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Agricultura detecta la entrada de la plaga de cotonet en la provincia, que amenaza al 80% de los cítricos

El Consell descubre en la Marina Alta y la Vega Baja la cochinilla que llegó desde Sudáfrica - Elche contará con un insectario para criar depredadores - Agricultura dará ayudas para replantar almendros tras frenar la Xylella

Un agricultor supervisa el calibre de los limones en una explotación agrícola de la Vega Baja.

Un agricultor supervisa el calibre de los limones en una explotación agrícola de la Vega Baja.

El aumento de las temperaturas provocado por el cambio climático ha acelerado la aparición de plagas letales para la agricultura de la Comunidad Valenciana. Las nuevas especies son más agresivas que sus propias depredadoras y, además, se reproducen más rápidamente. El calentamiento y la «importación» de cochinillas e insectos varios de países terceros han provocado la aparición y propagación de plagas, que amenazan con acabar, por ejemplo, con los almendros, olivos, cítricos o manzanos de la provincia de Alicante.

Con el problema de la Xylella Fastidiosa en vías de solución tras la autorización del Ministerio de Agricultura para que comience la replantación de almendros, que contará con ayudas del Consell, tres son las plagas que más preocupan a los agricultores y a la Conselleria de Agricultura en estos momentos. La pulvinaria -100 hectáreas afectadas, según Agricultura-, la «tripa de la orquídea», y, sobre todo, el letal cotonet, que llegó a la Comunidad Valenciana por una importación de cítricos desde Sudáfrica. Los técnicos tienen comprobado que en las parcelas afectadas por cotonet este puede acabar con el 80% de la producción de naranjas y limones, al deformar el fruto y hacerlo complamente inservible, según apunta Roger Llanes, director general de Agricultura.

Se trata de una cochinilla que descansa en el suelo, emboscada entre la hojarasca, y sube después por el tronco de los árboles hasta instalarse en el fruto. «El problema es que es muy difícil de detectar por el agricultor y se traslada, además, con facilidad, pues hemos comprobado que se mueve en las cajas de la fruta o en la propia ropa», explica Llanes.

El Senado ha aprobado esta semana instar al Gobierno a que habilite ayudas contra la plaga del cotonet, la que más amenaza en estos momentos a las 159.248 hectáreas dedicadas a los cítricos en la Comunidad Valenciana, el 54% del total de la superficie española centrada en el cultivo de naranjas, mandarina y limones, estos últimos mayoritarios en el sur de la provincia.

La expansión de esta plaga letal es, ahora mismo, el principal problema en la agricultura por el peso específico que tiene en el sector primario y la propia economía. Hasta ahora su combate era complicado porque la UE tiene prohibido el uso de pesticidas como el clorpirífos, pero los investigadores de la Conselleria de Agricultura han logrado, junto a investigadores de la Universidad Politécnica de Valencia, nuevas estrategias para combatir el problema. «En un primer lugar, vamos a continuar con la lucha convencional utilizando otro tipo de compuestos químicos, que son caros y tampoco sabemos exactamente si su eficacia será real, pero se ha avanzado mucho en la lucha biológica», subraya Llanes. En este sentido, dos son las actuaciones que se van a poner en marcha. Por un lado -explica Llanes- el trampeo. «Se atrae a los machos con feromonas a zonas donde luego los matamos con veneno o ahogándolos con agua. Por otro lado, está la lucha biológica clásica y para ello viajamos incluso hasta Sudáfrica, desde donde llegó el cotonet. Allí encontramos una avispilla que se pincha e introduce en las crías del cotonet que acaba comiéndolas».

Tras recibir el permiso del ministerio para la suelta de los parasitoides, la conselleria ha habilitado insectarios en Almazora, Silla, y va a construir uno nuevo en la estación experimental del Ivia de Elche. «La intención es criar los insectos de forma autóctona para luego soltarlos en las fincas», aseveró Llanes.

Trabajo contrarreloj

El Instituto Valenciano de la Investigación Agraria y entidades de toda España se han puesto las pilas y trabajan, casi a contrarreloj, para mitigar los efectos de las plagas, porque se ha demostrado que el cambio climático rompe el equilibrio biológico al fortalecer, incluso, a estos insectos frente a otros que actuaban como fitosanitarios. Es decir, que el calentamiento está debilitando a los que velan por el equilibrio agrícola y fortalece a los que buscan destruirlo. La situación es grave: estudios internacionales alertan de que por cada grado de aumento de las temperaturas pueden producirse mermas de entre el 10% y el 25% en las cosechas, dependiendo de las zonas.

La razón es que el calentamiento del clima provoca también el cambio de metabolismo de los insectos, favoreciendo su reproducción y una mayor agresividad. De momento, cítricos y manzanos son los más afectados, junto a los almendros y los olivos, machacados por la Xylella fastidiosa.

Las temperaturas promedio han aumentado en 0,8 grados desde principios del siglo XX. Para finales del siglo XXI se prevé un aumento adicional de casi tres grados para la temporada estival en la cuenca mediterránea. Y los insectos se ven afectados por la variación de la temperatura ambiente.

En los últimos años se ha comprobado cómo algunas especies de climas tropicales están ampliando su expansión debido a este cambio climático. En este sentido, se prevé que especies altamente adaptadas a condiciones áridas (altas temperaturas y bajas humedades) aumenten su presencia en Alicante en los próximos años. El ejemplo más claro es la araña roja, que aumentará su incidencia en los cítricos a medida que suban las temperaturas. La araña roja es una de las muchas variantes de ácaros que se alimentan de plantas en ambientes secos.

Jorge Olcina, climatólogo y presidente de la Asociación Española de Geógrafos, apunta, que el cambio climático va a suponer transformaciones, principalmente, en los ciclos vegetativos, de los cultivos españoles. En los últimos veinte años ya se están notando cambios en las fechas de recolección de algunos cultivos, como la vid, que se habría adelantado como media de diez días desde 2000.

LA UNIÓ PIDE UN AUMENTO DEL CONTROL SOBRE LAS EXPORTACIONES DESDE OTROS PAÍSES


Sanidad rechazó 164 envíos en septiembre, mientras que en lo que va de año ya se han echado para atrás 204


La Unió de Llauradors ha comprobado esta semana que el bloqueo en la Unión Europea a cítricos procedentes de terceros países por presencia de plagas volvieron a subir un 24% en septiembre. En el mismo mes de 2019 se habían echado atrás un total de 164 envíos, mientras que en el actual ya llevamos 204. El mayor crecimiento se produce con la mercancía retirada de Argentina. Un total de 139 partidas rechazadas este año por 21 el anterior, lo que supone un aumento del 562%. Pese a tener suspendidas sus exportaciones a la UE, desde el 15 de agosto hasta el 30 de abril de 2021, en el mes de septiembre todavía se detectaron cuatro envíos rechazados procedentes de Argentina. Brasil también pasa de un rechazo en 2019 a los cuatro que se contabilizaban hasta septiembre de éste y Uruguay ya lleva 14 este año. «Todos estos datos ponen de manifiesto el grave peligro que supone la firma del acuerdo comercial de la UE con Mercosur, pendiente de ratificación, para la citricultura europea por el problema de las plagas», subraya la Unió.

El bloqueo a Sudáfrica ha descendido de las 34 partidas en 2019 a las 18, aunque todos ellos de la temible polilla «Thaumatotibia leucotreta», cuya entrada sería catastrófica para nuestra citricultura y que se une a otros hongos encontrados en los envíos tan peligrosos como el «Phyllosctita citricarpa», que causa la temida Mancha Negra de los cítricos o la bacteria «Xanthomonas», que origina el Cancro de los cítricos.

La Unió insiste en que la CE efectúe rigurosas auditorías fitosanitarias en todos aquellos países que no puedan garantizar la salida de cítricos sin plagas y suspender las importaciones, si no se dan las garantías adecuadas de riesgo mínimo. La organización exige la implantación de un criterio de inspección única en origen para todos los países terceros y que las importaciones entren por pocos puertos de la Unión Europea, tres como máximo.

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