondo de los coqueteos a otros niveles entre ambas formaciones (que avivan las ilusiones de Sanguino de alcanzar la Alcaldía durante este mandato), un pacto con luz, taquígrafos y foto entre el PSOE y la formación naranja -que no gustó en Alcaldía- abrió la puerta a la aprobación más que holgada del Catálogo de Protecciones. En este caso, en una negociación encabezada por Cs, el voto de los ultras de Vox fue intrascendente. Ése ha sido el acuerdo más sonado entre ambas formaciones en este último año y medio, aunque no el único: también ha habido gestos en áreas como Igualdad. Movimientos vistos con recelos desde la planta más noble del Ayuntamiento, en la que se ubica el despacho de Barcala.

Este definido escenario en el Consistorio entre el bipartito y el PSOE, sin embargo, ha saltado por los aires esta misma semana, cuando el presidente de la Generalitat y secretario general del PSPV, Ximo Puig, montó un acto en Alicante para anunciar que su partido, en las administraciones en las que purga en la oposición, debe «facilitar» la aprobación de los presupuestos de 2021. Dos instituciones destacan entre las de mayor peso: la Diputación y el Ayuntamiento de Alicante. Esa maniobra de Puig, que busca su propio beneficio pese a que se enmarque en un relato de promover la «unidad política» frente a la crisis del covid, ha hecho saltar por los aires lo poco que estaba claro en la estrategia muchas veces imprevista de los socialistas en Alicante. El enfrentamiento con Barcala ya no toca. De repente. De un día para otro. Sin más argumento que la orden directa del jefe supremo. Socialistas alicantinos dudan de que -vistos sus más recientes antecedentes a nivel orgánico en Alicante- a Puig le inquieten los daños colaterales de un anuncio que presenció, desde primera línea, Sanguino, quien tuvo que salir de inmediato con un discurso que estrenaba para la ocasión: «Es el momento de abandonar el partidismo y defender alianzas que supongan el beneficio global». Eso fue el lunes. El viernes ya parecía rendido al bipartito tras una reunión de trámite para negociar un ajuste en el Presupuesto de 2020 con el que dotar de liquidez a partidas sociales y de ayudas a empresas: «Valoramos positivamente la actitud dialogante del equipo de gobierno». Y todo apunta a que ese acercamiento seguirá, al menos, hasta que el Presupuesto de 2021 se apruebe, para lo que Barcala no parece que vaya a tener que ceder a ninguna exigencia de Vox. Entre la incredulidad del resto de la izquierda, Puig ya le ha puesto la alfombra de gala.

Así lo admiten entre las filas socialistas de Alicante, donde no niegan que la decisión del «president» les obliga a cambiar el paso. Tras un año y medio de frente contra Barcala, que prosiguió inamovible pese a estallar la crisis por el covid, ahora toca «tender la mano» a quien les arrebató la Alcaldía -de forma «ilegítima, según proclamaban entonces los socialistas- hace apenas dos años. Eso sí, dicen que no será a cambio de nada. Que algo deben conseguir a cambio en las cuentas de 2021. Se verá, pero la orden de Puig es, en esta ocasión, precisa, no atiende a condiciones.

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